Persus Diógenes Nibaes Morrizon, Antipoeta, Cuentista, Novelista.

Friday, February 08, 2008

De Sueños o las Cuerdas de la Realidad Componen mi Canción

Bienvenido al Club de los que escriben sus sueños; dijo mi HadaMadrina más allá de los Andes y Pampa, Amazonía y Atlántida, Sahara y Mares y Montañas.Vine a escribir lo que sueño y cuando le conté este sueño a mi Vieja dijo que había terminado de volverme loco. Soñé que vivía con dos mujeres en una enorme Casa de Madera y las dos se enamoraban de mi y fornicábamos humo y canciones besaban nuestra piel y atrás del cuello, con velas que susurraban una suave estela de guitarra y piano.Soñé que acariciaba un par de piernas largas de un cuerpo de mujer que no mostraba su cara y en menos de lo que canta un gallo, se cumplió.Soñé que aviones negros y planos, invisibles golpeaban burbujas gigantes en el cielo y entrábamos a la casa de mi madrina por la ventana antes que el mundo vaya a caer.Soñé que ella tenía su anillo de madera y que los Pacos le pegaban a los Punkies y había que correr, que estaba envuelta en sábanas blancas y luminosas en la penumbra, bañada en semen de otro Corcel.Soñé que Miguel venía a verme a Alerce y estábamos en una casa sucia como sus pulmones enfermaron después.Soñé que un ViejoGranBrujo dentro de un volcán de fuego me investía con su enorme espada no sé que, junto a mí, crecían dos grandes monstruos como demonios, me dijo, ahora tienes más poder pero doble esfuerzo tienes que hacer. Con cada brazo sujeté a los MonstruosComoDemonios, Balrogs se llaman en otros libros, que crecían rodeados de fuego y humo, fuego y humo y chispas y calor y volcán ardiendo y azufre y fuego.Asustado por las cosas que soñaba, Comencé a escribir cuando desperté, mas no todo esta en sueños, mas hay cosas que están en otras cuerdas y en otras notas y en otros versos. Mas en estos sueños están las partituras que compone la canción de mi realidad.

Persus Nibaes
Osorno
30012008

MujerÁngel o Quimera

Vamos donde quieras, dijo y fuimos y debo confesar que no había terminado de crecerDe su belleza, uff, puedo decir que es un Ángel y mostró fotos de todo su cuerpo desnudo y blanco y sin marcas para que la Inquisición no la queme en la hoguera así piel y olor y formas de Ángel.Bueno, la historia es que ella despierta en mi, pasiones que llevan a escribir esto cuando no la extraño porque nunca le he tenido, pero la deseo con todo mi morbo y libido.Ella entró y se sentó en la cama mirando la ventana pensativa yo entré y esto es una violación pensé que por esto podían llevarme a la Cana. Pero no importa, la cosa es que la desnudé sin preguntarle y sin que ella comprendiera lo que pasaba, pero se dejó por que así tiene que ser y le besé los pechos y lamí su cintura perfecta, suave salinidad de seda y blanca como la carne de leche si fuera carne cuando es nata.Llegué a sus piernas, lascivo encuentro, muñeca, mal que no dure para siempre instante perfecto.Hasta observé que su calzón con florcitas estaba húmedo y ahí dentro, donde soñamos todos los hombres dejar el vuelto. Correr el velo y quedarse dentro.¿Que es esto de poseer una mujer que me quite el aliento y no es lo mismo que estar solo y no es lo mismo una mujer a quinientas?La cosa es que metí mi lengua en la Flor Divina y bebí del néctar de vida, de la mejor flor que ha aparecido en la Tierra, camina piensa da hijos amanta espera.Mejor flor del Paraíso y como no beberla y quedarse en el Eden a ocultar mi morbo, si quiero bajar ese calzoncito y saborear con la boca lo que no se come y con la lengua lo que no se masca fuerte sino suavemente sin que duela.La poseí por vez primera éxtasis aquella primavera, gemidos, pechos caderas, que vasto mundo por conquistar sin que el tiempo pase sin que el viento quiera.En esta edad que llevo mi morbo es más fuerte que yo y no tengo impunidad para no contar lo que le dijo a la cabecera. Nos fuimos muchas veces como corresponde a un Corcel que se alimenta de avena, mas si todo fuera, si esta MujerÁngel con sus gemidos, sanara mis cabezas y viniera…Y no fuera sólo en mi cabeza una Quimera...

ViudaBlanca

Está presente un calor silencioso de vacío y LunaLlena
vacuidad intensa de lágrimas nada escapa al frío eterno entre los huesos
Nada es más vacío que este calor insomne humedad
Así observé los espirales apretados de la ViudaBlanca profunda experiencia de los sentidos
Vaciar formas múltiples de pensarDesperté hambriento de mi viaje fantasma por dentro de mí, nada más longevo que el vacío vegetalViudaBlanca entró en mis pulmones, sangre resinosa lentamente reaccionéNo es que entré al tiempo y su fluido se detenga, aprendí a esperar el tiempo avanzando fuera de él
¿Como explicar en palabras lo que es vacío del tiempo?¿Como hacer un poema a esta mujer vestida de hierbas?ViudaBlanca apretada y flaca su vestidura quemaba lentamente en papel,sensación extraña sin nombre, vacío eterno sin explicar palabras lo que es de mente y cuerpoMente explora profundidad de pensamiento y los sentidos se agudizan a la vez, ViudaBlanca, como todo está en la mente, puerta abierta al infinito del saber.
Persus Nibaes
Osorno
30012008

Wednesday, February 06, 2008

Opereta de tu Desaparición o ¿Qué hago sin ti? o Residuos Nucleares

¿Como hablarte sin que exploten los Volcanes Sintéticos y Radiactivos?
Sol fue y llegó calor oscuro cubriendo de LluviaÁcida las pampas
¿Como ver más allá de las estrellas en tu piel fosforescente?
¿Quien me salva de la Caza de Ballenas?
¿Quien toma de mí mis Órganos para transfusión
¿Quien me vuelve hombre dentro de ti?

Ahora es como si LunaLlena fueras tu vientre sedoso
En ausencia de tu voooooz

(Se escucha un Coro de Sopranos y Contraltos)

¿Quien me escucha quien me rescatará?
¿Quien será el Hada de Noche quien Pincoya quien Soooool?

(Se escucha un sonido bajo como de Tuba y Tambores)

Ahora todo es oscuridad de Smog que no es oscuridad de noche sino de contaminación
Ahora todo suena en mii

¿Tú me escuchas?

¿No estas ahora para mí?
¿Vendrás cuando el Rahue llore su basura?

Bandurrias mueran atoradas de pilas y más alláááááááááááááááá
Tortugas atoradas de bolsas plásticas creyendo que son Medusas para comer

(Se Escucha un violín y Guitarra en arpegio)

¿Quien viene quien toma de mííííííííí?
¿Quien va a olvidar las heridas de la noche?
Mañanas y más alláááááááááááááááá


¿Quien me va a salvar del Holocausto y Residuos Nucleares?

Si te vas

Esta noche veo dentro de ti detrás del Sol no hay oscuridad

Comienza el día otra veeeez
y cada vuelta más rápido serááááááá el Atardecer

Siento que el tiempo avanza más rápido que ayer
Rápido más rápido, cada mañana siento que la viví ayer

Como detener el tiempo en ti
Y hacerte fuerte y siempre así
¿Quien puede ver quien puede oír?
Mundo de sordos y ciegos pensando todo el día en Dinero y Riqueza y no olvido que los Alerces tenían miles de años y los quemaron para nada.


¿Quien va a venir por mí otra vez si Jesús nacerá todo deforme por los pesticidas del Valle del Elquí?

¿Quien va a escuchar mi Opereta de tu Desaparición si las palabras de la pantalla no suenan?

(Tu voz se escucha en la oscuridad y se detiene en mí)

Eco que hace una imagen de tu luz que brilla en mí

(Como el cerebro de un murciélago, repite el Coro)

¿Quien me sanará de mi Pulmón?

¿Quien me guiara más allá del Basural?

¿Quien será fuerte en la tristeza que siento por qué las aguas de Calbuco están enfermas y estancadas?

¿Quien me va ayudar a olvidar de ahora en adelante la pena que siento no sólo porque te hayas ido sino por Pingüinos y Coral?


¿Quien si esa voz no la escucho, porque todo el día micros y autos?

No la escucho por que es tenue
La siento en mi cabeza adentro palpitar

¿Quien me va a sanaaaaaaaaaaaaaaaaaaar?

¿Por qué el computador no deja alargar las palabras?

¿Quien me va a sanaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaar?


(Se retira el Coro y el solista seca sus lágrimas y se da cuenta que nadie estaba tras el telón, ella se había ido…Nadie aplaude, se van todos al Bar El Toly a pasar las penas…Yo formateo el computador…la Antártica se derrite cada segundo con este calor…)

Sangre de Grado

En el fondo del vaso que me regaló el Papá de Miguel en Pudahuel
Estaba el jugo del poder de sanar pulmones
De sanar de la cabeza al loco que canta
Era como todas las hierbas
Ángel que nace de la tierra
Con cinco gotas de Sangre de Grado curaban la ansiedad por respirar.

Sordo

Viento se aleja con las hojas de las ideas que cayeron esa noche de verano
El semen en mi mano escaseaba noche a noche en soledad
Caracola dijo que vendrían días de hambre y locura por no escuchar por no escuchar
Más allá de las Montañas más allá del Sol
Veo tus ojos en la niebla veo lo que hiciste venir
Espasmos de locura y hambre
Hambre de hambre por enfermedad
Hambre de alma por no saber escuchar
Por no querer escuchar.

Thursday, January 24, 2008

La Floresta, capítulo II, "Por la cinta de Moebius"

La nave se demoró menos de tres horas en llegar a su destino, viajando sobre una cinta de Möebius construida en el espacio con energía centrifuga, podía cubrir grandes distancias en años luz en poco tiempo, abriendo un anillo de gusano en el espacio y utilizando la cinta de Möebius, estaban un momento en un lugar, luego en otro.
Llegaron a Hósforo sin novedad, salvo Aurea que no podía ocultar su tristeza, al salir de la atmósfera del planeta, se le fue ese sentimiento de bienestar, volvió a ser la misma, pero ahora que había experimentado algo diferente, no quería volver, hubiera querido quedarse en la Floresta por más tiempo.
Su vida transcurrió igual por unos dos días, en que estuvo estudiando aquel sistema. La segunda noche salió al balcón de su departamento, observó la cúpula que protegía la ciudad, observó las luces de los clubes y escuchó los motores de aire acondicionado, de pronto pasó el tren magnético, pronto éste quedaría obsoleto, pues los más brillantes científicos del sistema trabajaban en la teletransportación.
Ellos eran una civilización de muchas libertades y tenían una cultura muy avanzada, todos los trabajos científicos eran publicados, no vivían de un sistema económico basado en la escasez, sino basado en las bondades de la tecnología, no existían los que tenían más ni los que tenían menos, todos tenían lo que necesitaban.
En realidad todos tenían de todo, lo que quisieran o necesitaran podían obtenerlo en los centros de distribución, todos desempeñaban un papel en la sociedad, así mientras asistían a clases de lo que quisieran en las mañanas, por las tardes iban al trabajo, que no era remunerado, como digo, no necesitaban salario y no existía el dinero.
Así llegaron a ser una de las culturas más pacíficas y avanzadas de la galaxia, llevaban mas de cinco mil años sin guerras y habían avanzado tanto en la ingeniería celular y molecular que no envejecían, sólo debían cumplir un ciclo, pero no morían con la muerte física como nosotros la conocemos, acumulando sabiduría, pasaban a un estado espiritual superior, dejando así lugar, para que naciera otra persona.
Esto no se sabía a ciencia cierta cuando ocurriría ni quien tendría un hijo, era algo que se podía desear pero no forzar y aunque científicamente podían fecundizar, tenían una estrecha relación con los maestros superiores y eran estos los que determinaban los nuevos nacimientos, los que habitaban en otro planeta constituido de gas y donde ellos irían una vez de producirse su muerte.Mientras Aurea observaba la ciudad, se activó la videoconferencia, a su espalda y suspendida en el aire, apareció una imagen tridimensional.
-¡Hola querida!- dijo la voz, Aurea reconoció quien era sin ver la imagen.
-¡Hola Ortoedro!- respondió Aurea con un tono de voz de fastidio.
-¿Cómo, hola solamente? ¡Llegaste hace dos días de tu misión, te he estado llamando a tu teléfono auricular, no contestas y ahora sólo dices hola!
-Es que no tengo buen ánimo Ortoedro- dijo, acariciando la rosa que tenía entre sus manos.
-Sí, pero al menos merezco que te des vuelta y pueda verte la cara- agregó él, un poco molesto. Aurea se volvió hacia la imagen y observó un Ortoedro extraño para ella, se quedaron mirando sin hablar, era un Ortoedro desconocido, buscó y buscó en su memoria y no lo pudo encontrar, esa cara tan querida en el antaño, ya no significaba lo mismo para ella.
-¿Que tienes en las manos?- preguntó.
-¡Nada!- dijo ella, escondiendo la rosa.
-¡Cómo que nada, eso es algo! ¿Que es?
-¡Nada!- volvió a decir ella.
-Bueno, si no me quieres decir, debe ser algo sin importancia, ¿Cuando vas a venir?
-No creo que pueda ir a verte pronto y esto es algo de mucha importancia- contestó irritada.-¿Que te sucede? antes de ese viaje no estabas así.
-No sé Ortoedro, me siento mal, ¿Quieres dejarme sola?
-¡Bueno, adiós!- respondió y en ese instante la imagen tridimensional desapareció. Aurea continuó observando la ciudad, una ciudad extraña, desconocida ahora para ella.
Pasó otro día más y Aurea no podía dormir bien, todo el día pensaba en la Floresta, ¿Qué cosas más habría? ¿Que seres tan tiernos y simpáticos? ¿Y que sería esa sensación que tuvo? ¿Por qué sintió eso, que significaba?
Como astronauta tenía diez días de franco, después de cada misión, las medidas de seguridad eran tan rigurosas que ya se había vuelto normal viajar a otros planetas, de otros sistemas. Aurea había viajado a varios otros, pero este planeta era tan seductor…
La puerta del despacho del profesor Angular se abrió bruscamente, en ella apareció Aurea con un informe de petición.
-¡Hola querida! ¿Cómo estás?- preguntó.
-No muy bien profesor- respondió Aurea y se sentó frente al escritorio.
-¿Que te sucede?, cuéntame- dijo mientras apagaba la pantalla líquida de su computador.
-No me he sentido muy bien, después de la última misión profesor, ese planeta era tan interesante, ¿Cómo le llama el sistema?
-Mm, la verdad es que si es un planeta especial, se llama Tierra- dijo el profesor, observando la reacción de Aurea- ¿Por qué?
-¡Me encantó, ese planeta es muy hermoso, existe tanta vida natural y sentí algo extraño en él, que nunca he sentido!
-Bueno hija, tal vez la presión atmosférica, la radiación iónica...
-¡No!, Nada de eso profesor, he estado estudiándolo estos días y es un planeta saludable, joven y...
-¿Y qué? - preguntó él, esperando las palabras.
-¡Romántico!, Esa es la palabra.
-¿Romántico?
-Sí, ese planeta es muy especial, quiero volver allá.
-¡Pero Aurea!- respondió el profesor un poco ofuscado -¡No creo que debas!
-¡Lo siento profesor, quiero volver!- repitió ella más decidida- He estado estudiándolo y supe que era un sistema en aceleración...
-Claro, es un sistema joven.-He estudiado algo de Física, conozco el problema del tiempo, pero quiero ir igual.
-Aurea, no es cosa que viajes al planeta así como así, ese no es cualquier planeta, el tiempo allá...-¡Si sé profesor! Allá el tiempo pasa más rápido que aquí.
-Así es, quizás con qué cosas te puedas encontrar...
-¡No importa, quiero ir igual!- dijo y se levantó de la silla, entregándole el informe de petición para un segundo viaje al planeta- ¡Espero profesor que haga algo por mí!- agregó y se fue.
El profesor leyó el informe, quedó tan hundido en su sillón como en su incertidumbre.
Dos días después, Aurea estaba sentada frente a su pantalla líquida cuando la videoconferencia se activó.
-Querida, presenté tu informe- dijo el profesor del otro lado de la línea. Aurea se volteó para ver la imagen en el aire.
-¿Y cómo me fue?
-Bueno, ni mal, ni bien, creyeron eso acerca de la información necesaria sobre la alimentación de los caracoles y su conducta de reproducción, es en lo que estamos trabajando, pero preguntaron, ¿Por qué, por tiempo indefinido? Ese aspecto no los convenció mucho, pero igual aceptaron, puedes ir, pero con una condición.
-¿Cual?
-Que no estés más de sesenta días solares.
-¡Sesenta días!
-Algo es algo, no.
-Supongo que si, ¿Y cuando puedo partir?
-En treinta y cinco días más.
-¡Tanto! Pero sí el tiempo allá…
-Lo siento, no es posible antes, las cintas de Möebius están todas reservadas hasta esa fecha. – dijo el profesor.
Habían pasado cinco días desde el primer viaje y el nerviosismo de volver allá la ponía cada vez más intranquila. Durante los días que debió esperar se dedicó a estudiar el sistema solar en su computadora conectada a la Matriz, que era un sistema computacional donde se podía tener acceso a toda la información recopilada por la cultura en todos los años de su existencia.
-¿Entonces la confederación sabe de la existencia de aquel sistema?
-Así es señorita Aurea, aunque este dentro de los cuadrantes de los sistemas no explorados, en mis registros siempre ha existido ese planeta, pero existe una resolución muy antigua, milenaria, de no intervenir en él.- concluyó el profesor.
-¡Entonces debe haber algo en aquel planeta!
-¡Pero usted lo vio señorita Aurea, aparte de una exuberante naturaleza no existe nada más!
-Sí, existe algo más, no sé que es, pero hay algo, tuve una sensación extraña.
-¿Una sensación?- preguntó él asombrado.
-Sí, una sensación indescriptible- agregó Aurea, en el momento en que recibió otra llamada en la video conferencia, la activó y se despidió del profesor.
-Áurea, hola ¿Cómo estás?
-Hola Ortoedro.
-Como hace días que no sé nada de ti y no me permites ir a verte, queria invitarte a ir al Club hoy en la noche, Oblicuo dijo que iría con nosotros y creo que irán Prisma y Vértice.
-Bueno Ortoedro, creo que me hará bien salir un rato- contestó Aurea, apagando la computadora y volteándose a ver la imagen.
-¿Estabas en la Matriz?
-Sí, estaba estudiando el Sistema Solar-
-Pero tú sabes que la Matriz es tan antigua como Hósforo y habla de todas esas cosas religiosas y milenarias...
-Pero también es científica.
-Para mí esas leseras que dicen allí son puras patrañas- respondió Ortoedro.
-¡Lo que tú digas!- respondió Aurea y caminó hacia la cocina, siendo seguida por la imagen.
-¿Por qué te interesa tanto ese sistema?
-Es interesante- respondió Aurea mientras tomaba entre sus manos una taza humeante y bebía el líquido en ella.
-Lo mismo dijiste de mí hace años y mira, ya no quieres ni verme. Aurea miró los ojos de Ortoedro y movió la cabeza, se dirigió hacia el balcón y contempló la ciudad.
-¡Juntémonos en el club!- terminó de decir Aurea y desconectó la videoconferencia.
Aquella ciudad tan enorme y tan fría, luces, rayos, ruidos, naves, túneles, todo era tan vacío ahora para ella… El Club quedaba en el subsuelo de una tienda en la avenida Transversal, al entrar Aurea miró un espejo junto a la puerta, el cual leyó su código del iris, la cortina de luz pasó de azul a gris y Aurea llegó al final del pasillo, adentro las luces y los sonidos del Club entretenían a aquellos que después del trabajo querían pasar un rato agradable.
Oblicuo, Prisma y Vértice estaban en una mesa jugando con unas bolas y un láser, Ortoedro estaba un poco mas allá jugando en un simulador.
-¡Hola!- dijo Aurea a sus amigos.
-¡Hola!- respondieron y fueron a saludarla, Prisma preguntó...
-¿Cómo estás Aurea?
-Bien, algo cansada, pero bien.-Supe del viaje al sistema al Sistema Solar, ¡Oblicuo dice que es precioso!
-Sí, en treinta y cinco días más voy a ir de nuevo.
-¿Sí? Oblicuo no me ha dicho nada.
-No, es que aun no le he dicho nada, quizás voy sola.
-¡Sola! Yo no iría sola a un lugar tan lejano y desconocido.
-Siempre has sido tímida Prisma- terminó de decir Aurea, cuando Ortoedro se acercó.
-Hola- le dijo, besándola en los labios.
-Hola Ortoedro.
-Ven, vamos a jugar a los simuladores...
-No Ortoedro, quisiera servirme algo..
.-Bueno voy por unas sodas- dijo y se dirigió a las maquinas, Vértice se acercó a ella.
-Hace días que no te veo, ¿Cómo estás?
-Bien, gracias.
-Escuché que irías nuevamente al sistema Solar.
-Sí, en treinta y cinco días más voy a ir.
-¿Quieres jugar por mí? Necesito ir al baño- dijo Vértice y se marchó dejando a Aurea con el láser, Aurea lo sujetó fuertemente, apuntó a la bola, tiró y la bola se alejó con rumbo incierto.
-¡Acabas de perder el partido, Vértice!- dijo Oblicuo en voz alta y riéndose.
Llegó Ortoedro con una bandeja y muchas sodas, todos se alejaron del juego y se juntaron a charlar y beber. Aurea no participaba mucho de las conversaciones y los juegos no la entretenían. -Aurea, ¿Quieres ir a la disco?- preguntó Vértice que se incorporaba.
-No, gracias la verdad es que tengo que descansar- respondió.
-La verdad es que después del último viaje volviste muy rara- agregó Ortoedro.
-¡Déjenla!- intervino Oblicuo- Los viajes en el espacio suelen producir alteraciones en el biorritmo, lo que pasa es que últimamente hemos tenido mucho trabajo.
-Sí, eso debe ser querida, no los hagas caso- agregó Prisma y les hizo un gesto con la mirada a los demás.
Cuando todos fueron a la disco, Aurea se dirigió a casa, llegó y conectó la computadora a la Matriz.
-¡Matriz activada!- dijo una voz femenina electrónica.
-Matriz, ¿Quisiera hacer un cálculo del tiempo con respecto al sistema Solar y Hósforo?
-Bien- respondió la Matriz y mostró en la pantalla un esquema del universo en expansión y dijo- Lo que pasa es que el Sistema Solar es un sistema joven que esta en proceso de aceleración, nosotros en cambio somos un sistema que ha dejado de acelerar, por lo que el tiempo acá y desde hace mucho, es constante.
-¿El tiempo entonces, es proporcional a la velocidad de aceleración con que se expande el sistema y la galaxia en que se encuentra?
-Exacto, pero como es un sistema joven, aún no se registra vida inteligente en la evolución de él.-Pero, dime una cosa Matriz, ¿Quiero saber cuanto tiempo ha pasado allá, desde que yo estuve, hasta que vuelva en treinta y cinco días más?
-Bueno, hace casi seis días que estuvo allá, más treinta y cinco días que faltan, acá habrán pasado casi cuarenta días, veamos... La computadora pensó un momento- ¡Es un sistema que avanza muy rápido, un mes acá es casi seis millones de años allá!
-¡Tanto!- exclamó Aurea asustada.
- Sí, pero tenga en cuenta que pronto el tiempo allá se hará constante y que existen sistemas superiores, donde el tiempo y la aceleración han ido mucho más rápidos.
-Sí, está bien, pero ahora cuando vuelva allá, no va a ser el mismo lugar que conocí.
-¡Depende señorita Aurea! Yo creo que seis millones de años no es tanto tiempo para que un planeta cambie en esencia, de todas maneras veamos... La computadora se conectó al sistema de telescopios.-¡Vea, ese es el Sistema Solar!- y en el momento apareció en la pantalla, el Sol y sus diez planetas girando a su alrededor, asteroides y cometas, un sistema muy completo. Cuando Aurea vio el sistema quedó impresionada con la velocidad que avanzaba y giraban los planetas alrededor del sol.
-Bien, quiero ver aquel planeta azul.
-¿El tercero?
-Sí aquel, ¡Muéstralo!- y en el momento apareció el planeta en el monitor, girando y circulando al rededor del Sol.
-Ve señorita, yo creo que se mantiene igual como estaba.
-Sí, tiene el mismo color y textura, ¿Cómo lo llama la Confederación?
-Lo llaman Tierra.
-¿Puedes hacer un acercamiento?
-Lo siento, pero eso es lo más cerca que lo podemos ver, tendría que solicitar una conexión especial con las computadoras del Consejo Astronómico y eso lleva mucho tiempo, además existe una cláusula que me impide entrar a los archivos de aquel planeta, es misterioso pero definitivamente no puedo decirle mucho más acerca de él, de lo que le he informado, dijo la voz electrónica.

La Moto

Wuacho acompaña a arreglar mi moto.-Ya wuacho.-Después tenemos que ir a comprar unas cintas para arreglarle el cerco a mi vieja wuacho, que del otro día esta wueviando que le arregle su caga de cerco.-Ya wuacho pero la moto la llevai tu si, por que esta más pesa que la chucha.-Ya wuacho, tu tenis más reglas que tu sabis quien po wuacho.-Wuacho pero si estoy con caña po, anoche le mandamos con camión y carro, y no pagamos ni uno, jaja.-Wuacho mira vamonos por aquí por República y después doblamos por Chillán y pasamos a la feria donde un viejito que conozco que me puede arreglar mi moto.-Wuacho pero yo te dije que tengai cuidado con esas pitas, viste tu nunca me hacis caso, herís más porfiao que matar a ese guatón Magic a palmazos.-Wuacho compremos unas cintas de despunte no más, para arreglar el cerco de mi vieja, sino van a entrarle a robar todas sus cositas.-Ya wuacho pero tu hace el cerco porque yo soy mas ñurdo que la chucha.-¿Wuacho tu no pegai a la maestría?- No wuacho, yo soy mas lerdo que la chucha, tengo dos manos izquierdas.-Wuacho tu si que la cagaste pa ser de izquierda, jajaja.-Si wuacho, Si wuacho.-Ya wuacho aquí esta la feria, mira compremos unos Candís para que mi vieja los haga fritos, son re buenos, ¿Tu los has comido?-No wuacho, ¿Qué es eso?-Esos son unos hongos comestibles que crecen en el monte, los mapuches los comían wuacho son súper ricos.-Ya ´po wuacho compremos, yo nunca había comido esas cosas, pero bacán comer cosas diferentes, si wuacho mira y ¿Hay tomado Muday?-No wuacho.-Tomemos un vaso de Muday wuacho este es un refresco también de los Mapuches de esta zona, lo hacen con trigo molido con la boca.-Ya, probemos wuacho un vaso.-Wuacho mira ese viejito de allá al fondo, tiene las llaves para arreglarme mi moto, wuacho devuelve el vaso, ¡Gracias señora!-Ya, gracias a ustedes.-hola maestro, ¿Como esta? ¿Usted me puede arreglar mi moto? Se le enredó una pita en la parte de la espada.-¿Wuacho tu teni espada, te creí highlander?-No wuacho la espada de la moto, esta parte donde va la cadena que tiene filo se llama espada, wuacho tu no sabis ni andar aquí en los moles.-Wuacho yo toda mi vida he andado leyendo poesía, con cuea he trabajado de carnicero y de bombero.-¿Wuacho y andabai con radio?-No wuacho de bombero de bencina.-Aaaa, jaja.-Wuacho tu no erís más wueón por que no andai ´pa atrás.-No wuacho. Ya maestro gracias por arreglarme la moto, vamos wuacho a una barraca que queda por allá.-Ya wuacho.-Hola maestro. ¿Nos vende unas cintas de despunte?-No mijo sáquelas no más, que le voi a cobrar, llévese las que pueda no más.-Ya gracias maestro, wuacho ayúdame a buscar unas cintas, por lo menos llevemos unas ocho para arreglar el cerco de mi vieja.-Ya wuacho, mira viene un camión,-Si wuacho ese camión viene a comprar aserrín.-Wuacho digámosle que nos lleve, porque con la moto y estas cintas se nos va a hacer muy pesao el camino.-Ya wuacho dile.-Oiga maestro. ¿Nos puede llevar?-¿Y donde van?-Al final de República no más ahí cerca del Bigger.-A ya, suban no más, yo los llevo.-Ya wuacho sube las tablas atrás y la moto.-Ya wuacho.-Gracias patrón se pasó, si no, nos hubiera costado caleta llegar hasta la casa con estas cintas.-¿No se preocupen y ustedes que hacen?-Yo soy profe de Historia en un colegio.-¿Y tu?-Y yo soy profe de Historia en el Museo.-¿Donde la momia?-Si donde la momia.-Esa es su mina de este paisano, jaja.-No wuacho-¿Oye y esa momia de donde es?-Esa momia es de San Pedro de Atacama, la trajeron unos alumnos del Colegio Alemán hace años, fue un niño que murió de frío.-Wuacho las hicimos todas con venirnos con el amigo aquí.-Si po wuacho, guagua que no llora no mama.-Si po wuacho, nosotros somos terribles de vivos, fuimos a comprar cintas y nos salieron gratis y ahora el amigo nos lleva gratis, puta que somos vivos wuacho.-Wuacho más encima anoche hicimos Perro Muerto, jaja.-Wuacho mira ahí esta predicando el hermano Juan-¿Y quien es ese?-Ese es un evangélico que siempre predica aquí en República, le dicen el hermano Juan, antes era más chicha que voz po wuacho.-Wuacho esos evangélicos son más mentirosos, en la cana se hacen los evangélicos para ganar conducta no más, después salen y se les olvida el evangelio.-Si wuacho y las evangélicas igual se hacen las cartuchas y se los bajan solas.-Si wuacho, yo en Argentina me comí una evangélica y la conocí ese mismo día, jaja.-Sipo wuacho, si la venden con eso de dios no más.-¿Pero amigo deben haber algunos que no son como ustedes dicen?-Si po demás, como el hermano Juan, jaja.-Jajaja. Oye wuacho pero sabís que el hermano Juan se sabe los Salmos de memoria.-Ya, la cago el hermano Juan.-Wuacho y ese caballero no sabe leer ni escribir, yo no se como se puede saber los Salmos de memoria pero lo he escuchado predicar y se sabe otras partes de la Biblia y todo de memoria.-Juee wuacho la cago el hermano Juan.-Ya amigo déjenos aquí no más en la Copec, ya wuacho bájate.-Ya, gracias amigo por el aventón.-Ya.-Wuacho abre la puerta de atrás.-Wuacho esta apretada, súbete al camión.-Wuacho esta muy alto. -Wuacho el camión esta andando, wuacho.-¡Jueee wuacho este conchesumare se fue con la moto…-Wuacho y se llevó las tablas pal cerco de tu vieja!-Wuacho este wueón salio más vivo que nosotros dos juntos.-Wuacho, eso te pasa por andar hablando mal de los evangélicos…-Ya wuacho vamos pa la casa a tomarnos una Pilsen.

Persus NibaesOsorno22092007

La Floresta, capítulo VIII, "Un Mar de Gente"

Una noche, mientras Giseo le acariciaba el cabello le dijo.¿Amor, éstas despierta?
-Sí, miro las estrellas. ¿Y tú, en que piensas?
-Pensaba, en que ya casi tienes los planos listos de la segunda pirámide de papá...
-Sí, será la pirámide matemáticamente perfecta.
-Pensaba en que podías diseñarme una pirámide también, algún día deberé tener mi propia pirámide.
-¡Que buena idea!- lo haré con mucho gusto.
-Gracias.
-Pero la idea, es que tú no veas los planos, voy a trabajar en ellos mientras tú sales a terreno. ¿Esta bien?
-¡Esta perfecto mi amor, te amo! - y se besaron felices. Luego de un rato, Giséo se durmió, Aurea podía ver las estrellas en la ventana, le quedaban pocos días, en cinco días más se debía ir.
Se sentía tan mal, por que tenía el amor de su vida entre sus brazos, que dormía junto a ella, lo amaba tanto, pero sabía que si no volvía sería peor, que eso le costaría el cargo a al profesor Angular y a Cateto y Oblicuo. Y sabía, que si no volvía, tal vez vendrían por ella para castigarla y eso sería grave, no podía exponerse a eso, ni menos a Giséo, ni a toda ésta gente.
De pronto una sombra se cruzó por la ventana, sintió miedo, pero no se atrevió a despertar a Giséo, luego la sombra otra vez. Se levantó, Giséo dormía profundamente, de pronto la sombra mientras ella miraba en el balcón, la tomó por detrás y le tapó la boca.
-¡No trates de gritar! No quiero matarte, pero sino te vas pronto, te juró que lo haré- dijo la sombra, la soltó y salió corriendo. Aurea, pegó un grito y se puso a llorar. Giséo se despertó.
-¿Qué pasa amor?
-Nada, sólo tuve una pesadilla-
Giséo vio una sombra pasar por abajo del balcón, buscó su puñal que estaba junto a sus ropas y salió al borde del balcón a ver que era eso. Aurea buscó el traje epidérmico y lo activó rápidamente, no lo usaba desde la segunda noche que llegó, hacía tanto tiempo atrás. Giséo volvió con las manos vacías.
-¿Qué paso amor, cuéntame?
-Nada, sólo tuve una pesadilla.
-No me engañes, yo vi algo afuera.
-Sería un gato, volvamos a dormir- terminó de decir ella y se acostaron.
Aurea no pudo conciliar el sueño. ¿Quién sería? ¿Por qué le tendrían tanto odio? Pensándolo bien, debe ser alguien enviado por Hercarta y su padre, para asustarla y obligarla a irse. El Sol salió, cuando Giséo despertó la besó y la invitó a pasear, era un día de descanso. Pasearon por el río y llegaron hasta el lugar donde se conocieron, por ese lugar no transitaba nadie, Aurea no se preocupó por la nave porque estaba lejos del río, cerca de ella no había huellas de las que dejan las caravanas en el desierto, por las noches, esos lugares eran el festín de los chacales.
Durante la noche Aurea apareció en la alcoba con unos rollos de papiro.
-Te tengo un obsequio- dijo escondiendo los rollos tras su espalda.
-¿Qué es?
-Toma, es el mejor regalo que te puedo hacer- y se los entregó y los extendieron, eran los planos de la gran pirámide de Giséo. La cual sería la más grande de las pirámides construidas por los egipcios, con ciento cuarenta y seis metros de altura, Aurea se preocupó que la pirámide de su amado, sea mucho más especial que las pirámides de Snefru o de las construidas por las anteriores dinastías.
Estando en el taller, Aurea pensó que era importante que la pirámide de Giséo, tuviera cosas muy especiales, así es que buscó entre los libros astronómicos de Giséo y calculó la pirámide de acuerdo a ciertos datos astronómicos.
Por ejemplo, la altura de la pirámide, mucho más alta que las demás, es la distancia de la Tierra al Sol en perihelio.
Sobre la base de los estudios egipcios, relacionados con el poder rejuvenecedor de la forma piramidal sobre enzimas y hormonas, Aurea estimó que el ángulo de inclinación de los costados sería de cincuenta y un grados y cincuenta minutos, era el que ejercía el mejor comportamiento rejuvenecedor sobre enzimas y hormonas.
Pero Aurea también quiso, en ésta pirámide, rendirle tributo al dios Hapi, tan querido por los egipcios y que mejor idea que construir una pirámide en forma de agua. Así es que por su proporción y ángulos, la pirámide sería una versión a escala de una molécula de agua.
La gran pirámide de Giséo, en si, sería un monumento al Nilo.
-Tu pirámide, tendrá un revestimiento calcáreo de granito, lo que la hará más hermosa que cualquier otra.
-¿Más hermosa que tú?
-Además mira, desde la cámara del rey, existe un ventilador ¿Ves?
-Sí, aquel.
-Ese ventilador apunta justo a Sirio, la estrella que tanto te gusta.
-Eres genial.
-Además tu pirámide, contiene muchos de tus datos de años de investigación, acerca del radio polar, la densidad de la tierra y cuando construyas la cámara y tu sarcófago, te encontrarás con grandes sorpresas.
-Te amo.
-Yo también te amo, te tengo otro regalo, mira. -y le entregó un collar con un inmenso diamante azul.
-¡Aurea! ¿De dónde sacaste esto?
-No preguntes, sólo quédatelo, veras que tiene propiedades increíbles, ayer estuve preparando a Ostris, para que aprenda a usarlo, ustedes tienen un gran espejo corvo de cobre, deben apuntar al Sol justo en el centro y proyectar el rayo sobre el diamante, pero debes tener mucho cuidado, el rayo al pasar por el diamante puede cortar cualquier cosa.
-¿Cualquier cosa?
-Sí, granito, piedra caliza, mármol, dierína, lo que tú quieras.
-Gracias amor, ¿Pero estás hablando como si te fueras a ir?
-No digas eso.
-Es verdad, ¿Por qué no me cuentas todo? ¿De dónde eres realmente?
-¿Recuerdas cuando yo quería saber del Heb-sed?
-Sí.-Bueno, ahora es igual, no te lo puedo contar aun.
-Entiendo, ¿Pero algún día lo harás?
-Eso espero- terminó de decir Aurea y se abrazaron, apagaron todas las luces y se acostaron, Giséo se durmió, Aurea le acarició el cabello.
Sentía tanta tristeza, que era imposible ocultarla frente a Giséo. Todo por lo que ella había luchado siempre, estaba entre sus brazos, todo lo que quería,pero no podía quedarse.
Al otro día, Aurea le pidió a Giséo que la acompañará a un sector pantanoso del río.
-¿Para qué quieres ir allá?
-Sólo acompáñame amor. – dijo, y se dirigieron al lugar, Aurea buscó entre unas plantas y recogió unos caracoles y los guardó en una cajita.
-Son lindos ¿No?
-¿Qué haces, con esos caracoles?
-Quiero criarlos como mascotas...
-¿Mascotas? Los halcones son mascotas, los gatos ¿Pero los caracoles?
-Sí, ¿sabes algo de ellos?
-Sí, bueno...
-¡Cuéntame!- y mientras Giséo le contaba todo lo que necesitaba saber acerca de los caracoles, sus conductas de reproducción, sus dietas, la duración de su vida, etcétera, volvieron al palacio y se dirigieron a la alcoba.
-Eres tan extraña.
-¿Por qué lo dices?
-Sí, es que sabes tantas cosas, y te interesa saber tantas cosas nuevas además...
-Siempre he sido así.
-Pero los estudios que tienes no se aprenden en cualquier lugar, tu pueblo debe ser muy sabio, muy antiguo, todas esas cosas no las has aprendido sola.
-No, la verdad es que no.
-¿Y nunca me dirás nada?
-Lo siento.
-Pero si tu sabes que yo haría cualquier cosa por ti.
-Si amor, pero no me presiones, piensa que si me tengo que ir, ya tengo suficiente dolor con dejarte.
-Pero ¿Por qué?- Giséo se disgustó.
-¡No me grites!
-Disculpa, pero ¿Por qué tienes que irte? ¿Y quiero saber cuándo será?
-En tres días más.
-¿Tan pronto?
-Sí, así debe ser.
-Supongo que volverás...-
Haré lo imposible, pero no puedo asegurarte nada.
-¿Pero qué puede ser más grande que todo esto que yo te entrego?
-No es eso.
-Entonces amas a otro.
-Tampoco es eso, tonto.
-No entiendo nada.
-¿Realmente quieres saberlo?
-Es lo único que deseo, si es necesario, enviaré tropas, ejércitos a luchar porque vuelvas.
-¡No puedes enviarlos a otro planeta!- y Giséo la miró y quedó helado, luego comenzó a reírse.
-¿Me dices que eres de otro planeta?
-Sí, esa es la verdad, y más no te puedo decir.
-¿Es que una mentira vale más que la verdad?
-No es mentira.
-Me has decepcionado- dijo Giséo y se fue, Aurea quedó triste, pero no podía hacer nada, nunca había sentido esa pena antes.
Giséo se fue a la ciudad y se emborrachó con sus viejos amigos, que todavía celebraban, todos aun celebraban.
Por las calles llenas de ebrios, a veces se olvidaban de apagar las velas y se volcaban, provocando incendios y había muchos accidentes y heridos, aun así la celebración continuaba.
Aurea, luego de un rato, salió a buscarlo por todo el palacio, pero no pudo encontrarlo.
No quiso ir más allá por miedo a que le hagan algo, luego volvió y se acostó.
-¡Estoy enamorado!- Les dijo Giséo a unos de sus compañeros que estaban ebrios.
-Futuro Pharaes, ¿Tienes roto el corazón?
-Sí, el amor es lo peor.
-¿Y quién es ella? los hemos visto, pero nadie sabe de dónde es.
-Dijo que era de otro planeta- y todos se burlaron de él.
A esa hora ya no podían sus cuerpos. Giséo como pudo volvió al palacio, entró a la alcoba de Aurea, y se acostó.
Por la mañana despertaron juntos.
-Nunca más hagas eso.
-¿Por qué, si igual te irás?
-No seas cruel.
-Esta bien, ya no hablemos del tema.
-¿Dónde estuviste?
-Bebiendo.
-¿Dónde?
-En el pueblo, con unos amigos.
-¿Amigos? No sabía que el futuro Pharaes podía tener amigos.
-Sí, serán mis futuros sacerdotes.
-Quiero que sepas que te amo.
-Yo también te amo- y entre arrumacos y besos, se olvidaron por un momento.
Durante el día, trabajaron normalmente, pero Aurea no podía ocultar su tristeza.
Al día siguiente, Aurea enseñó a Giséo y Ostris el uso del gran diamante. Ostris, puso en posición al espejo y Aurea apunto el rayo del diamante a un bloque de piedra caliza, el rayo lo cortó limpiamente en dos, sin dejar huellas, luego era imposible pasar un cuchillo entre los cortes.
-¡Es perfecto!- dijo Ostris
- ¿Dónde lo obtuviste?
-Me lo regalaron en un pueblo minero- le respondió y miró a Giséo, él bajó la cabeza y se acercó a ella y la besó.
Esa noche se reconciliaron. Giséo sirvió un vino y Aurea bebió gustosamente. Conversaron y se amaron tranquilamente, todo era perfecto, podía ser así siempre. Después de muchas horas Giséo se durmió, Aurea lo besó y comenzó a llorar, sus sollozos eran para adentro, nadie debía escucharla.
Mientras Giséo dormía, Aurea lo besó en la frente y se levantó, era plena noche, se sentó frente al espejo, se maquilló y se vistió con el hermoso traje que llevaba puesto la noche del río.
Se miraba al espejo y mientras se maquillaba lloraba desconsoladamente, el maquillaje se le movía con las lágrimas. Giséo parecía que se iba a despertar, pero seguía durmiendo.
Aurea se sentía muy mal, se acercó a él, lo miró por última vez, lo besó y le dijo muy despacio “Te amo, siempre te amaré”.
Tomó su cajita de luz, activó el traje epidérmico y guardó los caracoles.
En el palacio todos dormían excepto en los aposentos de Snefru, donde se escuchaba risas y música, pero nadie se dio cuenta que Aurea salió.
En la puerta tomó dos antorchas, corrió por el camino junto al río, hasta que no pudo más, cuando ya desapareció el palacio de su vista, descansó.
De pronto sintió ruidos, sombras, muchos ruidos a su alrededor, de pronto un chacal comenzó a ladrarle, Aurea se defendió con las antorchas y comenzó a correr, los chacales la seguían, pronto se vio envuelta en chacales.
De pronto se escuchó un grito, era Ostris, que la había visto salir del palacio, y cuando vio que se perdía en el desierto la siguió, los chacales se alejaron de ella pero pronto volverían.
-¿Quién es?- preguntó Aurea en la oscuridad.
-¡Soy yo, Ostris!
-Gracias a dios..
-¿Qué está haciendo?
-No puedo explicarte pero gracias por tu ayuda.
-¿Se está escapando?
-No puedo decirte nada, tan sólo prométeme que cuidarás de él.
-Déjeme llevarla al palacio, si sigue hacia el desierto, sólo será devorada por los chacales.
-No, tengo que ir un poco más allá, vigílame desde aquí- y comenzó a correr, los chacales la seguían y también Ostris, de pronto se perdió de la vista de él.
Los chacales eran muchos, cuando justo encontró la nave, los chacales estaban entre la nave y ella, pero Aurea recogió muchas piedras y se las tiró, de todas maneras no podía sacárselos de encima.
Aurea abrió la puerta de la nave, por orden de reconocimiento de su voz, entró y un chacal la agarró del vestido, de un solo golpe con la antorcha, el chacal se retiró.
Aurea, tiró las antorchas y cerró la puerta, se sentó y comenzó a llorar, encendió el piloto automático.
Llena de dolor, pena y angustia, comenzó a dejar el amor, la felicidad, que nunca se lo perdonaría a ella misma, la nave se elevó y se fue.
Cuando llegó Ostris al lugar, sólo ardían dos antorchas en el suelo, la nave no dejó rastro, los chacales con el susto se fueron.
Giséo despertó, buscó a Aurea a su lado y no estaba, buscó la cajita de luz que tampoco estaba, así como no estaba el traje hermoso, los collares ni los aros.
Había una hoja de papel junto al espejo, escrita con alheña, decía...
Querido y amado Giséo.
Si me quedo, cosas horrendas pueden suceder, todo esto está afuera de nuestra comprensión, pero recuerda que siempre te amaré, siempre.
Aurea.
La carta estaba bañada por lágrimas de Aurea. De pronto Giséo vio la luz de la nave cruzar el espacio, hasta desaparecer, no quería creer lo que había visto, era igual que aquella noche en que la nave llegó, salió corriendo en busca de Aurea, no quería creer que todo sea cierto.
Corrió y corrió hacia el lugar en que vio elevarse la nave, era como si una fuerza lo llevará allá, los chacales pronto aparecieron, y en la lejanía vio a Ostris, que venía con más antorchas de las que un hombre podía llevar, Giséo lo vio y comenzó a gritarle.
-¿Dónde está ella?
-Se ha ido, mi amo.
-¿Cómo que se ha ido?
-Sí, yo salí del palacio y la vi internarse en el desierto, traté de evitar que fuera muy lejos, pero fue inútil, corrió y los chacales la devoraron.
-¿Qué?
-Sí, sólo encontré las antorchas...
-¿Y no viste una gran luz cruzar el cielo?
-Sí mi amo, pero pensé que era producto del vino y las amapolas, usted sabe que el desierto enferma la mente.
-¡Era ella imbécil, era ella la que se fue!- Giséo rompió en llanto y se echó de rodillas al suelo, lloró, nunca un hombre había visto llorar a un faraón de rodillas frente a él, los chacales pronto volvieron, y Ostris tuvo que llevar a su amo hasta el palacio, protegerlo puesto que Giséo, lloraba y lloraba, estaba en estado de schock.
Cuando llegaron, Giséo agarró tres botellas de vino, un cuchillo, una pipa, muchas amapolas y antorchas.
-¡No me sigas!- ordenó a Ostris, y como una orden es ley, Ostris se quedó inmóvil, mientras Giséo se internó en el desierto. A pesar de que los chacales lo apresaron, Giséo llegó hasta el lugar, donde había estado la nave, algo le decía que desde ahí había partido su bella Aurea.
Colocó las antorchas en círculo, los chacales le temen al fuego, así que aullaron y aullaron muy fuerte, Giséo bebió y fumó arrodillado, y comenzó a invocar a los dioses egipcios del mal.
-¡¡Oh Nut, dios del caos, ven a mi presencia, ya que Ptah, Osiris y Ra, me han abandonado, ven y lléname de tu presencia, ahora te pertenezco!!
De pronto las arenas del desierto se convirtieron en fuego, los chacales se asustaron y se retiraron pero no dejaron de aullar.
-¡¡Oh Sekhmet, diosa maligna de Ra, ven a mi presencia, ahora soy tuyo!!- repitió Giséo y el viento comenzó a soplar muy fuerte, la noche se tiño de rojo.
Giséo fumó nuevamente, su cerebro a esas alturas, le hacía ver grandes alucinaciones, producto de la angustia por el amor perdido.
Cuando ya estaba completamente fuera de sí, invocó a Seth, el verdadero demonio del panteón egipcio.
-¡¡Oh inmenso Seth, ven y llévame contigo, te entrego mi alma, porque ya no me sirve, está llena del dolor y el odio con que tu te alimentas, ven, tómame como a un becerro, ya no tengo nada que hacer aquí, prefiero quedarme para siempre en tu infierno!!- y un gran rugido se escuchó bajo la tierra, era el demonio Seth que acudía a la presencia de Giséo.
Ostris llegó hasta los aposentos de Snefru, y le contó todo.
Partieron a rescatar a Giséo. Él veía como Seth bailaba a su alrededor, al ritmo de los aullidos de los chacales, sentía tanta angustia, que no sentía miedo, el demonio llegó hasta su presencia y le habló.
-¿Por qué me has llamado?
-Quiero entregarte mi alma.
-¿Y que tu alma, es tan barata que me la regales?
-Ya no me sirve.
-¿Por qué?
-Porque está infestada de odio y rencor.
-¿Contra quién?
-Contra una mujer que amé y me abandonó.
-¿Entonces, es por amor que me invocas?
-Sí, llévame contigo al infierno, ya no quiero vivir.
-¿Crees que es fácil entregarle tu alma al diablo?
-Si no quieres tomarme, Num o Sekhmet lo harán.
-¿Y es que el amor, vale más que el alma de un Pharaes?
-No te burles de mí.
-Veo que odias de verdad.
-¡¡Odio todo lo que soy, ya no quiero éste cuerpo, ni esta mente, ya no quiero ser hombre!!- decía Giséo y sus lágrimas transformaban la arena en fango. De pronto Seth abrió la tierra a sus pies, y le mostró los infiernos, millones de almas quemándose para siempre.
-Mira, ¿Es aquí donde quieres estar? ¿Sabes lo que tienes que hacer?
-Sí- respondió Giséo mirando las almas quemarse en los infiernos.
-¡Entonces, hazlo!- ordenó y lo miró con sus ojos rojos de ira, en el momento Giséo tomó su puñal, y se cortó la garganta, cayó muerto sobre su llanto y su sangre, su alma fue a parar sobre las llamas, los chacales celebraban, Atum y Seth celebraban, el amor había perdido.
Luego llegaron Snefru, Heteferes y Ostris.
-¡Mi hijo!- gritó Heteferes.
-¡Se ha suicidado!- exclamó Snefru, Heteferes tomó el cuerpo de Giséo, y la cabeza colgó hacia un lado, la sangre brotaba ya fría.
-¡Mi hijo, mi hijo ha muerto!- Seth se burló de ellos, se llevó a Giséo consigo y sopló todas las antorchas, pronto los tres y el cadáver, se vieron envueltos en un mar de chacales, estaban hambrientos, podían oler la sangre a mucha distancia.
Los chacales, fueron acortando el círculo alrededor, cuando llegó Djifer y Hercarta, seguidos de esclavos y siervos que ahuyentaron a los chacales.
-¡Se ha suicidado!- exclamó Djifer.
-¡Amado Giséo!- gritó Hercarta, el enojo invadió a Djifer.
-¡Esa mujer lo volvió loco, era una bruja!
-Sí, era una bruja, sólo una bruja puede saber tanto, enamorar a un Pharaes y luego dejarlo- Snefru se levantó con lágrimas en los ojos, y se contagió de la ira.
-¡Giséo, nunca debiste suicidarte, serás borrado de la historia, todas tus pertenencias serán eliminadas, tu talento llegará a manos de Cheops, espero que él, si sepa valorar el ser un Pharaes!
- Y se alejó junto a Djifer. El cuerpo de Giséo fue sepultado en una ceremonia sencilla, puesto que un pharaes que se suicida, es borrado de la historia y no merece recibir velorios ni funerales, no se celebra, ni se pide por su alma, puesto que ésta va a parar al infierno.
Con los años Snefru construyó su segunda pirámide y celebró un segundo Heb-sed. Luego de años Cheops asumió en el trono, e hizo construir su pirámide con los planos que Aurea dibujó para su hermano, era lo menos que podía hacer en honor a su querido Giséo, que lo abandonó cuando era tan pequeño, pero que le enseñó tantas cosas cuando estuvieron juntos.
Aurea llegó, la cúpula se abrió y la nave se posó en la plataforma, ella no dejaba de llorar. Solo había pasado pocas horas desde que la nave partió de Hósforo, estaba vestida y maquillada a la costumbre egipcia.
Aún estaban el profesor Angular y Ortoedro, Aurea salió de la nave, y un ataque de histeria la descontroló, tuvo que ser atendida y no habló con nadie por días.
Cuando todos creían que estaba loca, Ortoedro la fue a ver, ella le contó todo, que amaba a otro hombre y que sólo quería volver a verlo.
Ortoedro se fue, pero con el tiempo pudo superarlo. Cuando no te aman debes buscar a alguien que merezca tu amor. Luego de unos días Aurea se recuperó, presentó su informe ante el profesor Angular y solicitó un nuevo viaje. El informe fue aceptado, ante la extrañeza del profesor, todos creían que Aurea no estaba bien, ya no veía a sus amigos y se pasó el tiempo observando el sistema solar.
De pronto mientras ella trabajaba en su departamento, la videoconferencia se activó.-¡Hola querida! ¿Cómo estas?
-Regular- respondió ella, mientras se recuperaba en su departamento.
-Tu nuevo viaje al sistema solar, fue aprobado- y Aurea gritó de emoción, su rostro se iluminó y toda su tristeza se borró.
Los maestros le estaban dando otra oportunidad, tenía que viajar y buscar a Giséo.
-¡Gracias profesor!- gritó ella y luego de un momento, la imagen se extinguió.
Pasaron los días y comenzó a acercarse la fecha del nuevo viaje, sabía que lo encontraría, aunque el profesor le advirtió que mientras tanto en la Floresta, habían pasado casi cinco mil años, durante esos días que ella estuvo en Hósforo.
Ella le respondió “No importa, lo voy a encontrar de todas formas”, ésta vez solicitó no volver, pero le obligaron a hacerlo.
Aurea se sentó emocionada en la nave, que la llevaría de vuelta a su amada Floresta. Cuando llegó, estaba todo cambiado, sobrevoló una interminable ciudad, con más de veinte millones de habitantes, miles de edificios y cientos de otras ciudades como esa. Ahora, era un planeta muy diferente, el aire y los mares estaban excesivamente contaminados.
Pero su amor era más grande que todo, y nuevamente sintió esa sensación que había perdido estando en Hósforo, recordó como era sentirse feliz, cosa que muchos en éste planeta han olvidado, y aunque las ciudades estaban llenas de gentes, recordó lo que Giséo le dijo un día.
-Si nos separamos, ¿Me encontrarías?
-Te encontraría incluso en el infierno, o sobre un mar de gente- y esas palabras ahora eran lo que le daban fuerzas para buscarlo, sabía que Giséo estaba por ahí, tal vez con otra cara, tal vez con otro nombre, pero lo encontraría, estaba convencida que sí. Ahora el tiempo en La Floresta, pasaba más rápido que antes, debido a que la fuerza con que se expandía la Vía Láctea por el universo, iba en aceleración. Los rascacielos parecían los de Hósforo, pero su amor era lo único que poseía y sabía que a pesar, que ahora tenía que buscar entre seis mil millones de personas, esos ojos negros los reconocería en cualquier lugar, incluso en un mar de gente.

La Floresta, capítulo VII, "Un Amor para Siempre"

De pronto Aurea lo detuvo.-No quiero que los siervos nos vean.-¿Por qué?-No sé, no me siento cómoda, todos saben de Hercarta y nadie sabe nada de mí.-Te prometo que tú serás mi mujer...-Pero eso es imposible.-No, yo soy el futuro Pharaes, además el oráculo de Osiris, me dijo que yo nunca me iba a casar con ella.-Pero es tu deber amor- dijo ella y ese amor retumbó en la pirámide y se escuchó en Sirio. Aceleró el corazón de Giséo y se clavó en todas sus células, el amor inunda todas las células y los átomos de las células, las rejuvenece, las mantiene sanas, todos los mamíferos necesitan del amor, sino mueren enfermos, los virus se apoderan del organismo. Los reptiles no necesitan del amor, ellos tienen la sangre fría, pero los mamíferos incluidos el hombre, sino tienen amor, mueren.-¡Entonces vamos!- dijo Giséo y se llevó a Aurea a un bote que estaba cerca de allí, los siervos llegaron y cargaron el bote con vinos y pipas, remaron hasta un pequeño edificio en medio del río, era un palacio muy lujoso y servía para medir el nivel del Nilo. Al llegar, Aurea se rió, sabía que Giséo tenía todo preparado, los siervos los dejaron en la orilla, desembarcaron una mochila con comida y unas botellas de vino, una pipa y se fueron. Giséo buscó la llave y entraron, el palacio tenía una sola gran habitación, toda alfombrada y con una espléndida chimenea. Giséo la había hecho construir para sus estudios de astronomía y tenía en ella un fluviómetro. La tranquilidad en medio del río era muy agradable, Giséo encendió la chimenea con dos piedras, los egipcios eran expertos fogoneros, prendió las antorchas, todo el ambiente era especial, quemó unas hojas que dejaron un olor agradable, Aurea se sentó en el centro de muchos cojines y observó a Giséo, él encendió muchas velas, la luz que entraba por la ventana era muy tenue, Giséo se sentó en los cojines junto a ella y sirvió los vasos ahora con un licor azul.-¡Es licor de caña!-Este lugar es hermoso, ¿Qué es?-Es mi estudio, en mi infancia lo hice construir para venir a observar las estrellas, ¡Mira, ven!- y subieron unas escaleras, arriba había un altillo con un gran telescopio, los egipcios conocían mucho de óptica y manejaron muy bien los cristales y los espejos, las posteriores invasiones, destruyeron toda esa sabiduría, los telescopios fueron a parar hasta china y milenios después, Galileo volvió a inventarlos, en éste mundo que se cree que lo han inventado todo. Pero el telescopio de Giséo era perfecto.-¿Quieres mirar?-Sí, es precioso ¿No?-Esa estrella es Sirio- y Aurea se estremeció, la observó por un momento y sintió mucha pena.-Es hermosa.-¿Quieres más vino?-Bueno- y bajaron, junto al telescopio había un escritorio y una inmensa cama, además de muchos libros de hojas de papiro. Abajo, estaba todo tibio, a esa hora del amanecer hace mucho frío afuera. Entre que sale el Sol y se va la noche es el momento más helado. Se sentaron, Giséo la abrazó, bebieron y fumaron de la pipa, se besaron y se desnudaron, se acariciaron y se besaron nuevamente. El calor del amor los hacía transpirar, pero no se sentían incómodos, tenían toda la eternidad para estar juntos. -¡Te amo!- dijo Giséo, y esa palabra hizo temblar las velas, cambió la vida de Aurea para siempre. Ya no debía buscar más, todo eso que buscaba estaba frente a ella y era muy hermoso. Se besaron largamente, mientras el Sol débilmente salía, se acariciaron e hicieron el amor, ese amor que se hace sólo una vez en la vida, lo demás es sexo con amor, o sólo sexo, el amor sólo se hace una vez.-Te amo.-Te amo.-Quiero estar siempre contigo.-Siempre lo estarás.-No quiero que te vayas nunca.-Nunca me iré de tu corazón.-Pero te iras igual ¿Verdad?-No quiero hablar de eso.-¿Por qué no?-¿Por qué no me cuentas algo? ¿Cómo, qué es el Heb-sed? ¿Qué es la pirámide?, Tengo derecho a saber que es lo que estoy construyendo, ¿No?- Giséo sintió en su interior una gran tristeza, pero no quiso seguir con el tema, el amor se destruye pensando en el futuro, el futuro no existe, tampoco el pasado, todos los días hacemos una vida nueva, ¿Y para que destruir el amor presente, pensando en el pasado o en el futuro? El amor se vive hoy y Giséo lo sabía. Sirvió otro vaso de vino y conversaron.-Bueno, tienes razón, debes saber que es lo que estás construyendo. Durante milenios los estudios de los maestros Aecupcios, determinaron que la figura piramidal tiene propiedades increíbles, los Pharaes, saben que algún día partirán a juntarse con Osiris, pero están muy conformes con su vida aquí, por lo cual, quieren mantenerla y alargarla. El Heb-sed, es una ceremonia que dura meses, una vez que está lista la pirámide, el Pharaes, es ungido en las aguas de Hapi y comienzan los preparativos, todos los Aecupcios celebran el Heb-sed y el Pharaes es muerto espiritualmente, se le introduce en su sarcófago y se llena de plantas y especies, se le rinden ceremonias a los dioses y se lee el libro de los muertos, el cual contiene los cánticos que los dioses quieren escuchar para recibir al Pharaes entre los brazos de Osiris, luego lo encierran en la cámara sepulcral y tres días después el pharaes es liberado del sarcófago, si esta vivo debería estar más joven, el Heb-sed es una ceremonia de rejuvenecimiento, sino pasa las pruebas, el Pharaes deberá morir junto a su grupo de siervos y esclavos además de su familia, dando paso a un nuevo Pharaes, que es su hijo y si no tiene descendencia, la sangre de la madre transmitirá el talento, el nuevo Pharaes elegido asume y se comienza la construcción de su pirámide, si el Pharaes pasa las pruebas, puede vivir muchos años más, incluso puede construirse otra pirámide...Mientras Giséo le decía esto, Aurea estaba asombrada escuchando.-¿Y por que no me lo podías decir?-No te lo podía decir, porque no es algo que se le cuente a todos, es más bien un secreto.-Entiendo- dijo Aurea y guardó silencio, Giséo la abrazó fuerte y así estuvieron un rato, luego se durmieron. Luego de un momento Giséo se despertó, la llevó a la cama y durmieron tranquilamente.Al otro día, Giséo le sirvió desayuno en la cama, los besos y las caricias eran lo común entre los enamorados, luego se dieron un baño en el río sagrado.-¿Cómo te sientes?-Bien.-Anoche dormiste profundamente.-Tu también- terminó de decir Aurea y siguieron besándose junto al río. No tenían ganas de volver.-¿Hoy no trabajaremos?-No, cada diez días se descansa uno.-Sí, es saludable descansar.-Hoy se realizarán muchas ceremonias y cosas entretenidas, ¿Te gustaría ir?-No amor, prefiero estar contigo.-Sí, yo también quiero quedarme contigo- y así, estuvieron juntos todo el día, Por la tarde llegaron los siervos a buscarlos, pero Giséo les dijo que vuelvan al otro día temprano, porque dormirían allí. Mientras tanto en el palacio, las cosas no estaban muy bien. -¡Giséo y su invitada, no durmieron en el palacio anoche!- dijo Hercarta a Heteferes, mientras cenaban junto a Snefru y el pequeño Cheops.-No sé hija, no recuerdo nada.-Es que lo pasamos tan bien anoche- dijo Snefru.-Sí, la única que estuvo sola fui yo- dijo Hercarta molesta.-¿Pero si tu estuviste conmigo?- dijo el pequeño Cheops.-Sí, pero me refiero a Giséo que será mi esposo y por lo menos me debería acompañar.-Giséo sabe lo que hace- dijo Snefru.-Entonces veo que ustedes están con ella y no conmigo.-No se trata de eso- dijo Heteferes.-¿Y de qué se trata entonces?-De que pase lo que pase, tú y Giséo se casarán... -En el momento en que Heteferes dijo eso, Hercarta comenzó a llorar.-Tengo que contarles algo- dijo entre sollozos.-¿Qué sucede hija? ¿Por qué lloras?-Lo que pasa es que Giséo, hace tiempo fue al oráculo de Osiris, y el gran dios le dijo que nunca se casaría conmigo.-¿Puede ser cierto eso?- preguntó Snefru.-Bueno, si Osiris dijo eso entonces es verdad, lo lamento, nosotros haremos lo posible para que Giséo cumpla contigo y con nosotros. –dijo Heteferes, Hercarta no pudo contener más las lágrimas y se fue, el pequeño Cheops, no entendía lo que estaba sucediendo.Aurea y Giséo, conversaban largamente juntos en el río, parecía que el tiempo nunca pasaba por ellos. -¡Tengo ganas de llevarte a un lugar!-¿Dónde es? ¿Queda muy lejos?-No, tenemos el bote, podemos ir remando- se subieron al bote y Giséo remó hasta la ciudad, Aurea Observaba la belleza del Nilo, muchos pájaros volaban sobre ellos. La ciudad, quedaba a una larga distancia, pero Giséo era un excelente remador, la corriente río abajo los empujaba y luego de un momento llegaron.-¿Dónde estamos?-Éste es el oráculo de Osiris.-Es hermoso. ¿Quieres que entremos?- Sí amor- dijo Giséo y se besaron. Al entrar al templo, una obscuridad y una tranquilidad llenaban el lugar, en su interior había antorchas y un gran oráculo de aceite en el centro del templo, generalmente a los niños y las personas que empezaban una empresa, como generales a la guerra o matrimonios, se les llevaba al oráculo, para que Osiris, le pronosticará el futuro. Giséo, se enmendó al gran dios y dijo-¡¡Gran dios de Aequpto, quisiera saber que me destina Ra, junto a mi amada mujer!!- y en el momento el oráculo obscuro, comenzó a moverse y el reflejo de Aurea y Giséo sobre el aceite, comenzó a transformarse, los rostros de ellos aparecieron juntos en una inmensa ciudad, más grande aun que la misma Menfis, con gigantescas construcciones y muchas luces. Vieron sus rostros juntos en un gran bosque y en la intimidad de una cama. Vieron también sus rostros llorando por separados. Las escenas pasaban rápidamente mientras el aceite se tranquilizaba.-¿Qué significa todo eso?- preguntó Aurea impresionada.-Significa que siempre estaremos juntos, que pasaremos muchas penurias y mucho dolor, pero que eso hará que siempre estemos juntos. – dijo el tratando de interpretar el Oráculo de Osiris.-¿Y tú, realmente quieres eso?-¿A qué te refieres?-A que lo tienes todo. ¿Serías capaz de sufrir por mí?-¿No entiendo cómo puedes decir eso?-Disculpa amor, lo que pasa es que todo ha sido tan rápido para mí, todo es tan nuevo y extraño.-T e amo, y nunca más lo dudes.-Yo también, perdona- y se besaron frente a su reflejo en el oráculo de Osiris.-Estoy feliz.-Yo también.-Osiris dice que siempre te tendré a mi lado.-Y así será- dijo Aurea un poco triste, caminaron y salieron del templo, llegaron hasta el bote y mientras Giséo remaba, Aurea miró las estrellas y sintió mucha pena, sabía que no se podía quedar y que ya le quedaba poco tiempo. Esa noche, durmieron en el palacio del río, solos los dos disfrutando de su amor, al día siguiente fueron a trabajar al altillo en la construcción de la pirámide junto al joven Ostris. Por la tarde llegó Snefru, borracho y contento. -Lo hemos pasado tan bien. ¿Y ustedes cómo lo están pasando?-Bien, gracias- dijo Aurea.-¡Contigo quería hablar!-Dígame.-Supongo que a estas alturas, mi hijo te ha hablado del Heb-sed.-Sí, ya sé todo.-Entonces quiero invitarte a que estés presente, no sé si tienes que irte, sino puedes quedarte, si te vas vuelve para el Heb-sed. -Gracias...-Quisiera pedirte un favor.-Diga...-Que diseñes otra pirámide para mí.-¿Otra?-Sí otra, pero mejor que ésta.-Papá, yo creo que mejor esperes a pasar el Heb-sed.-Acaso. ¿Dudas que tu padre podrá?-No creo eso.-¿Será que en el fondo quieres eso?-¡Papá!-Bueno, sea como sea, estoy seguro que necesitaré otra pirámide.-Esta bien, le diseñaré otra.-Pero que sea especial...-Será especial, se lo aseguro.-¿Y qué puede tener de especial una pirámide?- dijo el joven ingeniero Ostris, que estaba aprendiendo de Aurea y que posteriormente sería quién llevaría los planos a la realidad.-Será una pirámide estable- dijo Aurea.-Buena idea- dijo Giséo riéndose.-Será la pirámide de la Estabilidad, la calcularemos tan bien que no se derrumbará cuando vaya en la mitad- dijo Aurea y todos se echaron a reír.-Gracias preciosa- dijo Snefru y se fue. Giséo y Aurea siguieron trabajando, pronto los planos estuvieron listos. -A ver. ¿Estos son de planta?-Sí.-¿Y éstos son de elevación?-Sí, déjalos aparte- conversaban Aurea y Ostris.Esa noche, Giséo se quedó a dormir en el dormitorio de Aurea y durmieron juntos el resto de las noches en que ella estuvo en Egipto. Giséo trasladó sus ropas y sus pertenencias al cuarto. Así pasó Aurea casi dos meses en el reino de Snefru.

La Floresta, capítulo VI, "Celebrando a Hapi en el Nilo"

Snefru llamó la atención de los presentes, y detuvo la música, estaba espléndidamente maquillado y vestido.-¡Damas y caballeros presentes!, después del banquete y antes de la media noche, nos reuniremos en reverencia al dios Hapi, que hoy comienza a desbordar su brazo de agua bendita, por lo cual los hemos invitado a comenzar con la festividad del río, por eso estamos todos aquí, ¡Así qué empiecen las celebraciones!Se escuchó un clamor general y se repartió un vino blanco exquisito, todos brindaron un salud por el dios Hapi. Aurea probó el vino que era dulce, le gustó tanto que bebió otro sorbo y otro más. -Bébelo despacio, quiero que estés despierta toda la noche y no te pierdas nada- dijo Giséo sonriendo.-¡Es que es muy rico!-Sí, pero si te bebes todo el vaso te vas a embriagar y la fiesta recién comienza.Uno de los reyes invitado, sonrió cuando el pequeño Cheops, que por esa época tenía cerca de seis años, bebió también del vino. Un general del ejército egipcio, se bebió el vaso al seco y la mayoría de los presentes se sirvieron otro vaso más. Los siervos de Snefru apagaron la mitad de las velas del salón, el resto del palacio estaba obscuro, así se creo un ambiente muy propicio. Con la escasa luz los invitados comenzaron a bailar el ritmo de los seis músicos, que tocaban una melodía algo rápida, pero muy densa, de pronto salieron doce hermosas bailarinas a la pista, en el centro del salón. El salón era inmenso, las mesas estaban por todas partes, con vino, cerveza, cerdo, frutas, peces, cereales de todas clases, carne de buey, etc. Aun así quedaba un enorme espacio para bailar, el suelo era de un granito pulido brillante de color azul, las paredes blancas, tenían relieves de las historias de los antiguos faraones, en jeroglíficos gigantes, las antorchas estaban funcionando con poco aceite, así que, daban muy poca luz.Cuando las bailarinas estaban en su tercera coreografía, los invitados empezaron a sacarlas a bailar, en poco tiempo se creo un gran baile, todas las bailarinas eran hermosas, había una en especial que era la más hermosa de todas, era muy alta y de piernas doradas, firmes senos y larga cabellera crespa y negra, estaban vestidas con unos pequeños trajes de cuero que cubrían sólo lo principal, el resto de su belleza podía ser contempladas por todos. La bailarina miraba a Giséo directamente y de a poco trataba de acercarse a él. Giséo invitó a bailar a Aurea y ella felizmente aceptó. No pasó mucho tiempo antes de que Aurea se diera cuenta, ya con el efecto del vino en la cabeza, el corazón está más claro y los sentimientos manejan la razón.-¿Por qué te mira tanto ella?- Giséo se asombró de la pregunta.-Hemos sido amigos...-¿Amigos?-Sí, buenos amigos- dijo Giséo y bebió otro sorbo de vino.-¿Y por qué no bailas con ella mejor?-Porque quiero bailar contigo, ¿Ya no quieres bailar?-Prefiero salir a tomar aire- dijo Aurea y salieron al balcón, en el horizonte, el Sol se estaba ocultando. -¿Lo ves? ¿Es hermoso no?-Sí, el cielo está color violeta.-Sí, es el dios Atum, salúdalo- Aurea hizo una señal de reverencia.-Él clama ante Osiris, para que nuestra noche sea tranquila y segura.-Es un buen dios entonces- dijo Aurea-¡Salud por él!-¡Salud!- En la noche se podía ver bien desde el balcón las estrellas, Aurea miró y recordó que ella era de allá. ¡Qué ganas de quedarse! ¡Que ganas de gritarle a éste hombre que quer,ia quedarse! Giséo la observó, nunca había visto a una mujer más hermosa y tan inteligente, sería la perfecta madre de un gran faraón, sería una buena compañera para el resto de la vida. Aurea lo miró, se quedaron mirando un momento que parecía eterno, sus ojos brillaban, de pronto Giséo dio un paso,y ésta ves Aurea no retrocedió, inclinó la cabeza, le parecía haber visto siempre esos ojos negros. Giséo se inclinó un poco hacia ella. De pronto un grupo de invitados salió del salón bailando y cantando, siguiendo a Snefru y Heteferes, que llegaron hasta el borde del balcón y los sacerdotes incluidos Djifer, se acercaron portando unas pipas de porcelana. La porcelana era traída de muy lejos en el oriente.-¡Pidamos al dios Atum, que nos proteja en éstas largas noches!- y todos los invitados clamaron en coro.-¡¡Oh dios Atum, ruega por nosotros ante el gran Osiris para que cuiden de nosotros todos los dioses!!- Enseguida los sacerdotes que estaban impecables con unas sotanas negras, acercaron las pipas de porcelana a todos los invitados. Hercarta pasó junto a Aurea y le dio un pequeño empujón en el hombro, que hizo que Aurea soltara la pipa, ésta calló y se destrozó en el suelo, todos los presentes se asustaron. -Sólo fue una pipa- dijo Giséo consolándola, mientras Hercarta desaparecía entre las gentes. Los siervos con largos cerillos encendían las pipas de los invitados y todos comenzaron a fumar. Aurea, trató de no fumar mucho, pero el humo era tan fuerte que se le metía por las narices, pronto todos comenzaron a reír más de lo normal y a cantar, Snefru besaba largamente a la hermosa reina Heteferes de negros cabellos.Algunos de los invitados, reían y besaban a las bailarinas, unas por un momento, luego otras, la promiscuidad de los besos asombró a Aurea, aunque todos se reían y besaban, nadie trató de invitar a Aurea, de pronto Snefru dijo..-¡Vamos todos a venerar a Hapi!- y todos bajaron por una escalera, hasta una loza, que llegaba al desembarcadero, pronto todos estuvieron en el interior del río, pues el muelle se internaba varios metros, a Aurea le costó caminar en la noche obscura, por los costados del muelle había antorchas y la luna llena se reflejaba en el río.-¡¡Oh gran dios Hapi, ven con nosotros e inúndanos de tu fertilidad, manténte en los campos, danos de tus peces y tus plantas medicinales!!- Aurea estaba entretenida con la brillantez de las estrellas.Snefru mandó un siervo, que pronosticará a través del sistema de los dedos cuantos minutos faltaba para la salida de Sirio. El siervo se tendió en el suelo y luego de un momento volvió.-Mi dios, Sirio saldrá dentro de pocos minutos.-¡Entonces vamos!- dijo Snefru y se dirigieron todos al inmenso reloj de Sol que estaba en el jardín, desde allí, se tenía una vista perfecta del horizonte. En pocos minutos todos estaban mirando hacia el sur. Era el mes “Thout”, en la lengua de ellos, justo el diecinueve de julio para nosotros y Sirio aparecía en el horizonte todos los años justo ese día del mes y coincidía con la crecida del río.-¿Ves esa estrella brillante que está apareciendo allá?-Sí, la veo.-Esa estrella es el dios Sirio, todos los años lo adoramos, porque él aparece trayéndonos la crecida del río- cuando Aurea escuchó que era la estrella Sirio se puso nerviosa, se le erizaron los pelos, ¿Cómo unos humanos, a años luz de distancia, podían adorar a la estrella de su planeta Hósforo? Toda su civilización dependía de la salud de Sirio, y en otra galaxia, una civilización emergente, adoraban su estrella natal, que coincidía con la fertilidad del pueblo.Aurea conocía muy bien el universo, desde Hósforo, podía identificar la Vía Láctea a través de los telescopios, pero desde La Floresta, era muy difícil identificar Sirio, a menos que se estudie astronomía y astrología durante años, los egipcios llevaban milenios estudiando el cielo.-¡Sirio ésta brillante! Este año el río será generoso y las cosechas abundantes, y habrá muchos peces- dijo Djifer apuntando a la estrella- ¡Es la hora del sacrificio a Hapi!- dijo, y en el momento, unos siervos tomaron unas trompetas de cuerno de buey, eran cinco siervos que en la entrada del palacio hacían sonar sus instrumentos. Justo salió una joven virgen, vestida y maquillada maravillosamente, era la hija de un capataz y para la ocasión toda su familia estaba invitada, para ella y para todos, ser la virgen del río, era una hermosa y muy importante responsabilidad, puesto que la sacrificada debía ser aparte de virgen, hermosa. La sacrificada pasaba por muchas pruebas de pureza y el mismo sacerdote supremo, le hacía la prueba de virginidad, era una ceremonia entre puros sacerdotes, fumaban amapolas y ponían a la hermosa virgen de carnes apretadas en un altar, el sacerdote la bañaba con aceites y se sacaba toda la ropa, todo parecía un acto sexual, todos observaban a la joven, si ella hacía algún movimiento extraño, o se comportaba de una forma inadecuada, el sacerdote la penetraba con su falo y ella perdía su virginidad, sus disculpas eran que ella siguiera viva porque no era lo esencialmente pura para honrar a Hapi, luego el sacerdote consumaba el acto y la joven vivía toda su vida orgullosa de que la hallan propuesto, aunque aveces se desvirgaban niñas muy jóvenes y no eran sacrificadas porque los sacerdotes no la encontraban pura, generalmente la tercera de las elegidas era la que sacrificaban, en ese caso el sacerdote, pasaba sus manos por la muchacha, la acariciaba pero no consumaba el acto sexual, luego en la fiesta del río, ella sería el regalo a Hapi.La joven se acercó al muelle, todos la siguieron y se instaló un trono, Djifer la despojó del vestido blanco que llevaba, todos debían corroborar lo hermosa y pura que era, si querían, podían ir y tocarla en sus partes íntimas, para comprobar que era virgen. Snefru se acercó a ella y la tocó.-¡Es virgen!- gritó y los sacerdotes la tomaron y la arrojaron al río, en pocos segundos sería presa de los cocodrilos, animales que los egipcios adoraban como a un dios y las fiestas seguían hasta que el río haya tomado su cause normal, lo que aproximadamente era a fines de septiembre.Luego todos los invitados volvieron al salón y bailaron, bebieron y fumaron hasta que quisieron, durante esos días no se hacía nada más que celebrar, existían ceremonias todos los días a diferentes dioses. La construcción no se detenía, pero los capataces e ingenieros hacían turnos para celebrar y trabajar, aun así resulta increíble la precisión en las construcciones egipcias, con errores del orden de los 0,04 milímetros en la cámara del rey de la pirámide de Micerinos y entre los bloques de granito de la pirámide de Cheops en la cámara del rey, no se puede pasar una hoja de cuchillo entre ellos. Algunos celebraban tanto que sólo dormían de día, otros preferían el día para celebrar, durante éstas fiestas, existía mucha libertad. Ya comenzaba a amanecer y la bailarina se acercó a Giséo.-¿Me vas a dejar?-¡No!- dijo Giséo, sin darle otra explicación. La teoría decía que una mujer invitaba a un hombre a dejarla a sus aposentos y el por supuesto iba, claro que no salía de la alcoba hasta el otro día. En todos de los más de cuatrocientos dormitorios del palacio, había vino y cerveza, comida y pipas, así la fiesta se volvía más íntima, pero no menos divertida, había mujeres para todos los invitados...-¿Dónde van todos?- preguntó Aurea mientras bailaba con Giséo.-Se van a dormir.-¿Y en parejas?-Sí, esa es la idea, lamento que no te haya explicado nuestras costumbres, pero pensé que si tú no sabías nada, te sería más emocionante vivirlas.-Gracias, todo ha sido muy interesante.-¿Quieres caminar?-Me encantaría- dijo Aurea y salieron a caminar por la orilla del río. Giséo llamó a dos siervos.-¡Vamos a caminar, tomen sus lanzas y cuiden de nosotros!- llegaron hasta la orilla del río y los siervos los siguieron de lejos, llevaban unas mochilas, Giséo tomó una botella de vino tinto y dos copas.-¿Te ha gustado todo lo que has visto?-Me ha encantado, en algunas cosas ustedes son tan pulcros, claro que otras cosas no me gustaron mucho.-Lo dices por lo de la virgen, ¿verdad?-Sí, sentí mucho miedo y vergüenza.-Pero para todos es un honor ser sacrificado para Hapi.-Si tú lo dices- La vegetación junto al río era exuberante, muchas plantas, árboles, palmas, mucho pasto. Los siervos encendieron una fogata.-¿Te quieres sentar?- preguntó Giséo.-Sí, ya hemos caminado bastante- se habían alejado del palacio, la noche estaba clara, el lento amanecer duraba mucho tiempo.-Vamos hacia la fogata- los siervos dejaron una pipa y se retiraron río arriba, hicieron otra fogata y se embriagaron.-¿Lo tenías todo programado, no?-Eres mi invitada, tengo que preocuparme que lo pases bien- Aurea se sonrojó y le dio una sonrisa, una sonrisa siempre es la llave al corazón. Giséo sirvió las copas, era un grueso vino tinto de palma negra, Aurea bebió del exquisito licor, toda La Floresta aun dormía, no faltaba mucho para el día, la brillantez del Sol se podía apreciar en el horizonte. -Me encantan los amaneceres- dijo Giséo.-A mí también- dijo Aurea, recordando amaneceres que había contemplado sola en otros planetas. En Hósforo, la cúpula no permitía ver amaneceres.-Es como la mejor parte del día, todo se renueva y para verlo, debes estar despierto y sobrio, luego puedes seguir celebrando- dijo Giséo. Existía en Egipto una ceremonia del Sol, para el solsticio de verano, cuando el día es más largo que nunca, algunas veces se celebraba el amanecer del río, ésta vez todos estaban o ebrios, o celebrando en intimidad. -Sí, es romántico- dijo Aurea y miró en el interior de su vaso, a esa hora, el efecto del humo y de los licores bajaba en su cuerpo, pero sentía una estabilidad más placentera aun.-Puedes mantenerte en ese estado mucho tiempo- dijo Giséo, viendo la luz en los ojos de Aurea.-Claro, sino me falta el vino... y se rieron juntos, Giséo dio vuelta su vaso y ambos comenzaron a reírse más.-Tenemos estanques llenos de vino- dijo Giséo y se siguió riendo. Comenzaron a mirarse y con la risa, Giséo pasó a tocar el brazo de Aurea, sintió lo hermoso que sería tocar su piel. La acaricio en el hombro y Aurea le acarició la mejilla, dejaron de reír, pero las sonrisas no se borraron de sus bocas, se olvidaron del Heb-sed, de Egipto, de Hósforo, sólo eran ellos dos, el Nilo y el amanecer, Aurea vio que a Giséo le gustaba tocarla, le tomó de la mano y se la acarició, Giséo se acercó y ya no había nadie que los interrumpiera. Se besaron apasionadamente, sintieron sus labios, solos en aquella orilla, los pájaros comenzaban a volar y ellos seguían besándose, no había nada más, el beso duró milenios, siglos, infinidades, era el beso más apasionado que se dieron jamás, Aurea había besado a otros hombres, pero no amaba a nadie de ellos, Giséo había besado a otras mujeres, pero no amaba a nadie más. Todo fue perfecto, el amor es infinito, es igual en Egipto que en Hósforo, o en cualquier lugar del universo, es lo más grande de todo, lo que realmente importa, lo único por lo que vale la pena vivir. Mientras se besaban, recorrieron sus vidas, todo lo que hacían no era para el amor, Aurea buscaba y buscaba en muchos planetas sin saber qué. Giséo, quemaba sus días en la pirámide de Snefru y en prepararse para llegar a ser un gran faraón, pero ninguno tuvo amor nunca antes. De los besos, pasaron a las caricias, dejaron de mirarse y se rieron, se abrazaron sin palabras, había mucho miedo en preguntar, sólo había que sentir...

La Floresta, capítulo V, "En Presencia de Ra"

La caravana real, llegó al templo. Este era una obra de arquitectura espectacular, junto a la puerta habían dos enormes estatuas de granito, una al dios de la creación Ptah, otra al dios de la reproducción Sokaris. El granito se traía desde las lejanas canteras de Assuán, a más de mil quinientos kilómetros y especializados escultores levantaban innumerables estatuas en las puertas de los templos, en el interior de éstos, en las tumbas, etc.Giséo ayudó a Aurea a descender, ante la mirada expectante de los curiosos, se pararon bajo la estatua gigante de Sokaris, quién tenía cabeza de escarabajo, desde su altura estaba observando hacia la entrada del templo, lo que produjo a Aurea una extraña sensación de ser observada. Luego llegaron el faraón y su esposa, la madre de Giséo y Cheops, bajaron lentamente y todos los presentes se inclinaron en señal de reverencia. Estos servicios se hacían, todos los medios días, era una costumbre religiosa adorar al dios Ra, representado simbólicamente en el Sol, estando en la mitad del cielo despejado. El cielo siempre estaba despejado en Egipto y Aurea, luego de éstos días ya se estaba acostumbrando al calor.Al momento, bajó Heteferes, la reina de Egipto, ella era muy hermosa, de largos cabellos negros, tenía su vida dedicada a las artes, personalmente se dedicaba al maquillaje, lo que era un arte principal, ya que todos acudían maquillados a todas partes. Giséo no acostumbraba a maquillarse mucho, solamente se delineaba los ojos con Alheña, una planta muy cotizada por sus propiedades cosméticas, los egipcios eran unos expertos naturistas, conocían una infinidad de plantas curativas, homeopáticas y narcóticas. Estas últimas tenían un especial uso en las ceremonias religiosas, puesto que muchas corrientes de pensamiento, creían que los conectaban con los mismos dioses. Heteferes acompañada de Snefru, se detuvo junto a Giséo y Aurea, Heteferes la miró a ella y dijo.-Supe que tu ayuda nos fue fundamental.-Así es madre, ella nos ayudó enormemente.-¿Y cual es tu nombre?-Mi nombre es Aurea...-Lindo nombre, me gustaría que nos veamos en la fiesta de la noche.-Ella estará ahí madre- aseguró Giséo, y Heteferes con Snefru entraron al templo, seguido por los demás. El pequeño Cheops, entró con Hercarta y se sentaron a la derecha del altar de Ra, frente a Giséo y Aurea. Snefru y Heteferes tenían un trono al lado izquierdo del altar de Ra, luego venían el resto de los familiares y autoridades. Una vez que se sentaron comenzó una música, consistía en una melodía gruesa y un pequeño bombo marcaba el ritmo, acompañado de arpas y flautas que llevaban la canción. El templo era bastante obscuro y enormemente alto. La flauta era lo más parecido a lo que hoy se conoce como una flauta traversa, el bombo era de cuero de ciervo y la enorme arpa tenía jeroglíficos esculpidos en el cedro, las cuerdas eran de tripa de cordero. Al comenzar la música, salieron seis sacerdotes espléndidamente maquillados, con túnicas enormes de color café, uno de ellos era Djifer. Uno de los sacerdotes sacó de una cajita una larga pipa de vidrio, vertió en su interior unas hojas secas de amapolas y se la entregó al faraón, otro de los sacerdotes encendió la pipa y Snefru inundó sus pulmones del humo de la planta, luego le tocó a Heteferes, ella con un movimiento elegante, aspiró el humo, luego el sacerdote convidó a Giséo, quién convidó a Aurea.-¡Esta tradición es milenaria! Aspira el humo de la amapola y siente la presencia de Ra- Aurea dejó llenar sus pulmones y su estomago por el dulce humo, luego el sacerdote convidó a los demás sacerdotes y a los presentes. Aurea comenzó a sentirse mareada, pensaba millones de cosas, ella sabía de la existencia de plantas alucinógenas y en muchos planetas probó de algunas. El templo de Ra era especialmente construido para éste tipo de ceremonias, en sus paredes estaban las estatuas de muchos dioses y en el centro había una pequeña reproducción de un escarabajo sobre un altar. Este insecto, era uno de los animales sagrados para los egipcios, que estaban a la altura de un dios, así como los gatos y los cocodrilos, las serpientes y los halcones, los escarabajos eran venerados en diferentes ceremonias.Aurea comenzó a sentirse muy extraña, su corazón latía cada vez más rápido, escuchaba como si la música estuviera demasiado fuerte. De pronto levantó la vista, todos estaban relajados observando en diferentes direcciones, sintió un gran miedo al ver los dioses, casi todo el panteón egipcio estaba en el templo. En total eran doce dioses, seis por cada lado. Estaba Num, el dios del caos y cuando Aurea vio sus ojos rojos de piedra rubí, sintió que en el instante él la iba a quemar, sus ojos parecían salirse de sus cavidades, por un momento Aurea sintió mucho miedo, las miradas de Djifer y Hercarta, la hicieron ponerse roja, lo peor era que nadie se daba cuenta. Aurea prefirió mirar a los otros dioses, junto a Num, estaba Atum, era el dios del anochecer, representado en el Sol al ocaso. Atum, tenía unos ojos azules de zafiro. Nut, que es la diosa del cielo, su estatua era una hermosa mujer desnuda, hecha en un granito de color dorado, Nut, parecía seducir a todos los presentes con sus ojos verdes de piedra esmeralda.Aurea, comenzó a sentir su sangre circular por todo su cuerpo, sentía calor y su cerebro parecía que iba a estallar, definitivamente no había sentido eso antes. Luego de que todos estaban en presencia de Ra, comenzó un cántico de alabanza. Todos repetían lo mismo.-¡Dios creador y benefactor, gracias por la vida y por el Nilo, ven a nosotros y llénanos de tu presencia!- decía una estrofa del cántico y en el momento, un rayo de Sol entró por un estrecho orificio en el techo, e inundó todo el salón ante el regocijo de los presentes. Con la luz del rayo, Aurea pudo contemplar la extraordinaria belleza del templo. Principalmente el culto a Ra, se hacía justo al medio día, cuando el Sol estaba en el centro de la cúpula astral e inundaba de luz y calor todo el país. En un momento solemne del servicio, el rayo iluminó el escarabajo de oro que tenía diamantes incrustados y los destellos de millones de rayos de colores llenaron de belleza el templo. Aurea, estaba desconcertada cuando de pronto vio como Djifer hablaba al oído con los otros sacerdotes, señalándola a ella y Hercarta enfrente, no podía quitarle los ojos de encima, su mirada transmitía tanto odio, que Aurea lo pudo sentir, los demás no se daban cuenta, pues estaban llenos de sus propios pensamientos. Por primera vez, en el planeta hermoso que ella llamó La Floresta, sintió el odio y el rencor, sentimientos humanos presentes en la vida cotidiana. Luego que el rayo se extinguió, todos salieron del templo, en la puerta había unos recipientes con jugos y todos pasaban a beber un poco para apagar la sed que el humo causaba, luego de esto, todos volvían a sus quehaceres cotidianos, después de un nutrido almuerzo, ya con la comida en el estómago, el efecto narcótico desaparecía.Todos salieron del templo, afuera poco a poco el bullicio de la ciudad comenzaba de nuevo, es que todos los egipcios luego de ir al templo, se dirigían a su casa a almorzar. La caravana los condujo de vuelta al palacio, desde la altura de la silla, Aurea miraba a los esclavos que transportaban enormes cargas a sus espaldas, los edificios de la ciudad eran de un color blanco, toda la ciudad tenía una espesa vegetación, había cantinas y bares por todas partes.Aurea preguntó a Giséo.-¿Por qué existe la esclavitud?-Porque son pueblos inferiores, que han sido capturados por las tropas del imperio y son llevados a las ciudades para trabajar...-¿Y tú, crees toda esa estupidez? ¿No crees que todos merezcan ser libres?-Sí, aveces pienso que todos deben ser libres, pero yo no puedo hacer nada.-Algún día llegarás a ser Pharaes, ¿No?-Sí, pero para eso que tu quieres, se necesita una reforma que un solo Pharaes no puede cambiar en todo su reinado...-Pero al menos, puedes dejar las bases del cambio, enséñale a tus hijos que la libertad de un hombre es lo más preciado que tiene.-¿Y cómo voy a construir mi pirámide sin esclavos?-¿Es tan necesario que construyas tu pirámide?-Veo que aun no lo entiendes.-No, si tu no me lo quieres explicar.-Bueno, te lo explicaré, pero todavía no es el momento.Mientras Aurea y Giséo hablaban, avanzaron ya hasta las afueras de la ciudad, en el lugar donde se encontraba el palacio. Este estaba junto a un tranquilo brazo del río, tenía una linda playa llena de palmas y kilómetros río arriba, tenían un fluviómetro, que les indicaba el nivel de la crecida del río.Al llegar al palacio Aurea observó el reloj de Sol gigante que tenían en el jardín, los egipcios sabían medir el tiempo en relojes, pero ya todos estaban tan acostumbrados, que era como si tuviesen un reloj biológico.Entraron al palacio y la mesa estaba servida, Aurea y Giséo comieron en el mismo comedor que los recibió la vez anterior que llegaron del desierto. El resto de la familia comía en comedores separados, en ese sentido los egipcios respetaban, que si uno tenía un invitado, lo dejaban compartir sólo con él, solamente compartían todos durante el banquete, en la noche de celebración por el comienzo de la crecida del río.Esta festividad se celebraba todos los años, era de esencial importancia la crecida del río, pues fertilizaba todos los campos, dejándolos inundados de limo, el cual era especial para el cultivo del arroz y el trigo y todas las variedades de plantas que los egipcios cultivaban, como el papiro y el loto, además de otorgarles muchos peces. El almuerzo transcurrió sin novedad y luego Aurea con Giséo se dirigieron a la construcción en Dachur, pronto los nuevos planos comenzaron a ser dibujados y el joven ingeniero Ostris, era el que más empeño ponía en aprender los conocimientos de Aurea. Posteriormente Ostris sería el encargado de construir los planos que Aurea dejaría. Lentamente llegó la noche, después de un largo día de trabajo, en el palacio todos se disponían para la fiesta.Aurea, se dio un largo baño en la tina de granito lijado, era una tina muy elegante de color negro, los egipcios conocían muchas cremas vegetales aromáticas para darse confortables baños. Dos siervas fueron puestas a disposición de Aurea para ayudarla a prepararse, luego del baño, Aurea salió y se miró en un gran espejo que se ubicaba frente a la cama, las siervas la peinaron, en el momento llegó Giséo acompañado de Heteferes.-Aurea, mi madre quiere verte- dijo antes que ingresaran. -¡Hola querida!- dijo la hermosa Heteferes.-Hola reina ¿Cómo está?-Vine a hacerte un regalo, Snefru me contó bien lo de la pirámide y quiero recompensarte con un obsequio mío...-¡Gracias, que lindo!-No, no es la cajita solamente, te voy a maquillar...-Mamá, es la mejor cosmetóloga del imperio- dijo Giséo, feliz.Heteferes entonces, maquilló a la hermosa Aurea, en la cajita negra de ébano, tenía todo un juego de cosméticos los que también le obsequió, pero el regalo más importante, era el acto de maquillarla. Se sentaron una frente a la otra, Giséo observaba la belleza de Aurea.-Te obsequio éste vestido para hoy- dijo Giséo, entregándole el traje más precioso que Aurea haya visto nunca, era un vestido de seda celeste, con bordados obscuros de oro y plata, largo y muy ajustado, era perfecto para el cuerpo de ella.-Tú todos los días me regalas trajes diferentes.-¿Te gustan?- preguntó Heteferes.-Sí, nunca había visto trajes ni vestidos tan hermosos.-Gracias, los he diseñado yo.-¿Usted?-Sí, por eso que desaparecían tantos trajes y vestidos de mi taller- dijo Heteferes riéndose y Giséo se sonrojó.-Las espero luego abajo, voy a darme un baño- dijo y se retiró.El maquillaje hacía ver a Aurea hermosa, una tenue tonalidad colorada en los pómulos, los labios de un color café rojizo, los ojos delineados con lápiz negro, las cejas bien demarcadas, todo hacía ver a Aurea preciosa.-Tienes unos ojos verdes hermosos.-Gracias, los heredé de mamá.-No es común ver en Aequpto ojos claros, ¿De dónde eres?-Soy asiria, pero mis padres son egeos- dijo Aurea recordando lo que habló con Snefru.-Una vez estuve en Nínive, fuimos invitados por el Gobernador- dijo Heteferes, mirándola seriamente.-Sí, ¿Y le gustó?-No, no me gustó mucho, Menfis es más hermosa, pero me gustó el templo que tienen en el centro, ¿Cómo se llama?- preguntó, y Aurea no pudo decir nada, su nerviosismo se dejó notar.-No recuerdo...-Tranquila, sé que no eres asiria ni tampoco egea, no puedo cuestionarte después de lo que hiciste por nosotros, de mí siempre tendrás apoyo, sea de donde hayas venido y veo que de Snefru y especialmente de Giséo, pero déjame decirte que debes tener cuidado, supe que Djifer se retiró enojado de la reunión y el puede ser un gran enemigo.-No quise dar problemas, sólo quise ayudar...-Y lo hiciste, pero ellos no lo ven así.-¿Ellos?-Sí, Djifer es el padre de Hercata, la prometida de Giséo.-¿Y están celosos de mí?-¿No deberían estarlo? Si él te invitó y te protege, es por algo ¿No?-Pero sólo somos amigos.-Pero he visto como se miran.-Le juro que nunca ha pasado nada.-Te creo, pero Giséo debe casarse con Hercarta, solamente cuando sea el Pharaes, podrá anular su matrimonio y quedarse con quién quiera y para eso tiene que pasar mucho tiempo aun, ya que para que Giséo sea Pharaes, Snefru y yo debemos estar muertos- dijo la bella reina mientras terminaba de maquillarla.-¿Muertos?-Sí, ¿Qué acaso no conoces las leyes de los Pharaes?-No mucho, disculpe.-Quisiera ver en vida que mi hijo sea feliz contigo, él nunca ha querido mucho a Hercarta, pero desde que eran pequeños, estaban destinados.-Sí, algo me contó Giséo, pero quiero que usted sepa que no es mi intención reemplazarla. -Sea como sea, me gustaría que mi hijo sea feliz y si él te pide que algún día seas su esposa, deberás aceptar- Aurea bajó la cabeza tristemente, en su interior sabía que más de sesenta días solares no podía quedarse, que si lo hacia rompería con las reglas de su misión y eso era algo que ella no podía hacer, de cualquier forma la encontrarían y la castigarían, era mejor hacer las cosas bien...-Gracias.-Bueno, ahora vístanla y pónganle estos aros y estos collares, son un regalo de Snefru- y sacó de otra cajita unas joyas de oro macizo con esmeraldas.-¡Pero esto es bellísimo!-Hoy será tu primera fiesta del río, debes estar acorde con la ocasión- dijo Heteferes y se fue. Las siervas la terminaron de ayudar a vestirse y luego se retiraron. Aurea se contempló al espejo, se veía bella, se sentó en la cama y sacó su cajita de luz desde el velador. La cajita del tamaño de una de fósforos, estaba hecha de energía iónica y tenía la capacidad de almacenar hasta treinta kilos de materia, en ella, tenía una pulsera del equilibrio, que Ortoedro le regaló una vez, pero ahora contempló la rosa en la cápsula, que le regalaron los simios, la primera vez que visitó La Floresta. Entre sus manos la observó, era perfecta, gracias a la cápsula nunca se destruiría, además tenía una joya que había recibido de regalo en otra de sus misiones.Se levantó y se dirigió hacia la ventana, vio como los esclavos descansaban en las barracas y los primeros bloques con la nueva angulación descansaban para siempre, en la pirámide que después sería conocida como “La Pirámide Romboidal de Dachur". -¿Puedo entrar?- Aurea guardó la rosa en la cajita de luz, que también guardó.-¡Entra!- Giséo al ver los ojos de Áurea con delineador más allá de las pestañas, la hacía ver como una verdadera reina egipcia.-¡Estás hermosa!- dijo mientras trataba de salir de su asombro, una vez la había admirado en el río, luego en un traje de suyo, pero en éste vestido se veía demasiado hermosa. -Gracias, tú también te ves bien.Giséo llevaba puesto un traje plomo con cola y una corona de diamantes, con un cocodrilo de ojos rojos. Bajaron juntos y llegaron al salón principal, donde se daba un gran banquete, había gente de todas partes del reino, gobernadores y hasta reyes de otros países, muchos invitados, mucha comida, cerveza y vino.

La Floresta, capítulo IV, "Error de cálculo en Dachur"


Con la luz de la mañana, Aurea abrió los ojos, rápidamente y de un salto se levantó y se acercó a la ventana, no podía creer lo que estaba viendo. La luz y el calor del Sol le inundaron el rostro al tiempo que frente a ella, doscientos mil esclavos trabajaban en la construcción de la pirámide. Por acá, unos arrastrando los inmensos bloques de piedra, otros por allá, subían los bloques unos sobre otros, con extremada lentitud. Hombres, mujeres y niños, todos esclavos, trabajaban desde que salía el Sol hasta que se escondía, en este magnífico monumento. Giséo tocó la puerta, Aurea se cubrió con una sábana.
-¿Estás despierta? ¿Puedo entrar?
-¡Espera!- dijo ella y se acostó nuevamente
-¡Buenos días! ¿Cómo dormiste?
-Bien, gracias ¿Y tú? – preguntó ella y Giséo entró vestido con un traje hermoso y se paró junto a la ventana.
-¿Viste la construcción?
-Sí, recién desperté y estuve mirando.
-¿Quieres ir conmigo?
-¿Puedo?
-¡Pero claro! Vamos levántate, yo te espero afuera, toma, aquí tienes un traje para hoy, debes parecer una de nosotros. -dijo Giséo, entregándole el traje de una pieza recto, con bordados brillantes color plata. Salió de la alcoba y la esperó en el salón mientras los siervos servían la mesa. Comenzó una música y Aurea buscó el baño junto a la alcoba, se sumergió en una gran tina y se dio un corto baño, luego bajó con el traje puesto y se recogió el pelo, mientras bajaba escuchó la música, no pudo contener su curiosidad, bajó rápidamente las escaleras y Giséo la esperó vestido impecablemente con un traje similar al de ella y con un bastón en la mano, los músicos desde una pieza adjunta tocaban sus instrumentos en una alegre melodía.
-No te pido que le agradezcas y le pidas la bendición a Ra para éste día, pues me imagino que ustedes tienen sus propios dioses, pero al mediodía tendrás que acompañarme al templo.
-¡Que Ra nos ilumine!- exclamó Aurea levantando la tacita con té, sintiéndose cada vez un poco más Egipcia. Luego del desayuno de cereales y frutas, jugos y miel, Giséo ordenó a los siervos se acercaran, porque ellos visitarían la construcción. Se acercó a la puerta y seis formidables esclavos llegaron con unas sillas, sostenidas por dos fuertes maderos sobre sus hombros, todo el viaje de reconocimiento, lo harían sobre las sillas. Los esclavos se ubicaron sobre una escalera especial, para subirse a las sillas y Giséo tomó de la mano a Aurea. -¿Debemos ir sobre ellos?- preguntó sin muchas intenciones de subirse.
-Por supuesto, no tenemos porque cansarnos, ni tragar polvo... Giséo se subió e invitó a Aurea a subirse con él. Estando arriba los esclavos se pusieron en marcha, no eran muy estables las sillas que estaban hermosamente decoradas y eran muy cómodas, pero Aurea se sujetó bien del brazo de Giséo. Comenzaron a avanzar, salieron de la loza que continuaba más allá del palacio y cuando los esclavos pisaron la arena del lugar, recién Aurea pudo contemplar el paisaje. Junto al Nilo existía una exuberante vegetación, el día era caluroso y no corría ninguna brisa, a medida que se alejaban del río parecía que el calor aumentaba, pronto ya eran parte del mar de esclavos que trabajaban en la construcción de Dachur. Los capataces con espada al cinto y látigos en las manos ordenaban los movimientos de los esclavos. En el camino hacia la pirámide, Giséo ordenó a los esclavos acercarse a una cuadrilla que arrastraba un enorme bloque de piedra caliza. Debía pesar por lo menos tres toneladas y un grupo de cincuenta esclavos participaban en el traslado del bloque. Ellos se acercaron al grupo a saludar al capataz.
-¡Buenos días mi señor!- dijo el capataz haciendo una reverencia, todos avanzaban lentamente hacia la construcción, el transporte consistía en que el bloque era arrastrado sobre unos troncos que, mujeres ancianos y niños, intercalaban adelante del cubo a medida que avanzaban, otro grupo de mujeres rociaba los maderos con un jugo extraído de unas cañas que crecían junto al río, para evitar la fricción excesiva y aligerar el peso. El resto de los esclavos tiraban del bloque con cuerdas y cintos de cuero abrazados al cuerpo. El avance del bloque era lento puesto que en algunos sectores, el viaje entre las canteras y la pirámide era de casi setecientos kilómetros.
Así la vida de los esclavos era muy corta, y sólo los más fuertes llegaban a los treinta o cuarenta años, los ancianos que sobrevivían eran destinados a otras faenas, pero la mayoría moría joven, después de haber pasado toda su vida como esclavo del faraón. Aunque no era una vida fácil, a los esclavos que eran cientos de miles, no les faltaba el alimento. Tan sólo los que tenían una mejor capacidad intelectual y podían desempeñarse demostrando que eran útiles, podían optar por una labor menos pesada, llegando a ser siervos de los sacerdotes, de la familia real o de los administrativos del reino. También podían llegar a ser escribas o capataces en la construcción. Existían esclavos que lograban escapar a la tiranía, aunque solo muy pocos lograban sobrevivir al desierto, mayormente todos creían en la divinidad del faraón. Había pueblos de esclavos, que provenían de los territorios conquistados y que luchaban por obtener su libertad, a pesar de que gozaban de una cierta libertad religiosa, una vez que se entraba a la esclavitud, no se podía salir jamás. Giséo preguntó las medidas del bloque y que ubicación tendría, estaban todos los bloques calculados de antemano y los capataces contaban con un puñado de planos básicos, con las medidas del bloque y su ubicación definitiva. Giséo participaba normalmente de la construcción, como ingeniero, no se había ausentado últimamente, hasta aquella noche que vio caer la estrella y decidió salir a buscarla, pero ahora quería incorporar a su amiga Aurea en la inspección de la obra. Giséo revisó el bloque por todos sus ángulos y comparó las medidas con las de los planos. Los egipcios utilizaban una unidad de medida llamada “codo egipcio” y que es casi la mitad del metro que se usa hoy en día. La caravana llegó con el bloque justo hasta el lado de la pirámide. Desde este lugar la pirámide parecía un monumento colosal y aunque solamente llevaban la mitad de la construcción, el tamaño de una persona junto a la estructura, lo hacían sentir insignificante. Aurea comenzó a observar un grupo peculiar de trabajo, era un grupo que armados de cinceles y martillos estaban tallando un jeroglífico inmenso que iría a parar en uno de los pasillos ascendentes que conducían a la cámara del Rey. El jeroglífico en si, representaba la festividad que estaba por comenzar, la idea era que el faraón en el mas allá recuerde un momento feliz de su vida y la felicidad que brindaba la subida del Nilo era incomparable. A comienzos del séptimo mes, la crecida del Nilo coincidía con la aparición en la mañana de la estrella de Sirio por el horizonte. La subida del río era perfectamente exacta, todo los años, el séptimo mes del año Egipcio, el río comenzaba a crecer, inundando los campos que posteriormente se podían cultivar, en ese sentido, los Egipcios era unos expertos agrimensores, pues cada patrón tenía a su cargo el cultivo de cierto tipo de vegetal y una determinada cantidad de terreno, todas las ganancias por los cultivos, que les sobraba a los patrones, luego de cubrir sus gastos, iban a parar a las arcas del Faraón.
La festividad por la crecida del río comenzaba en el séptimo mes y continuaba extraordinariamente hasta mediados del noveno mes, consistía en bailes, banquetes y principalmente esperar también que terminen las inundaciones de los campos. Lo que pasaba con los egipcios, es que ellos no vivían el tiempo en un sentido lineal de avance, como nosotros, sino más bien, veían su existencia en la tierra, como una experiencia que les serviría en sus vidas posteriores. Por lo tanto lo egipcios se preocupaban mucho de la vida sana, aunque durante las festividades era muy difícil encontrar a alguien sobrio. Bajaron de las sillas y Aurea observó cuidadosamente, mientras Giséo cuidaba la colocación del bloque, a los escribas que lentamente daban forma a los jeroglíficos de la festividad del río.Giséo se acercó a ella, todos los capataces que conocían a Giséo, corrieron la voz de que él había traído a una extraña. Todo el lugar estaba plagado de obreros, junto a los escribas, los esclavos y los capataces, estaba lleno de albañiles y esclavos que se preocupaban del estado de los andamios, de trazadores, etc. Giséo invito a Aurea a inspeccionar el interior de la pirámide, mientras levantaban un gran bloque con jeroglíficos por una de sus caras. El sistema de elevación de los bloques consistía en todo un sistema de cuerdas y poleas que los levantaban lentamente, mientras otros esclavos iban colocando maderas debajo del bloque de piedra caliza, cada vez que era levantado hacia un lado, luego se repetía la acción del otro lado alcanzando una velocidad y sincronía notable. Ingresaron a la pirámide por una entrada que posteriormente sería clausurada, ya que la entrada principal al sistema de corredores internos quedaría a unos veinte metros de altura mirando al sur. Avanzaron lentamente por el pasillo, en los rincones trabajaban unos esclavos, que retiraban los escombros de la faena.
Cuando ellos llegaron a la pirámide, llevaban ciento cincuenta pies de construcción en su punto más alto, es decir la pirámide llevaba construida casi la mitad. De pronto un capataz salió del interior de la galería gritando y pidiendo ayuda, justo en el momento en que Aurea y Giséo llegaban a la que sería la cámara sepulcral, pasó un capataz y en el momento en que vio a Giséo entro en cordura.
-¡Mi señor, hemos tenido un terrible accidente!- dijo el capataz nerviosamente y todos entraron corriendo hasta el lugar de los hechos. Arriba, al final del pasillo un grupo de esclavos trabajaba arduamente, tratando de levantar un pesado bloque de piedra que se quebró en dos y cayó sobre unos esclavos matándolos instantáneamente. Uno de los capataces de Giséo estaba atrapado bajo los escombros, estaba vivo aun pero no podía escapar, porque tenía la pierna atrapada bajo toneladas de roca.
-¡Lleven a los muertos afuera, ayúdenme a rescatar a Ata!- ordenó Giséo y rápidamente el pasillo se fue llenando de esclavos y siervos que ayudaban a rescatar al capataz. Entre todos y ayudados de palancas pudieron sacar al hombre que tenía las piernas hecha pedazos, incluso Aurea ayudó en la tarea de rescate, así pronto recogieron los escombros y los muertos fueron retirados del lugar. Giséo ordenó que Ata fuera llevado al altillo de Snefru para que recibiera los primeros auxilios. Se trasladaron hasta el altillo que se ubicaba junto a la pirámide. Era una estructura alta, con todas las comodidades para el trabajo ingenieril. El faraón Snefru pasaba todo el día con los ingenieros y capataces, inspeccionando la obra. Un gran alboroto se produjo en el altillo, al momento de socorrer al capataz. En una habitación contigua fue atendido y Snefru llamó a Giséo a una reunión con los ingenieros en el salón principal, se hizo acompañar por Aurea, para presentarla como su amiga ante el faraón.
-¡Querido hijo! ¿Cómo estás?- saludó el faraón con un gran abrazó a Giséo. En el salón estaban las mentes más brillantes de Egipto. Un heterogéneo grupo de ingenieros experto en geometría, arquitectura y física, quienes tenían sobre sus hombros la responsabilidad de construir la pirámide de Snefru. Desde el altillo se tenía una inmejorable visión de la construcción. Por todos lados había planos de pápiro con los bosquejos y dibujos de la construcción, algunos que se preocupaban del bienestar del faraón y sus colaboradores tenían todo el lugar impecable, era extremadamente lujoso, con alfombras y jarrones llenos de fruta. Antes que empiece la reunión, Giséo presentó a Aurea ante Snefru. Este estaba sentado y Giséo indicó a Aurea que se incline ante su presencia, Snefru era un hombre de unos cuarenta años, vestido con un traje de dos piezas con cueros muy finos, tenía bordados de oro y plata, y lucía un maquillaje perfecto. Sobre su cabeza lucía una corona con una serpiente en la frente, los ojos de la serpiente eran de diamante. Snefru quedó impactado ante la belleza de Aurea. Giséo se preocupó de que la presentación sea formal, los ingenieros y capataces presentes, estaban todos en posición de respeto ante el faraón.
-Padre, ella es una amiga que encontré en el valle de los saltos, donde cayó la estrella...
-¡Buenas!- dijo Aurea temblorosa, Snefru movió la cabeza en señal de aprobación, la solemnidad del momento era algo que la informal Aurea no comprendía muy bien, aunque se daba cuenta que él hombre que tenía enfrente era alguien demasiado importante, Rey de todo este imperio.
-Ella es de oriente, andaba en lo mío junto al río, la tomé como amiga y te imploro tu bendición...
-¿Cuál es su nombre?- preguntó Snefru.
-Mi nombre es Aurea- respondió ella.
-Pronuncia bien nuestro idioma...- respondió Snefru- ¿De dónde es usted?
-Soy de oriente, tengo estudios de lenguas, por mi trabajo debo manejar muchos idiomas y el suyo se parece a uno que aprendí hace muchos años... En efecto la lengua egipcia era más bien simbólica, las palabras no representaban una idea fonética, sino que una idea de signo. Aurea comprendió inmediatamente la lengua al encontrar a Giséo, hacía unos años, en uno de sus viajes a un planeta minero, existía una tribu que tenía una lengua muy similar, por lo cual a Aurea no le costo mucho comunicarse con ellos.
-¿De qué país es usted?- preguntó Snefru.
-Ella es ninivense- respondió Giséo, tratando de no preocupar a su padre.
-Pues no me parece una asiria, más bien me parece una egea- agregó el faraón.
-Mis padres son inmigrantes- dijo Aurea tratando de terminar las dudas.
-Entonces, ¡Bienvenida dama!- terminó de decir Snefru, dándose cuenta del interés de su hijo en proteger a la joven.
-Gracias papá- respondió Giséo, ya más calmado. Snefru se levantó y dio comienzo a la reunión.
-¡Señores, acérquense por favor!- todos los presentes estaban nerviosos, cada uno de ellos sabía que un bloque de la pirámide que se rompiera, atrasaba el trabajo enormemente, más aun si mataba útiles esclavos y hería un preciado capataz. Todos sabían que podría costarles el puesto un accidente como éste.
-¿Quiero saber qué pasó?- dijo Snefru a los presentes. Un joven ingeniero tomó la palabra.
-Mi señor, lo que sucede es que después de alcanzar los noventa y un codos en la construcción, se ha determinado que la estructura no está respondiendo como todos esperábamos.-
¿Qué quiere decir con eso de que no está respondiendo?- preguntó Snefru enojado.
-Mi pharaes, hijo de Osiris, lo que quiero decir es que el bloque de caliza que se partió a la altura de la galería del rey, fue porque la estructura está tomando demasiado peso.
-¿Y eso, no estaba calculado de antemano?- preguntó ya más enojado el faraón.
-Me temo que nos hemos equivocado, mi dios viviente... -contesto el joven ingeniero, Snefru tomó su bastón y caminó hacia los ventanales, afuera acomodaban un bloque, en una pequeña pirámide contigua a la mega estructura, ésta era de menor tamaño, era la pirámide de Heteferes, esposa de Snefru y madre de Giséo y Cheops.
-¡Me está diciendo que el pharaes no tendrá su pirámide para el comienzo del Heb-sed!- un silencio general dejó a todos los presentes helados. Aurea miraba con atención los planos a su alrededor. Sabían todos los ingenieros que un arrebato del faraón podía costarles la vida. Aunque también Snefru, sabía que sin éste grupo de intelectuales no terminaría nunca su pirámide para el inicio del Heb-sed. Aurea sentía una inmensa seguridad, al saber que se trataba todo esto, sin querer, estaba presente en un problema grave, sino ayudaba con alguna solución, habrían otros mucho peores. Lo que sucedía era que todo egipcio ha vivido su vida esperando el Heb-sed, el faraón debía comprobar su calidad de dios viviente y toda su vida se había preparado para eso. Si no tenía su pirámide la vida de cada uno de los que vivían en el imperio y el significado de toda la vida en Egipto, no tenía sentido. El silencio se extendió terroríficamente entre los presentes. Cuando Aurea habló, todos quedaron aun más helados, nadie conocía a esta joven y la impresión cundió en el lugar.
-¡Pharaes, si usted me lo permite, yo puedo ayudarlo a terminar su pirámide!- dijo Aurea ante el asombro de los presentes. Giséo la miró extrañado y Snefru se dio vuelta bruscamente y observó a Aurea a la cara.
-¿Y cómo podrías ayudarme tu jovencita?- dijo Snefru sin mostrar un solo tipo de sentimiento en su rostro, aparte de sus dudas.
-Tengo estudios de física, si me deja revisar sus planos, la pirámide podrá ser terminada- dijo valientemente la hermosa Aurea.
-¿Qué podría saber una jovencita de física?- dijo uno de los más viejos ingenieros presente y quién era el principal culpable del error de cálculo, su nombre era Djifer. Aurea tomó los planos de elevación y los estiró sobre la mesa del centro, buscó las cotas de los ángulos de inclinación y dijo.
-¿El ángulo de inclinación, en la elevación de los costados es de cincuenta y cuatro grados?
-Así es- respondió Giséo.
-Sí bajamos los consiguientes ángulos de inclinación aproximadamente a cuarenta y tres grados, la pirámide podrá ser terminada y la base podrá resistir el peso del techo de la pirámide, pues su peso bajará ostensiblemente.
-¡Buena idea!- dijo uno de los ingenieros.
-Pero si bajamos el ángulo de inclinación, ya no alcanzaremos la altura que habíamos deseado y la figura de la pirámide cambiará notoriamente- dijo el ingeniero Djifer, tratando de contradecir lo que opinaba Aurea.
-¿Prefiere aceptar un cambio en los ángulos de elevación ingeniero Djifer, o perder su puesto?- preguntó Giséo, consiente de que la influencia del ingeniero era muy grande sobre su padre y podía dejar mal parada a Aurea.
-No se trata de eso, creo yo, sino más bien, de encontrar soluciones inteligentes al problema- respondió irritado Djifer.
-¿Y qué solución me da usted?- preguntó Snefru.
-Para darle una solución mi amo, deberíamos tener una comisión ingenieril, que revise detalladamente uno por uno los bloques de la galería del rey.
-¿Eso significa retrasar la construcción?- preguntó Snefru.-
Tal vez un par de días, hasta encontrar una solución- respondió Djifer.
-Pero todos los bloques angulares superiores de la galería a la cámara del rey están agrietados, uno cedió y mató siete esclavos y el capataz Ata resultó herido, ¿Qué más pruebas quiere, para darse cuenta que ese ángulo de elevación es imposible de mantener?
-Mi joven amo, permítame recordarle que yo construí y diseñé las pirámides de sus abuelos en Sakahara.
-Si se instalan una hilera más de bloques, el daño estructural será irreparable- le dijo Aurea a Giséo sin querer decirlo más fuerte.
-Quisiera saber la opinión del resto de mis colaboradores, Giséo y Djifer, no son los únicos aquí presentes- agregó Snefru muy molesto. Un joven ingeniero dijo...
-Mi amo, revisamos personalmente con el amo Giséo la estructura de la galería ascendente hacia la cámara del rey y las grietas son profundas. Mi opinión es que la idea de la señorita es simplemente genial, será la única forma de que podamos terminar la pirámide para el Heb-sed.- El resto de los ingenieros presente se mantuvo al margen.
-Padre, yo creo que la decisión es suya, pero también creo que si bajamos el ángulo de inclinación cerca de los cuarenta grados, podremos salvar la pirámide.
-Opino que la desconocida dama aquí presente nos ha salvado de un problema grave, le debemos nuestro respeto y nuestra colaboración, le pido que si usted, tiene estudios de ingeniería como dice, nos asesore en la confección de los nuevos planos y le otorgamos todos los servicios para que su estada en mi reino sea agradable. Entonces desde éste momento, yo Snefru, la nombro ingeniero calculista del pharaes, tendrá los beneficios propios de su cargo y podrá quedarse como invitada de mi hijo cuanto tiempo guste, hoy en la madrugada comienzan las fiestas de la crecida del río, espero que se divierta y que nos ayude. Mi pirámide ha sido salvada por usted, veo que mi hijo no encontró su estrella, pero también veo que Osiris la ha enviado a nosotros especialmente para comenzar el Heb-sed.
Desde ese momento Aurea pasó a ser integrante del grupo ingieneril, aunque no podía creer lo que estaba sucediendo a su alrededor, sin lugar a dudas, sino hubiera aportado con sus conocimientos en la reunión, todos estarían en graves problemas.
-Si no puedo ayudar en nada, me retiro entonces, permiso- dijo el viejo Djifer, salió del salón ante la incredulidad de los presentes. Mal que mal, era él, quién había educado en las ciencias de la ingeniería y la arquitectura a casi todos los presentes, incluso a el propio Snefru.
-Le pido que esté presente al mediodía en el templo de Ra- terminó de decirle Snefru a Aurea y se retiró a una pieza contigua. Giséo la abrazó y le dio las gracias, e inmediatamente todos se dispusieron a la confección de los nuevos planos. Cerca del mediodía dejaron las labores y se dirigieron al palacio. Giséo le entregó un traje especial de color azul obscuro con bordados de oro y plata a Aurea, para que asistiera como invitada de honor a la ceremonia que todos los medios días se rendía al dios Ra.
Como de costumbre fueron transportados sobre las sillas, en los hombros de los esclavos, el templo de Ra, quedaba camino al Delta, en la gran ciudad.
Arriba de las sillas Giséo sacó un collar y unos aros de lapislázuli y oro preciosos.
-Este obsequio es para que lo exhibas en tu hermoso cuello y como muestra de mi agradecimiento- le dijo y se lo colgó al cuello, mientras ella se colocaba los aros.
-¡Gracias, son muy bellos, debe ser una pieza costosa!
-Te debo inmensas gracias por lo que hiciste en la reunión.
-Algo debía hacer ¿No?
-Sí, pero ¿Cómo obtuviste todos esos conocimientos de física y geometría? ¿Y, por qué no me quieres decir de donde vienes exactamente?
-Cuando sea el momento te lo diré.
A medida que se acercaban a la gran ciudad, podían ver lo esplendoroso de las construcciones egipcias, las avenidas coronadas por inmensos obeliscos con inscripciones jeroglíficas, los templos tenían junto a sus enormes puertas inmensas estatuas de los dioses. Cerca de la ciudad, los transeúntes se reunían a ver la caravana real, que se dirigía al templo de Ra. La ciudad junto al río, poseía una excepcional avenida costanera, llena de gigantescas palmas. Este árbol constituía un importante elemento en la vida egipcia, ya que de él, se obtiene un exquisito vino, además que con sus ramas se obtienen formidables cuerdas. En la ciudad vivían administrativos y comerciantes. Por estar ubicada justo antes del Delta que desagua al Nilo en el Mediterráneo, la ciudad de Menfis, fue durante milenios la capital del comercio egipcio. Cerca del inmenso templo de Ra, estaba ubicado el importante terminal fluvial, contacto del imperio con las demás provincias y los demás países. En ese sentido la gran ciudad era fundamental, además que el vino de palma que se producía en la provincia era exportado a todo el mundo. Este licor cobraba fundamental importancia en las festividades, que estaban por comenzar, pues todos los egipcios celebraban la subida del río, embriagándose en vino y cerveza. Aurea ya estaba acostumbrada al asombro, cuando vio la enorme ciudad no lo podía creer, tranquilamente en la gran capital del imperio del faraón Snefru, el más grande constructor de pirámides en vida de la historia de Egipto, inaugurador de la cuarta y más importante dinastía, vivían cerca de dos millones de personas. La sociedad egipcia constaba con tres estamentos sociales, el primero; de los obreros que trabajaban encargados de las tierras, quienes eran el grueso de la población, los segundos; patrones, comerciantes, administrativos y soldados. Y los sacerdotes además de constructores y la familia real, eran la cúspide de la sociedad. Existía un cuarto grupo que estaba excluido de toda actividad social, por ser de otras religiones y razas, que eran los esclavos y no participaban de nada.

La Floresta, capítulo III, "Un encuentro inolvidable"

Pasaron los treinta y cinco días de espera, que para Aurea fueron interminables. En la plataforma de lanzamiento estaban el profesor Angular y Ortoedro, la nave se elevó y Aurea se fue con ella por la compuerta de la cúpula.
La Floresta permanecía casi igual al lugar que Aurea había recorrido. Al llegar observó un inmenso mar y lo sobrevoló hasta encontrar tierra firme, calculó las coordenadas y viajó hasta el lugar donde había estado la primera vez.
Bajó la nave en una colina cercana y esperó hasta que amaneciera, reconoció el lugar por su geografía, aun estaba el río pero ahora no estaba el bosque, río arriba vio una cascada y se dirigió a ella, llevaba el traje epidérmico consigo.
La belleza de la pequeña cascada era singular, toda llena de vegetación y pájaros, de pronto un pequeño venado se acercó a beber agua entre las rocas.
Sintió la humedad del lugar, aunque ahora el calor era mucho más sofocante que la primera vez, había plantas de todo tipo y colores, muchos insectos, todos desconocidos para ella, cuando el venado se percató de su presencia salió dando grandes saltos y se perdió detrás de unos arbustos, toda la caída de agua y el siguiente río eran una maravilla, parecía un oasis en medio de la llanura, paseó durante todo el día río arriba acercándose a la cascada donde la vegetación se hacía más espesa, Aurea no pudo resistir los deseos de darse un baño.
Estaba en medio del río disfrutando de la frescura y suavidad del agua, algunos peces se le acercaban y con sus movimientos se espantaban, Aurea había dejado su traje y su ropa en la orilla y se encontraba desnuda, de pronto cuando observó muchos pájaros sobrevolando el lugar, sintió de nuevo esa sensación, ahora más clara que antes, ahora era capaz de distinguir que tipo de sensación era, sentía la presencia de antes, como que la estaban observando, miró a su alrededor y no vio a nadie.
De pronto una bellota cayó en el agua junto a ella, se volteó y vio la bellota sumergirse, luego otra y al levantar la vista, inmenso fue su asombro al ver a alguien sentado en una roca a una altura junto a la cascada sonriéndole...
-¡Hola!- dijo él en un idioma muy extraño y ella se asustó tanto que sin importar su desnudes, se acercó a la orilla y se vistió.
Él tomó su bastón y se puso de pie, mientras ella sin quitarle la vista de encima, activó su traje epidérmico, sólo así se sintió segura. Él comenzó a bajar y a tratar de acercarse a ella, pero ella retrocedía, cuando él estuvo frente a ella, a unos metros de distancia, ella lo pudo observar bien, era un tipo raro, con unas ropas de cuero y un cinto en la frente, que cubrían sus largos cabellos, un collar de metales, unos brazaletes, unas faldas de cuero y unas sandalias, vio en su cinto y en la punta de su bastón, la cabeza de un animal, pudo reconocerlo de inmediato, era un felino, era una cabeza de gato.
-¡No temas!- dijo él- ¡No quiero hacerte daño!
-¡No es eso!- dijo ella en el idioma de él, aún muy confundida- ¡Es que, no sabía que en este planeta existía vida inteligente!- agregó y ahora el asustado era él.
-¿De dónde eres?
-De muy lejos- respondió haciendo un gesto con la cabeza y observó los pájaros que sobrevolaban el lugar.
-¿Cómo te llamas?- preguntó él.
-Aurea es mi nombre- contestó y él trató de acercarse un paso.
-¡No temas!- volvió a decir él.
-¡No te temo! Es que aun estoy muy sorprendida.
-¿Por qué, es que nunca habías visto un Aequpcio?-
¿Aequpcio? ¿Ese es tu nombre?
-No disculpa, no me he presentado, mi nombre es Giséo- respondió él y ambos se sentían, ya más tranquilos.-Aequpto es mi pueblo, al norte de aquí, ¿Y tú, eres de Oriente?
-Sí, de oriente- dijo ella, tratando de dar algún tipo de explicación.
-Veo que te gusta bañarte en el río sagrado, lástima que te interrumpí...
-No, no te preocupes...-
¿Cómo es eso, que no sabías de vida inteligente en este planeta?
-No, disculpa en este lugar quise decir- agregó ella, haciéndolo sentir más tranquilo y a medida que iban conversando y conociéndose, ella pudo reconocer su presentimiento, ahora en presencia de él, todo era mas claro.
Caminaron durante bastante rato río abajo, donde Giséo supuestamente vio la estrella.
-¡Bueno!, Ahora que nos conocemos, dime, ¿De dónde eres, en particular?
-De muy lejos, ya te dije, de muy lejos.
-¿Y, qué andas haciendo por aquí?
-Mm, paseando.....
-¿Paseando? o es que también estás siguiendo la estrella...
-Sí, eso es, estoy siguiendo la estrella.
-Entonces acompáñame, busquemos la estrella- dijo él y comenzó a caminar río abajo, esperando que ella le siguiera.
Caminaron un momento sin hablar, se observaban mutuamente, estaba cayendo la tarde y ella preguntó.
-¿Por qué sigues la estrella?
-¿Por qué? Por todo, mi pueblo ha esperado cientos de años la venida de los dioses en esa estrella, todos saben que ella indica la venida de los dioses a nuestro pueblo y que nosotros somos los elegidos, anoche cuando le vi descender del cielo, supe que yo era el elegido de mi pueblo. ¿Y tú por qué vienes sola y desarmada desde Oriente? todos saben que Aequpto es el pueblo elegido...
-Por eso- agregó ella, tratando de no empeorar las dudas- ¡Por que quiero conocer Aequpto!- dijo, sin saber que más decir.
-¿Quieres conocer Aequpto? ¿Sabes que te pueden matar en aquel lugar?
-¿Matarme? ¿Por qué?
-Durante años, Aequpto ha luchado con los pueblos de Oriente, por tus extrañas ropas, tus cabellos claros y tu piel blanca, los Sacerdotes creerán que eres de un pueblo más allá de Oriente, tal vez del norte y con mayor razón te matarán.
-¿Y tu por qué no lo has hecho?
-Por qué yo no creo en la guerra, creo en la superioridad de Aequpto, pero cuando yo sea Pharaes no habrá guerras.
-¿Pharaes?- Preguntó ella, sin saber.
-Sí, cuando muera mi padre, yo seré el próximo Pharaes- comprendiendo ella que se trataba de un título de realeza.
Caminaron un poco y el asombro de ella, ahora se transformó en miedo, a lo lejos vio a cuatro hombres y una tienda, todos ellos estaban armados y con ropas similares a las de Giséo.
-¿Quiénes son?- preguntó asustada.
-Son mis siervos, andan conmigo- respondió él, tranquilizándola, al llegar los ciervos se inclinaron en señal de reverencia.
-¡Ella es una peregrina, anda extraviada y nos acompañará en la búsqueda de la estrella!- dijo él a los siervos, que asintieron con la cabeza y no dijeron nada.
Ellos no podían dirigirle la palabra al futuro faraón. Giseó entró en la tienda y salió con una muda de ropa.
-Toma, cámbiate esa ropa, que deberemos quemarla- Aurea, con timidez, entró a una sección de la tienda y mientras se sacaba el traje, observó los utensilios y las armas, unos rollos de papel estaban sobre una mesa y algunos mapas.
Se vistió con los nuevos atuendos pero no se deshizo del traje epidérmico, ni de la cajita de luz en la que guardaba la rosa y otros recuerdos más.
-¡Preparen la merienda!- ordenó Giséo y en el momento que él preparaba el fuego para quemar las ropas de Aurea, ésta llegó a su lado, Giséo observó a la joven desde las sandalias hasta la cabeza, se veía hermosa con ese traje que dejaba ver sus piernas y sus tersos brazos, era un traje sin mangas y de una falda plisada, todo de muy fina seda y cuero y aunque era un traje de hombre ella se veía espléndida.
-¡Te ves hermosa!- dijo él en tono suave.
-Gracias- respondió ella sonriendo, mientras le alcanzaba su ropa para quemarla. La noche ya caía y se sentaron junto al fuego a servirse la merienda, Giséo ordenó a dos de los cuatro ciervos que durmieran, porque la búsqueda continuaría mañana y en seis horas, deberían reemplazar la guardia, los otros dos, les sirvieron la comida y se retiraron, uno a cada lado de la tienda.
El sol se escondía junto a las montañas y Aurea se maravilló del color que tomaba el cielo. Mañana sería un día muy caluroso, argumento Giséo, observando el color rojizo del cielo.
Todos en la Floresta se disponían a dormir y Aurea observó las últimas aves cruzar el horizonte y los últimos animales yendo río abajo antes que caiga completamente la noche.
-¿Quieres más?- preguntó Giséo, sirviéndole un poco de un exquisito té.
-Sí, gracias- respondió ella, sujetando el tazón en sus manos, sus miradas se cruzaron nuevamente, como tantas veces se habían cruzado ese día y aunque ninguno de los dos sabían exactamente por qué, se sintieron muy bien, muy alegres, estando juntos.
Giséo le contó algunas historias y lo duro que era ser el próximo faraón de un pueblo tan poderoso como Egipto, aunque se tenían muchas comodidades, muchos lujos, Giséo no se sentía completamente a gusto.
Aurea por su parte, sin poder decirle quien realmente era y de donde venía, le contó historias de sus amigos y de lo mucho que le gustaba aquella región, cambiando claro, las situaciones, para que Giséo comprendiese.
Observó el cielo estrellado, ya estaba la noche encima y la luna se dejaba ver en su más espléndida blancura y mientras Giséo le decía algo acerca de Egipto, esta no lo escuchaba y pensaba en lo que significaba estar donde estaba, en lo impresionados que quedarían todos allá, cuando les cuente que en este planeta si existía vida inteligente y que ese sentimiento que había tenido antes ahora era más claro.
Pero recordó el problema del tiempo y que sólo podía estar algunos días más...
-¿En qué piensas? Te he estado hablando y no me has escuchado nada.
-Disculpa, pensaba en mi pueblo.
-Los extrañas muchos, si quieres puedo hacer que te lleven de vuelta a...
-¡No! No es eso, lo que pasa es que todo esto es muy nuevo para mí, tu no lo entiendes, pero aún estoy muy sorprendida de haberte conocido y tengo muchas ganas de conocer tu pueblo, pero es que no me podré quedar mucho tiempo.
-¡Bueno! Entonces aprovecharemos el tiempo que puedas quedarte- respondió él y se sirvió el último sorbo de té. Vio que ella tenía la vista pegada en las estrellas.
-¿Te gustan?- preguntó él.
-¡Si, me encantan!- respondió ella, observando el cielo desde otro extremo del universo, nunca se hubieran imaginado lo que estaba pasando y recordó unas palabras que le dijo su abuela antes de partir, cuando ella era una niña. “Algún día, sabrás él por qué de todas las cosas y no tendrás que estudiar tanto y querer viajar tanto, buscando y buscando”.
Quizás por eso se había hecho astronauta, para poder viajar y tal vez por eso estudio tantos idiomas y hasta que no estuvo en la Floresta no obtuvo respuestas.
Ahora que tenía a Giséo junto a ella, que podía ver bien el universo, no desde un telescopio ni desde su computadora, ni siquiera desde a ventanilla de una nave y aunque sabía que lo que veía era solo un brazo de los millones de brazos de la Vía Láctea y que esta era solo una galaxia entre millones, comprendió el por qué de todas las cosas, ahora que estaba en un planeta desconocido, comprendió que muchas de sus dudas tenían respuesta, que ya no sería necesario seguir buscando, y que junto a este hombre, junto al fuego y las estrellas que parecían aplastarla, sentía aquello que la intrigaba tanto, junto a este desconocido se sentía segura, entonces lo miró y él que estaba atizonando el fuego la miró también, y sus ojos negros de él, le parecieron familiares y reconoció en las llamas que se reflejaban en su rostro, otras llamas, sus propias llamas quemándola por dentro, y él, en los ojos verdes de ella, en su cabello castaño y en su piel tersa, en su figura distinta y en su acento extraño, comprendió también que era el único que podía entender cosas que nadie más comprendía, porque sus miradas era más profundas que el mismo universo, y ahora el tiempo no pasaba por ellos, que importaba mañana, que importaba el sistema Sirio, Hósforo, que importaba Egipto, ahora ellos, ella y él, comprendieron que un instante es más eterno que la eternidad, que las miradas así, profundas, eran mas duraderas que cualquier tormenta, que un ser con los ojos tan transparentes, no podía contener maldad.
Aunque ella quisiera gritarle que no era de Oriente y él quisiera gritarle que ella era lo más hermoso que había visto nunca, aún más que el mismo Nilo, ninguno de los dos dijo nada, permanecieron así juntos, uno al lado del otro, viendo el fuego que quemaba las últimas tiras de ropas de ella, todo su pasado toda su vida se hacía humo y ella, aún con temor ante el destino y lo desconocido, dejó apoyada su cabeza en el hombro de él.
Giséo se sorprendió un poco, pero después comprendió, ella era una criatura tierna, frágil y suave, le hizo cariño en la cabeza y al rato Aurea se quedó dormida.
Cuando amaneció, Aurea despertó, miró a su alrededor y no vio a nadie, estaba dentro de la tienda, sobre un fino colchón tejido de tallos, en un sector de esta, separada por finas cortinas de seda y tapada con finas sábanas también, buscó a Giséo y se levantó, salió de la tienda, que dos siervos cuidaban mientras ella dormía, uno a cada extremo, los otros dos ciervos dormían.
Uno de los siervos le indicó hacia el río. Al llegar vio a Giséo bañándose, le causó mucha risa y aunque el agua le llegaba hasta más arriba de la cintura, sabía por las ropas junto al río, que estaba desnudo.
-¡Parece que a ti también te gusta bañarte en el río sagrado!- le dijo y Giséo se avergonzó y sonrió.
-¿Cómo dormiste?- preguntó él.
- Bien pero no recuerdo como me acosté...
-¿Te importaría alcanzarme mi ropa, por favor?- y mientras él se acercaba a recibirla, Aurea se inclinó a entregársela y Giséo tomándola de las muñecas la tiró al río, dando un gran chapuzón.
-¡Ahora tu también te vas a bañar!- dijo riendo y Aurea se reincorporó empapada, le tiró agua y la ropa de ambos quedó mojada y mientras jugaban en el agua Giséo ordenó a un siervo traer dos mudas de ropa seca. La pasaron muy bien y luego Giséo ordenó levantar el campamento porque seguirían hacia las colinas a buscar la estrella. Aurea recordó que la nave estaba entre las colinas y que eso era la estrella que se había visto desde Egipto, pero como explicarle eso a Giséo y como ocultar la nave...
Los siervos desmontaron todo y pronto se pusieron en marcha, debían caminar durante la mañana porque al mediodía hacía mucho calor.
Giséo y Aurea caminaban delante de los cuatro siervos, por una pradera en dirección a las colinas. Aurea recordaba muy bien el sitio donde estaba la nave y eso la tranquilizó un poco, porque el rumbo que tomaron era hacia otra dirección.
Mientras avanzaban, Aurea notaba que al pisar el pasto, muchos pequeños saltamontes volaban a su alrededor, Giséo observaba asombrado a esta muchacha que se distraía con el color de las flores y quedó maravillada cuando cruzaron por un campo lleno de mariposas.
-Anoche, me quedé dormida sin querer.
-No te preocupes, yo también estaba cansado- agregó Giséo, tratando que ella se sintiera mejor- ¿Te puedo hacer otra pregunta?
-¡Claro, dime!
-Ayer, cuando nos encontramos y en este momento, ¿No sientes miedo?
-¿Miedo? ¿Por qué?
-No sé, miedo a un Aequpcio, a una persona desconocida, tal vez temor.
-No, la verdad es que sentí un poco de temor, pero cuando comenzaste a hablarme, me sentí tranquila, ahora me siento algo extraña, cuando te vi por primera vez, tu rostro me pareció familiar y ahora, es como si te conociese de antes.
-Tal vez estuviste en Aequpto cuando eras niña, muchos esclavos escapan con sus hijos pequeños.
-¿Esclavos?
-Sí, pueblos inferiores que trabajan para mi reino.
-¿Pueblos inferiores, que quieres decir con eso?
-Que para todo Aequpcio los pueblos extranjeros son inferiores.
-¿Eso creen ustedes?
-Yo casi no mucho, pero durante años los sacerdotes han inculcado esa idea.
-¿Y tu, no la compartes?
-No, la verdad es que no debiera, porque tendré que ser el próximo Pharaes, pero yo no creo mucho eso, creo más bien que todas las personas son diferentes y no por que alguien sea Aequpcio, debiera ser superior.
-¿Entonces, que crees de mí?- preguntó Aurea mirándolo a los ojos.
-No te conozco bien, pero siento algo diferente desde que te vi la primera vez, quedé helado, nunca había visto una mujer más hermosa que tú y con la piel tan blanca, te estuve observando durante un buen rato- respondió Giséo y se hecho a reír
.-¡Canalla!- dijo Aurea y le dio un golpe en el brazo.
-Pero yo también siento que te conozco más de lo normal, en realidad, por eso digo que tal vez nos conocimos antes y no nos acordamos.
-No, eso es imposible, como dije es primera vez que vengo por estas tierras.
-Y pudo ser la última, si no nos hubiéramos conocido como fue, te hubiera encontrado un Aequpcio y te hubieran matado.
-¿Y como podré conocer Aequpto, sin que alguien quiera hacerme daño?
-Vas a venir conmigo y yo voy a llegar con la estrella de los dioses, nadie objeta algo al futuro Pharaes...
Aurea sintió un poco de pena, miró hacia el este y vio que estaban lejos de la nave, pero le preocupaba que Giséo no encontrase lo que buscaba.
Caminaron y observaron durante horas hasta que llegaron junto la pared de una meseta, cuyo corte era muy empinado. Giséo ordenó instalarse a descansar, pues escalaría hasta una altura suficiente para mirar. A esa hora ya hacía mucho calor, los siervos instalaron la tienda, prepararon la merienda, Giséo y Aurea se sentaron bajo la sombra de un árbol a descansar.
-¿Que pasa si no encuentras la estrella?- preguntó Aurea.
-Debo encontrarla, quiero regalársela a mi padre en su cumpleaños.
-Pero si no la encuentras, puedes regalarle otra cosa.
-¡La voy a encontrar!- respondió él, algo ofuscado.
Aurea observó la pared de piedra de aquella meseta, hacía tanto calor que la sombra del árbol les era muy útil en aquella situación. Los siervos jugaban con unos dados junto a la tienda, la tranquilidad de aquel lugar era algo especial para Aurea, por fin pudo descansar y observar el paisaje, la alta meseta, la pradera, los cerros a los lejos... Giséo se incorporó y comenzó a trepar entre las rocas.
-Desde arriba podré ver bien el lugar donde cayó la estrella- dijo.
-¡Ten cuidado, no te vayas a caer!- agregó Aurea mientras Giséo ascendía, a cierta altura Giséo se sentó a descansar, la visión desde aquel lugar era espectacular. “Cuando terminemos la pirámide podré subirme a contemplar el mejor paisaje que existe”- pensó, recordando la pirámide que estaba en construcción, que sería la más alta construida jamás. Luego de un rato de no encontrar nada, Giséo bajó a descansar junto a ella. Aurea sentía tanto calor, que le pidió a Giséo algo para beber, Giséo mando a unos de los siervos que pusiera un jugo especial que llevaban en una cantimplora de cuero, en vasos.
Este jugo era extraído de una fruta verde pequeña, muy ácida que se daba en arbustos que los egipcios cultivaban cerca del río, y ocupaban su jugo contra la insolación.
A lo lejos se podía ver la vasta llanura desértica, caminaron otro largo rato más, hasta que Giséo por fin comenzó a desistir.
-¿No te cansarás de buscar?- preguntó Aurea.
-¡No, es mi deber encontrarla!
-¿Por qué te empeñas tanto en encontrar esa estrella?
-Lo que sucede, es que si yo creo que soy el elegido debo cumplir.
-Sí, es verdad- contestó ella.-
¿Y tú? ¿Acaso no viniste de tan lejos?
-Sí, pero ya me estoy dando cuenta que es inútil.
-Tienes un poco de razón- contestó Giséo- Sí no la encontramos hasta que falten tres dedos para que el Sol se ponga, nos vamos.
Giséo ordenó a uno de los siervos, él mas joven, medir el momento del día, este era el sistema empleado para medir el tiempo, consistía en que una persona se ubicara en una llanura algo amplia, sin árboles, ni cerros que le hicieran sombra y se tendiera de espaldas al cielo, cubriéndose los ojos con los dedos semi cruzados hasta la altura de los falangines, así podría ver la ubicación del Sol con respecto el horizonte y saber más exactamente, cuanto faltaba para el mediodía o para que anochezca.
Aunque todo egipcio tenía la capacidad de medir la hora simplemente mirando el Sol, era una tarea destinada a una persona entrenada, dentro de la amplia distribución de los deberes en la organizada comunidad.
Este astrónomo desde pequeño, sabía medir la hora con respecto al Sol y en la noche con respecto a la Luna y las estrellas, así como orientarse perfectamente bien gracias a los astros, teniendo conciencia también de la estación del año en que se encontraba, sabían calcular látitud y lóngitud con los mirar el cielo.
No era difícil encontrar el camino de vuelta, puesto que todo el desierto estaba marcado por huellas, que tanto los ejércitos como los comerciantes transitaban continuamente.
-¡Esta bien, volvamos!- dijo Giséo a los siervos, mientras Aurea observaba como bajaba el mentón algo triste.
-¡No deberías estar triste!- agregó Aurea, dándole un abrazo, mientras los siervos recogían las cosas.
-No estoy tan triste, no sé por qué no lo estoy, debería seguir buscando por qué estoy seguro que cayó por este sector, pero si mi destino no es el de encontrar la estrella...
-¡Destino, crees en él?- preguntó asombrada, mientras se ponían en marcha.
-Sí, ¿Tu no?
-¡Sí!- respondió ella, tratando de no extrañarlo más.
-El destino es algo que viene marcado de ante mano para todos nosotros.
-¿Y cual es el tuyo?- preguntó Aurea, mientras dos de los siervos llevaban los bultos y los otros dos los escoltaban a ellos.
-Mí destino es ser Pharaes, eso es lo que más quiero.
-Pero aveces el destino no es lo que uno quiera que sea.
-Aveces no, pero los dioses siempre se encargan de revelarte el tuyo.
-Aveces, uno no lo quiere ver- respondió ella, algo tímida.
-De todas maneras es raro, me sentí tan feliz aquella noche cuando vi caer la estrella, sentí que era el elegido, pero parece que no, de todas maneras, igual encontré algo...
-Sí, y ¿Cómo vas a explicar esto?
-Yo no tengo que explicar nada, solo a mi padre Snefru, pero él cuando te vea comprenderá.
Las mesetas iban quedando atrás y paralelamente al río, avanzaban hacia el norte, hacia la ciudad centro del gran reino de Snefru.
Aurea no podía evitar la admiración que le producían los colores del cielo al atardecer. El vuelo de bandadas de pájaros. Cada vez, Giséo se asombraba más de lo extraño de su forma de actuar pero prefería guardar respeto, en el fondo eso le gustaba.
- Cuéntame, ¿Cómo es tu familia?
-¿Mi familia?- preguntó ella extrañada.
-Sí, ¿Tienes hermanos?
-No, soy la única hija de la unión de mis padres, pero hace años que vivo sola.
-¡Sola!- preguntó Giséo asombrado.
-Sí, ¿Por qué te asustas tanto?-
Es que en Aequpto nunca puedes estar solo- agregó él.
-Bueno, tengo amigos...
-¿Tienes pareja?- preguntó él, ya mas directamente y mirándola a los ojos.
-No- contestó ella, recordando a un Ortoedro olvidado- ¿Y tú?
-¿Yo? bueno, si, si tengo...
-¿Y por qué no vino ella contigo?
-Bueno, ella no es mi pareja en estos momentos directamente, ella es mi prima, es mi prometida.
-¿Tu prima? ¿Tu prometida? - Ahora si que estaba confundida, estaban tan interesados en saber el uno del otro...
-Sí bueno, desde que somos niños al cumplir los dos años de edad, nuestros padres nos llevan al oráculo de Osiris, a ver nuestro destino, desde ese momento se me designó a ella, como mi futura esposa.
-¿Y cómo se llama ella?
-Hercarta es su nombre, es sobrina de mamá.
-¿Y cuando se casarán?
-Cuando papá lo decida, él es el Pharaes, todo pasa por su voluntad.
-¿Y tú, la quieres?
-Debo quererla, será mi esposa, toda su vida se ha preparado para ello, será la futura reina, mi mujer, y la madre de mis hijos.
-Pero tú ¿La amas de verdad?
-No puedo contestarte esa pregunta- contestó Giséo secamente, mientras su mirada se perdía en el horizonte, a lo lejos se podía ver las primeras luces del palacio.
El palacio era de un color blanco ceniza, quedaba retirado del pueblo a unos buenos minutos caminando, contrarrestaba su luminosidad esplendorosa, con las escasas luces del pueblo, estaba muy iluminado por antorchas, era muy grande y lujoso, cabrían todos los habitantes del pueblo en él, pero sólo vivían el faraón, su familia y sus siervos, además de la guardia.
Pasaba junto a él un brazo del río, había un desembarcadero especialmente hecho, que llegaba bien adentro del agua.
Todo era lujoso y opulento, Aurea no podía creer lo que sus ojos veían.
La guardia se inclinó en señal de reverencia, los siervos Aurea y Giséo atravesaron las murallas, no se necesitaban muchos guardias para resguardar la seguridad del faraón, en los tiempos de Snefru, el concepto de él era tan idealizado, que se creía que el faraón era un dios viviente, nadie podía pensar en que alguna persona le hiciera algo malo o atentara contra su vida.
Cruzaron los jardines de la entrada y Aurea quedó maravillada con la belleza de todo, había un amplio jardín y el camino entre la puerta y la muralla externa estaba demarcado por antorchas a nivel del piso.
Los siervos que acompañaron a Giséo se despidieron y se fueron. Giséo entró al palacio con Aurea y unas sirvientas los recibieron y prepararon la cena.
Aunque no era tan tarde, ya todos estaban durmiendo. Mañana apenas saliera el sol, todos debían estar listos para seguir la construcción.
-¡Puedes hablarme si quieres!- le dijo Giséo a Aurea, quién estaba sentada al otro lado de la mesa y no podía ocultar su nerviosismo- Que yo no hable con los siervos, no quiere decir que no puedas hablarme a mí.
-¡Es que en realidad todo esto es tan hermoso, nunca me lo hubiera imaginado!-
Sí, y lo que estamos construyendo es aún más hermoso que este palacio.
-¿Qué están construyendo?
-Estamos construyendo la pirámide de papá.
-¿Pirámide?-Sí, mañana a primera hora iras conmigo a visitar la construcción.
-¿Y dónde esta tu familia?
-Están durmiendo, de todas maneras no podrás conocerlos tan pronto, papá parte antes que yo a la construcción y se encierra en su altillo con sus colaboradores a dar instrucciones, hasta que el Sol se esconde y luego regresa con sus empleados y se encierra en el ala norte del palacio, donde tiene sus aposentos.
-¿Y tú? ¿No lo ves en todo el día?
-No, sólo nos vemos en el templo a mediodía y en la construcción.
Cenaron liviano, algunas verduras, panecillos de avena y queso, los egipcios eran unos expertos nutricionistas.
-Te acompaño a la que será tu alcoba- dijo Giséo mientras se levantaban y los siervos recogían la mesa.
-¡Que lindo es todo esto!
-¿Te gusta?
-Sí, es precioso, muy grande y bien decorado- en las paredes había lienzos tejidos a mano mostrando diferentes escenas de una construcción, en los rincones habían esculturas de madera de cedro e inmensos jarrones, además de muchas, pero muchas plantas por todos lados, mientras subían una hermosa escalera toda tallada, Aurea se maravillo aún más, al ver una lámpara que descendía desde el techo, afirmada de unas cadenas, llena de cientos de velas.
Al fin subieron hasta la que sería su alcoba durante su estadía en Egipto y lo que vio a la entrada no podía creerlo. La alcoba era hermosa, una gran cama, muchos muebles de cedro y lindos cuadros, pero tenía frente un gran ventanal, con finas cortinas de seda, fue la luna llena sobre la construcción que se veía a lo lejos, lo que la dejo muda.
-¿Te gusta?- preguntó Giséo, tratando de que diga algo.
-¿Eso es la pirámide?- preguntó asustada.
-Sí, esa es la pirámide de papá- respondió él. El asombro de Aurea era algo que no podía explicarse, desde aquella ventana del palacio del faraón, podía verse una excepcional imagen de la pirámide de Snefru en construcción en el valle de Dachur, la que pudo haber llegado a ser la más alta de todos los tiempos, aunque lo que Aurea esa noche podía ver, era sólo la mitad que se llevaba de la pirámide en construcción, era una estructura tan grande, que la hermosa Aurea, quién había viajado por muchos planetas y visto muchas cosas extrañas, no podía creer lo que estaban viendo sus ojos. ¿Cómo unas personas en un planeta tan lejano, seres humanos tan pequeños, podían crear tal obra de arte, gigantesca, con más de trescientos mil bloques de piedra caliza instalados, la mega estructura era algo colosal.
-¿Pero qué es? ¿Para qué están haciendo eso?- pregunto Aurea pensando ahora con el lado derecho de su cerebro.
-Es la pirámide de papá, es un secreto, todavía no te lo puedo contar.
-¿Pero que puede ser tan importante para hacer eso?
-Lo siento, la verdad es que no te puedo contar aún, pero te prometo que te lo diré- en el momento en que Giséo le dijo eso, le dio un beso en la frente y se fue. Sacó de los bolsillos de la falda su cajita de luz, donde guardaba sus cosas, incluida la rosa que le regalaron en el bosque y otras cosas más. Se acostó, pero no se sacó el traje epidérmico, la cama era cómoda, con finas sábanas y tenía cortinas de seda, pero no podía conciliar el sueño. De pronto tocaron a su puerta.
-¿Quién es? -Soy yo, Giséo.
-¡Pasa!-Venía a darte las buenas noches, no es bueno dormirse sin hacer las pases con la otra persona- Giséo entró y vio algo luminoso sobre el velador pero no quiso preguntar.
-Bueno- dijo ella. Giséo se sentó junto a su cama.
-Descansa, mañana será un largo día.
-Bien, buenas noches.
-Buenas noches- respondió Aurea y ahora si que se apagaron las luces interiores del palacio, Aurea pensaba mucho, en que sería esa pirámide y aunque la Luna iluminaba toda la habitación, pronto prefirió dormirse, tenía tantas ganas de saber que más cosas vería mañana en este extraño y hermoso planeta.

La Floresta, capítulo I, "En la Floresta"

La nave aterrizó a las 02:21 a.m. exactamente, hora de Sirio, por coincidencia según ellos, también hora en el planeta. Por consecuencia no podían Cateto, Oblicuo y Aurea bajar de ella hasta que la estrella madre, que estaba en el otro hemisferio no apareciera en el horizonte.Cuando, por fin salió el Sol, Cateto, Oblicuo y Aurea se dispusieron a bajar de la nave, ésta se había posado en una pradera cercana a un río que tranquilamente humedecía el sector. Los tres viajeros venían de muy lejos a un planeta joven a buscar un elemento especial que necesitaban con urgencia los ingenieros de su sistema. Llegaron tan rápido como debían irse, venían sólo a buscar una especie de caracol que contenía en su baba, cualidades cicatrizantes increíbles, la que ayudaría en la regeneración de las armaduras blandas-plásticas de los obreros de los planetas mineros de su sistema.Cuando Aurea observó el lugar por la ventanilla, quedó asombrada, la hermosura de la pradera era pocas veces vista en los planetas que había podido conocer, menos en los planetas mineros en que acostumbraba trabajar. Las plantas en abundancia, un tupido bosque río abajo y la excentricidad de los animales existentes en el lugar, lo convertían en todo un paraíso para naturistas y viajeros expertos como ellos. Los pájaros que sobrevolaban el lugar eran tan hermosos que cuando Aurea vio un Ave del Paraíso se quiso morir. Pero su misión era muy específica y debían respetar como siempre las leyes del sistema, en cuanto a los viajes a planetas jóvenes; "Recoger solo lo necesario siempre que no afecte el ecosistema y no altere éste por ningún motivo". Entonces, acogerse a las leyes era lo indicado, encontrar un par de caracoles sanos y volver lo antes posible al sistema Sirio.Oblicuo verificó todos los datos en la pantalla liquida, todo era perfecto; concentración de gases; oxigeno, anhídrido carbónico, nitrógeno, hidrógeno nada letal; humedad, un poco alta por encontrarse junto a un río, pero hay sectores del planeta donde ésta es baja; vientos, presión atmosférica, atracción gravitatoria soportable, etc. No existían enfermedades en el aire, ni bacterias ni virus. Era un planeta que podían recorrer sin traje, pero Cateto advirtió a los demás, que utilicen el traje epidérmico, por que en este planeta algunas criaturas salvajes eran peligrosas, ya sean venenosas o urticantes y existían algunos seres del sector carnívoro en la cadena alimenticia, así que el traje epidérmico era ideal. Nadie los mordería, envenenaría ni nada. El primero en bajar de la nave fue Cateto, el más disciplinado y precavido de los tres y el encargado de la misión. Le costo un poco abrirse paso entre la espesa hierba y acostumbrarse a caminar en esa gravedad. Luego bajó Aurea, al hacerlo observó el cielo limpio y azul, el astro amarillo de este sistema, le inundó la cara de calor y fue en ese instante que Aurea se enamoró del lugar, observó los animales, todos de segunda y tercera clase, una caída de agua un poco río arriba, pero el tupido bosque le llamó la atención, "Esto es hermoso", pensó y por un momento en su joven vida, sintió algo que nunca había sentido, algo que la marcaría por siempre, observó todo con detenimiento y encontró que algo había en este planeta que era especial, no sabía lo que era, le encantaría saberlo... Respiró profundamente, llenó sus pulmones de aire verdadero, puro, no de aire de máquina, ni de cápsula incubadora. Observó la hierba mojada por la brisa del amanecer.-¿Es verdad que en este planeta no existe vida inteligente?- preguntó Aurea a Oblicuo que estaba parado en el umbral de la compuerta de la nave observando.-¡Según nuestros radares, no se registra actividad cerebral intensa en este planeta, es decir, no hay inteligencia!- respondió Oblicuo y bajó las escalerillas hasta posar sus pies en la hierba húmeda.-¡Es que esto es tan hermoso que es una lástima que ningún ser inteligente pueda observarlo!- dijo Aurea, sacándose los audífonos para poder escuchar bien el trinar de los pájaros.-¡Bueno, nosotros somos los primeros!- añadió Cateto dejando que una mariposa se posara en su dedo brillante por el traje epidérmico.-¡Este es un planeta raro, tiene como un equilibrio!, Se siente tan bien la luz de… ¿Cómo se llama, sol?-¡Sol! Así se llama la estrella de este sistema- contestó Cateto.Mientras ellos hablaban, Aurea se dirigió corriendo hasta el río, lo que produjo un hecho que la dejó mas asombrada aún, miles de saltamontes y pequeñas mariposas aparecieron de la hierba he inundaron la pradera con movimiento, las margaritas y los tréboles coloreaban alegremente la escena, Aurea quedó conmovida, sus ojos verdes no podían detenerse de contemplar tanta belleza, caminó con tranquilidad hasta el río y se agachó a tratar de tocar el agua, nunca la había tocado en su estado natural. En el momento en que metió la mano, una rana saltó chapoteando y unas gotas cayeron sobre su nariz, sintió la suavidad del agua cristalina, "Está un poco helada" pensó y con la mano bebió un poco.Cuando Cateto y Oblicuo llegaron a la orilla, vieron algo que no tenía para ellos el mismo significado que para nosotros, Aurea se estaba bañando desnuda en el río. Cateto se asusto un poco, pero Oblicuo lo tranquilizó.-¡No te preocupes, no hay ningún indicio de polución o radioactividad en este planeta, es todo limpio!- aseguró, y ambos dejaron que ella se entretuviera con su baño de agua pura, y se dirigieron a la nave a buscar el recipiente, en el que deberían mantener al par de caracoles que tenían que encontrar.Aurea tuvo esa sensación nuevamente, observó el horizonte, miró dentro del río, era como que alguien estuviera con ella, por un momento sintió que la tocaban, pero estaba sola, era una sensación de plenitud, se sentía agradablemente acompañada, jugó un rato más en el agua y por momentos se quedaba quieta, observando los peces que se acercaban y escapaban al menor movimiento. Al salir activó nuevamente el traje, nunca mas olvidaría la sensación del agua en su piel.Cateto estaba al otro lado de la nave, hurgando entre unos líquenes, buscando el caracol, Aurea se decidió a caminar un poco, buscó con la vista un punto de referencia y vio el bosque tupido río abajo. Este era un gran bosque, que medía millones de hectáreas de superficie, cuando Aurea estuvo en el umbral de él, tuvo que sacar unas enredaderas y abrirse paso através de la tupida floresta, no era un bosque impenetrable pero si costaba un poco avanzar. Los ojos de Aurea no encontraban donde mirar tan maravilla, flores, pájaros, árboles gigantescos cubiertos por enredaderas. De pronto una gran abeja pasó cerca de ella, se asustó un poco, pero recordó el traje... Pudo escuchar el zumbido de sus alas, cuando trató de avanzar, sintió eso de nuevo, pero esta vez fue mas fuerte, era inexplicable, como un nerviosismo y trató de seguir a la abeja, avanzó entre unos cuantos árboles y en todos vio algo asombroso. Observó uno que tenía una inmensa telaraña, no quiso encontrar la dueña. Otro estaba lleno de nidos de pájaros, los cuales se avisaban entre sí, la presencia de alguien extraño, pero nunca la hicieron sentir mal. Mas allá encontró algo interesante, a no mucha altura de la rama de un árbol, colgaba un gran panal de abejas, el zumbido de éstas era para Aurea algo nuevo, todas al unísono, como una orquesta marcando su presencia, pudo observar muy de cerca, puesto que sin molestar las abejas no se enojan, que cada tres segundos se iba una, y llegaba otra, cada tres segundos exactamente, era maravilloso. De pronto, sintió en el hombro un golpe y una bellota cayó al suelo y se perdió entre las hojas y las ramas, miró detrás de ella y un simio pequeño le tiró otra, que le cayó en la espalda, cuando éste logró su atención se alejó a otro árbol y Aurea lo siguió. Era un pequeño simio con cola larga y cabeza amarilla, Aurea se acercó al árbol y el simio saltó a otro más, en lo profundo del bosque, Aurea buscándolo, descubrió lo hermoso que es mirar el techo de un bosque, como los rayos del sol atraviesan las ramas y toman diversos tonos según el espesor. Los pájaros avisaron a todo el bosque la presencia de la bella, cuando llegó hasta donde estaba el simio, apareció otro, y otro más, el primero la miró a los ojos y se acercó a ella, ninguno de los dos tuvo miedo, él tomó los cabellos delgados y claros de ella, entre sus dedos, los cabellos escaparon como fina arena, tenía su otra mano escondida y Aurea le hizo cariño en la frente, el simio inclinó la cabeza y levantó la cola, sacó su otra mano y le entregó una flor, era una hermosa rosa blanca. Aurea se sonrojó y sonrió, aceptó la rosa, la llevó cerca de su cara, tenía un aroma peculiar, observó que otros simios jugaban y chillaban, celebrando el encuentro.De pronto, la alarma de su reloj sonó y apareció Cateto en la pantalla.-¿Dónde estás? ¡Te hemos buscado por todas partes!- dijo y en el momento, los simios escaparon asustados, todos se perdieron en la floresta, menos el que le regalo la flor, la observó desde lo alto de otro árbol.-¡Estoy en el bosque, me he distraído un poco, vuelvo de inmediato!- y apagó el aparato, buscó entre los árboles a los asustados seres y encontró al de cabeza amarilla, éste inclinó la cabeza igual que la vez anterior mirándola a los ojos, una extraña sensación recorrió la espalda de ella, quien levantó la mano y se despidió, se volvió y se fue, avanzó un poco y miró nuevamente, pero el simio ya no estaba.Definitivamente este era un encuentro que ella nunca olvidaría, a pesar de que ella no sabía lo que significaba esa sensación de sentirse tan bien, el aire, el bosque, los ojos negros de el simio…Al salir del bosque vio la reluciente nave y Cateto con Oblicuo sentados junto a ésta. Entre sus manos llevaba la rosa, nunca mas se separaría de ella. Dispusieron todo para irse antes que el sol se escondiera, Aurea observó los caracoles que estaban en los recipientes probeta, eran cuatro, grandes y sanos caracoles que servirían de mucho en su sistema. Guardó la rosa en un tubículo mantenedor y lo cerró herméticamente, así la rosa no se destruiría con el paso del tiempo. Ordenaron todo para el viaje de vuelta, luego Aurea se sentó junto a la ventanilla y se entristeció al tener que dejar el lugar, lentamente la nave se elevó y pudo ver la última imagen del planeta que bautizó como la Floresta, en honor al tupido bosque donde tuvo aquel encuentro, nunca más ella volvería a ser igual.La nave se demoró menos de tres horas en llegar a su destino, viajando sobre una cinta de Möebius construida en el espacio con energía centrifuga, podía cubrir grandes distancias en años luz en poco tiempo, abriendo un anillo de gusano en el espacio y utilizando la cinta de Möebius, estaban un momento en un lugar, luego en otro.Llegaron a Hósforo sin novedad, salvo Aurea que no podía ocultar su tristeza, al salir de la atmósfera del planeta, se le fue ese sentimiento de bienestar, volvió a ser la misma, pero ahora que había experimentado algo diferente, no quería volver, hubiera querido quedarse en la Floresta por más tiempo.Su vida transcurrió igual por unos dos días, en que estuvo estudiando aquel sistema. La segunda noche salió al balcón de su departamento, observó la cúpula que protegía la ciudad, observó las luces de los clubes y escuchó los motores de aire acondicionado, de pronto pasó el tren magnético, pronto éste quedaría obsoleto, pues los más brillantes científicos del sistema trabajaban en la teletransportación. Ellos eran una civilización de muchas libertades y tenían una cultura muy avanzada, todos los trabajos científicos eran publicados, no vivían de un sistema económico basado en la escasez, sino basado en las bondades de la tecnología, no existían los que tenían más ni los que tenían menos, todos tenían lo que necesitaban. En realidad todos tenían de todo, lo que quisieran o necesitaran podían obtenerlo en los centros de distribución, todos desempeñaban un papel en la sociedad, así mientras asistían a clases de lo que quisieran en las mañanas, por las tardes iban al trabajo, que no era remunerado, como digo, no necesitaban salario y no existía el dinero. Así llegaron a ser una de las culturas más pacíficas y avanzadas de la galaxia, llevaban mas de cinco mil años sin guerras y habían avanzado tanto en la ingeniería celular y molecular que no envejecían, sólo debían cumplir un ciclo, pero no morían con la muerte física como nosotros la conocemos, acumulando sabiduría, pasaban a un estado espiritual superior, dejando así lugar, para que naciera otra persona. Esto no se sabía a ciencia cierta cuando ocurriría ni quien tendría un hijo, era algo que se podía desear pero no forzar y aunque científicamente podían fecundizar, tenían una estrecha relación con los maestros superiores y eran estos los que determinaban los nuevos nacimientos, los que habitaban en otro planeta constituido de gas y donde ellos irían una vez de producirse su muerte.Mientras Aurea observaba la ciudad, se activó la videoconferencia, a su espalda y suspendida en el aire, apareció una imagen tridimensional.-¡Hola querida!- dijo la voz, Aurea reconoció quien era sin ver la imagen.-¡Hola Ortoedro!- respondió Aurea con un tono de voz de fastidio.-¿Cómo, hola solamente? ¡Llegaste hace dos días de tu misión, te he estado llamando a tu teléfono auricular, no contestas y ahora sólo dices hola!-Es que no tengo buen ánimo Ortoedro- dijo, acariciando la rosa que tenía entre sus manos.-Sí, pero al menos merezco que te des vuelta y pueda verte la cara- agregó él, un poco molesto. Aurea se volvió hacia la imagen y observó un Ortoedro extraño para ella, se quedaron mirando sin hablar, era un Ortoedro desconocido, buscó y buscó en su memoria y no lo pudo encontrar, esa cara tan querida en el antaño, ya no significaba lo mismo para ella.-¿Que tienes en las manos?- preguntó.-¡Nada!- dijo ella, escondiendo la rosa.-¡Cómo que nada, eso es algo! ¿Que es?-¡Nada!- volvió a decir ella.-Bueno, si no me quieres decir, debe ser algo sin importancia, ¿Cuando vas a venir?-No creo que pueda ir a verte pronto y esto es algo de mucha importancia- contestó irritada.-¿Que te sucede? antes de ese viaje no estabas así.-No sé Ortoedro, me siento mal, ¿Quieres dejarme sola?-¡Bueno, adiós!- respondió y en ese instante la imagen tridimensional desapareció. Aurea continuó observando la ciudad, una ciudad extraña, desconocida ahora para ella.Pasó otro día más y Aurea no podía dormir bien, todo el día pensaba en la Floresta, ¿Qué cosas más habría? ¿Que seres tan tiernos y simpáticos? ¿Y que sería esa sensación que tuvo? ¿Por qué sintió eso, que significaba? Como astronauta tenía diez días de franco, después de cada misión, las medidas de seguridad eran tan rigurosas que ya se había vuelto normal viajar a otros planetas, de otros sistemas. Aurea había viajado a varios otros, pero este planeta era tan seductor…La puerta del despacho del profesor Angular se abrió bruscamente, en ella apareció Aurea con un informe de petición.-¡Hola querida! ¿Cómo estás?- preguntó.-No muy bien profesor- respondió Aurea y se sentó frente al escritorio.-¿Que te sucede?, cuéntame- dijo mientras apagaba la pantalla líquida de su computador.-No me he sentido muy bien, después de la última misión profesor, ese planeta era tan interesante, ¿Cómo le llama el sistema?-Mm, la verdad es que si es un planeta especial, se llama Tierra- dijo el profesor, observando la reacción de Aurea- ¿Por qué?-¡Me encantó, ese planeta es muy hermoso, existe tanta vida natural y sentí algo extraño en él, que nunca he sentido!-Bueno hija, tal vez la presión atmosférica, la radiación iónica...-¡No!, Nada de eso profesor, he estado estudiándolo estos días y es un planeta saludable, joven y...-¿Y qué? - preguntó él, esperando las palabras.-¡Romántico!, Esa es la palabra.-¿Romántico?-Sí, ese planeta es muy especial, quiero volver allá.-¡Pero Aurea!- respondió el profesor un poco ofuscado -¡No creo que debas!-¡Lo siento profesor, quiero volver!- repitió ella más decidida- He estado estudiándolo y supe que era un sistema en aceleración...-Claro, es un sistema joven.-He estudiado algo de Física, conozco el problema del tiempo, pero quiero ir igual.-Aurea, no es cosa que viajes al planeta así como así, ese no es cualquier planeta, el tiempo allá...-¡Si sé profesor!, Allá el tiempo pasa más rápido que aquí.-Así es, quizás con qué cosas te puedas encontrar...-¡No importa, quiero ir igual!- dijo y se levantó de la silla, entregándole el informe de petición para un segundo viaje al planeta- ¡Espero profesor que haga algo por mí!- agregó y se fue. El profesor leyó el informe, quedó tan hundido en su sillón como en su incertidumbre.Dos días después, Aurea estaba sentada frente a su pantalla líquida cuando la videoconferencia se activó.-Querida, presenté tu informe- dijo el profesor del otro lado de la línea. Aurea se volteó para ver la imagen en el aire.-¿Y cómo me fue?-Bueno, ni mal, ni bien, creyeron eso acerca de la información necesaria sobre la alimentación de los caracoles y su conducta de reproducción, es en lo que estamos trabajando, pero preguntaron, ¿Por qué, por tiempo indefinido? Ese aspecto no los convenció mucho, pero igual aceptaron, puedes ir, pero con una condición.-¿Cual?-Que no estés más de sesenta días solares.-¡Sesenta días!-Algo es algo, no.-Supongo que si, ¿Y cuando puedo partir?-En treinta y cinco días más.-¡Tanto! Pero sí el tiempo allá…-Lo siento, no es posible antes, las cintas de Möebius están todas reservadas hasta esa fecha. – dijo el profesor. Habían pasado cinco días desde el primer viaje y el nerviosismo de volver allá la ponía cada vez más intranquila. Durante los días que debió esperar se dedicó a estudiar el sistema solar en su computadora conectada a la Matriz, que era un sistema computacional donde se podía tener acceso a toda la información recopilada por la cultura en todos los años de su existencia.-¿Entonces la confederación sabe de la existencia de aquel sistema?-Así es señorita Aurea, aunque este dentro de los cuadrantes de los sistemas no explorados, en mis registros siempre ha existido ese planeta, pero existe una resolución muy antigua, milenaria, de no intervenir en él.- concluyó la el profesor.-¡Entonces debe haber algo en aquel planeta!-¡Pero usted lo vio señorita Aurea, aparte de una exuberante naturaleza no existe nada más!-Sí, existe algo más, no sé que es, pero hay algo, tuve una sensación extraña.-¿Una sensación?- preguntó él asombrado.-Sí, una sensación indescriptible- agregó Aurea, en el momento en que recibió otra llamada en la video conferencia, la activó y se despidió del profesor.-Áurea, hola ¿Cómo estás?-Hola Ortoedro.-Como hace días que no sé nada de ti y no me permites ir a verte, queria invitarte a ir al Club hoy en la noche, Oblicuo dijo que iría con nosotros y creo que irán Prisma y Vértice.-Bueno Ortoedro, creo que me hará bien salir un rato- contestó Aurea, apagando la computadora y volteándose a ver la imagen.-¿Estabas en la Matriz?-Sí, estaba estudiando el sistema solar--Pero tú sabes que la Matriz es tan antigua como Hósforo y habla de todas esas cosas religiosas y milenarias...-Pero también es científica.-Para mí esas leseras que dicen allí son puras patrañas- respondió Ortoedro.-¡Lo que tú digas!- respondió Aurea y caminó hacia la cocina, siendo seguida por la imagen.-¿Por qué te interesa tanto ese sistema?-Es interesante- respondió Aurea mientras tomaba entre sus manos una taza humeante y bebía el líquido en ella.-Lo mismo dijiste de mí hace años y mira, ya no quieres ni verme. Aurea miró los ojos de Ortoedro y movió la cabeza, se dirigió hacia el balcón y contempló la ciudad.-¡Juntémonos en el club!- terminó de decir Aurea y desconectó la videoconferencia.Aquella ciudad tan enorme y tan fría, luces, rayos, ruidos, naves, túneles, todo era tan vacío ahora para ella… El Club quedaba en el subsuelo de una tienda en la avenida Transversal, al entrar Aurea miró un espejo junto a la puerta, el cual leyó su código del iris, la cortina de luz pasó de azul a gris y Aurea llegó al final del pasillo, adentro las luces y los sonidos del Club entretenían a aquellos que después del trabajo querían pasar un rato agradable.Oblicuo, Prisma y Vértice estaban en una mesa jugando con unas bolas y un láser, Ortoedro estaba un poco mas allá jugando en un simulador.-¡Hola!- dijo Aurea a sus amigos.-¡Hola!- respondieron y fueron a saludarla, Prisma preguntó...-¿Cómo estás Aurea?-Bien, algo cansada, pero bien.-Supe del viaje al sistema al sistema Solar, ¡Oblicuo dice que es precioso!-Sí, en treinta y cinco días más voy a ir de nuevo.-¿Sí? Oblicuo no me ha dicho nada.-No, es que aun no le he dicho nada, quizás voy sola.-¡Sola! Yo no iría sola a un lugar tan lejano y desconocido.-Siempre has sido tímida Prisma- terminó de decir Aurea, cuando Ortoedro se acercó.-Hola- le dijo, besándola en los labios.-Hola Ortoedro.-Ven, vamos a jugar a los simuladores...-No Ortoedro, quisiera servirme algo...-Bueno voy por unas sodas- dijo y se dirigió a las maquinas, Vértice se acercó a ella.-Hace días que no te veo, ¿Cómo estás? -Bien, gracias.-Escuché que irías nuevamente al sistema Solar.-Sí, en treinta y cinco días más voy a ir.-¿Quieres jugar por mí? Necesito ir al baño- dijo Vértice y se marchó dejando a Aurea con el láser, Aurea lo sujetó fuertemente, apuntó a la bola, tiró y la bola se alejó con rumbo incierto.-¡Acabas de perder el partido, Vértice!- dijo Oblicuo en voz alta y riéndose. Llegó Ortoedro con una bandeja y muchas sodas, todos se alejaron del juego y se juntaron a charlar y beber. Aurea no participaba mucho de las conversaciones y los juegos no la entretenían. -Aurea, ¿Quieres ir a la disco?- preguntó Vértice que se incorporaba.-No, gracias la verdad es que tengo que descansar- respondió.-La verdad es que después del último viaje volviste muy rara- agregó Ortoedro.-¡Déjenla!- intervino Oblicuo- Los viajes en el espacio suelen producir alteraciones en el biorritmo, lo que pasa es que últimamente hemos tenido mucho trabajo.-Sí, eso debe ser querida, no los hagas caso- agregó Prisma y les hizo un gesto con la mirada a los demás.Cuando todos fueron a la disco, Aurea se dirigió a casa, llegó y conectó la computadora a la Matriz.-¡Matriz activada!- dijo una voz femenina electrónica.-Matriz, ¿Quisiera hacer un cálculo del tiempo con respecto al sistema Solar y Hósforo?-Bien- respondió la Matriz y mostró en la pantalla un esquema del universo en expansión y dijo- Lo que pasa es que el sistema Solar es un sistema joven que esta en proceso de aceleración, nosotros en cambio somos un sistema que ha dejado de acelerar, por lo que el tiempo acá y desde hace mucho, es constante.-¿El tiempo entonces, es proporcional a la velocidad de aceleración con que se expande el sistema y la galaxia en que se encuentra?-Exacto, pero como es un sistema joven, aún no se registra vida inteligente en la evolución de él.-Pero, dime una cosa Matriz, ¿Quiero saber cuanto tiempo ha pasado allá, desde que yo estuve, hasta que vuelva en treinta y cinco días más?-Bueno, hace casi seis días que estuvo allá, más treinta y cinco días que faltan, acá habrán pasado casi cuarenta días, veamos... La computadora pensó un momento- ¡Es un sistema que avanza muy rápido, un mes acá es casi seis millones de años allá!-¡Tanto!- exclamó Aurea asustada.- Sí, pero tenga en cuenta que pronto el tiempo allá se hará constante y que existen sistemas superiores, donde el tiempo y la aceleración han ido mucho más rápidos.-Sí, está bien, pero ahora cuando vuelva allá, no va a ser el mismo lugar que conocí.-¡Depende señorita Aurea! Yo creo que seis millones de años no es tanto tiempo para que un planeta cambie en esencia, de todas maneras veamos...La computadora se conectó al sistema de telescopios.-¡Vea, ese es el sistema Solar!- y en el momento apareció en la pantalla, el Sol y sus diez planetas girando a su alrededor, asteroides y cometas, un sistema muy completo. Cuando Aurea vio el sistema quedó impresionada con la velocidad que avanzaba y giraban los planetas alrededor del sol.-Bien, quiero ver aquel planeta azul.-¿El tercero?-Sí aquel, ¡Muéstralo!- y en el momento apareció el planeta en el monitor, girando y circulando al rededor del sol.-Ve señorita, yo creo que se mantiene igual como estaba.-Sí, tiene el mismo color y textura, ¿Cómo lo llama la Confederación?-Lo llaman Tierra.-¿Puedes hacer un acercamiento?-Lo siento pero eso es lo más cerca que lo podemos ver, tendría que solicitar una conexión especial con las computadoras del Consejo Astronómico y eso lleva mucho tiempo, además existe una cláusula que me impide entrar a los archivos de aquel planeta, es misterioso pero definitivamente no puedo decirle mucho mas acerca de el, de lo que le he informado, dijo la voz electrónica.

Chiloé capítulo V "De Cucao a Quicaví".

Pompón del Monte y Macuco salieron aterrorizados desde Cucao en dirección del bosque, habían visto barcos extraños que navegaban rápidamente en el océano en dirección norte y estos no eran barcos españoles y si no eran barcos españoles, entonces no eran buenos barcos, porque a pesar que los naturales de Chiloé no les gustaba trabajar en las encomiendas españolas y desempeñarse como indios reyunos, todos sabían que un barco que no sea español era un muy mal presagio.

Macuco y Pompón se cansaron de correr entre el monte húmedo de Chiloé y se botaron a descansar debajo de un Gran Alerce que tenía una pequeña abertura y simulaba una buena cueva, dejaron sus Pahueldúnes en un costado y se tiraron al suelo transpirando y tratando de calmar sus agitados y pequeños corazones.

-Juee wuacho la cago. ¿Que eran esas wueas que vimos?

-No se wuacho, esa lesera deben ser Buques de Arte.

-Wuacho y, ¿Tu no dijiste que habías visto una ves el Buque de Arte?

-Wuacho, ¿Cuando dije esa wuea?

-Wuacho que eris mentiroso, una vez dijiste que viste el Buque de Arte, estábamos copeteando cerca de Quetalmahue y saliste con una historia de esas que te había llevado el Buque de Arte y esas cagas, ahora sé que era mentira.

-Si wuacho era mentira es wuea, ahora si que lo vimos. Wuacho, ¿No habremos tomado mucho copete a lo mejor?

-No wuacho si yo no estoy curao, lo que vimos eran Buques de Arte.

-¿Y que vamos a hacer ahora wuacho? ¿Le decimos a nuestras Fiuras la wuea que vimos?

-Wuacho pero la Fiura está en Quicaví en la Casa Grande con los brujos, yo no sé como ir pa allá, no cacho la entrada de la Cueva. ¿Y si no nos dejan salir más?

-Wuacho, nosotros somos Traucos, no creo que los brujos nos hagan algo.

-Wuacho pero nuestros poderes no funcionan con los brujos, solo funcionan con las niñas.

-Si sé wuacho, pero hay que decirles a la Mayoría que vimos Buques de Arte cerca de Cucao y que se dirigía al norte, no vaya a ser que quede la caga.

-Wuacho mira, hagamos una cosa, vamos donde tu Fiura que debe estar ya de vuelta de Quicaví en tu cueva y preguntémosle si ella sabe algo, si el Buque de los Brujos anda por ahí, si esos no eran Buques de Arte, entonces este barco era de otra parte y si no es español entonces deben ser Buques de Arte.- dijo Macuco pensando dialécticamente ya que su inteligencia no le alcanzaba para razonar analécticamente.

-Ya wuacho, tienes razón vamos a buscar a mi Fiura y preguntémosle que sabe ella de esto. –Dijo Pompón y se pusieron en marcha nuevamente en dirección de su cueva a buscar a su Fiura que ya debía estar por ahí. Avanzaron a través del monte serpenteando quebradas y bosques tan espesos y no dejándose ver por los naturales del lugar, ya que estos vivían en los montes buscando alimentos, siempre alejados de las ciudades españolas como Castro para no ser esclavizados por los españoles Encomenderos.

Macuco y Pompón no tenían idea de que era lo que habían visto y de puro miedo abandonaron la fiesta de Cucao donde siempre habían hecho sus mejores travesuras y enamorado las más lindas doncellas, pero esta vez, caminando interminables lunas y soles llegaron cerca de Dalcahue hacia el interior. Pompón se subió a un árbol llamado Tique y agudizó su vista y su olfato para detectar donde estaba su Fiura.

-Vamos wuacho la Fiura esta por allá, cerca de los conchales ya volvió de su viaje a Quicaví. Caminaron varias horas más y llegaron por fin hasta la Fiura que era mujer de Pompón y media hermana de Macuco. Ella estaba haciendo muday en un metawe junto a un saco de trigo, que los brujos de Quicaví le habían dado en recompensa por su labor con el hijo del Vikingo.

-¡Pompón que bueno que vienes, mira te estoy haciendo Muday! -dijo la Fiura y saludó a su hermanastro-. ¡Hola Macuco, que gusto verte! ¿Y como está tu Fiura?

-Bien. -dijo Macuco y se tiró en el suelo, junto a la cueva del árbol en que vivían la Fiura y Pompón. Este también se tiró al suelo extenuado y asustado todavía.

-¿Qué les pasa? Parece que han visto al diablo, vengan paca que les tengo un vaso de Muday.

-No Fiura –dijo Pompón-. Ven tu que estamos cansaos, llevamos días corriendo desde Cucao, es que tenemos que contarte algo que vimos, no sabemos que chucha es.

-Si hermana ven acá siéntate y trae unos metawues con Muday que estamos rendíos, ¡Tenemos que contarte una cosa muy importante!

-¿Pero que les pasó que están tan asustados?

-Nosotros estábamos en Cucao y nos íbamos a quedar unos días allá en la fiesta pero estábamos en lo mejor de nuestra conversa y de pronto desde el sur vimos un Barco muy hermoso que se dirigía a gran velocidad hacia el norte y nos asustamos mucho, porque después vimos dos Barcos más que venían detrás del primero y no sabemos quien anda por aquí, si esos barcos son Buques de Arte de los Brujos o son Españoles.

-Pero porque se asustan tanto si deben ser barcos españoles. -dijo la Fiura sirviendo los metawes con Muday.

-No, definitivamente no era Barcos Españoles, eran más rápidos que los que tienen los católicos y tenían otra bandera. -Respondió Macuco.

-Si tenían otra bandera y nos asustamos porque andaban a gran velocidad como si estuvieran embrujados, pero lo raro es que no parecían Barcos de Arte porque los Barcos de Arte nunca andan de a tres, siempre andan de a uno y nunca andan de día. -dijo Pompón-. -El Barco de Arte siempre sale de noche. ¿O no?

-Si, tienen razón, que raro fue lo que dicen que vieron, pero, ¿No sería que estaban curaos?

-No Fiura, si no estábamos tan curaos y no tenían bandera española, ¡Estos no eran barcos españoles!

-Yo creo, que lo mejor que podemos hacer es que vayamos con los de la Mayoría, en la Casa Grande van a saber que hacer y como descubrir, que fue lo que vieron, voy a pedir una audiencia con el Rey, ustedes espérenme aquí que voy a buscar a la Volaora...

-La fiura dejó atrás rápidamente a los dos pequeños Traucos entre sus sacos de trigo que trajo de Quicaví y se dirigió por un sendero entre ramas y helechos en el monte a la casa de la Volaora, que quedaba en una quebrada arriba en lo alto de un río. Llegó a la pequeña choza en que vivía la visitadora de los brujos y le tocó la puerta, al momento salió una hermosa mujer vestida completamente de negro.

-¿Que quieres Fiura? -dijo esta-. ¿No te conformas con los sacos de trigo que te regalaron en Quicaví? ¿Ahora por qué vienes a mi casa? -dijo recelosa.

-Déjame entrar que tengo que contarte algo y hacerte algunas preguntas-. -dijo la pequeña Fiura metiéndose a la casa de la Volaora, que era una choza muy humilde y precaria, se sentó cerca de la puerta entreabierta y contó.

-Pompon y Macuco vieron en Cucao tres barcos que andaban hacia el norte con gran rapidez y que eran muy hermosos y tenían mucha magia en sus velas y no eran barcos de los españoles porque tienen otra bandera que los Traucos no conocieron y que era muy rara. ¿Que sabes tu de esto?

-No tengo la más mínima idea de lo que me estas hablando fealdad, recién llegué de mi visita a Llaullau donde fui a ver a quien voy a secuestrar unos meses más para alimentar a nuestro Invunche y no he escuchado nada al respecto de tres barcos que anden por esas aguas.

-Pero pensé que sabias algo ya que la Mayoría envió a todos a buscar bebes para alimentar al Invunche, pensé que podrían haber salido en barcos a buscar.

-No fealdad, nadie ha salido en Caleuches, todos los brujos tiene sus macuñ para volar y nosotras podemos ir donde queramos vestidas de Bauda, yo que sepa no anda nadie en barcos buscando los niños. Es muy raro lo que tu me estas diciendo, que vieron Macuco y Pompon, esos dos deben haber estado bien curados en Cucao que vieron eso de tres barcos que no son españoles.

-Pero si no son barcos españoles, ellos no navegan por esas aguas, ellos transitan por las aguas interiores pero nunca viniendo del sur de Cucao.

-Si tienes razón fealdad, esos barcos mágicos que vieron Pompon y Macuco no son barcos españoles y no son Barcos de Arte, voy inmediatamente con la noticia donde nuestro Rey. -dijo la hermosa Volaora antes de sacar una fuente de Alerce debajo de su cama y vomitó sus tripas y se transformó en Bauda, luego de eso salió rápidamente volando por la puerta y la Fiura cerró esta tras de si y se dirigió de vuelta a la cueva donde vivía con Pompón.

La Volaora llegó rápidamente a Ancud donde vivía el Rey de las Españas. Este era un mestizo comerciante que trabajaba y vivía en San Carlos de Ancud, una pequeña ciudad española al norte de la isla de Chiloé, tenía un almacén y un fundo donde tenía a muchos naturales que trabajaban en calidad de indios encomenderos según las Leyes de España, aunque en la realidad estos eran solo sus esclavos.

El Rey estaba de juerga esa noche y la Bauda lo encontró en su bar que quedaba en una calle muy empinada que llegaba al mar, Chacho estaba con otros comensales bebiendo y jugando al naipe, apostando y divirtiéndose después de haber hecho siempre buenos negocios. Era un verdadero cafiche, que en realidad había llegado a ser Rey de las Españas o Brujo Jefe de la Mayoría, siempre con la maldad y los engaños, haciendo trampa en los juegos y los negocios. Dominaba el comercio de mujeres indias que eran vendidas a los españoles que vivían en Ancud y Castro. Aventajado en el arte de la brujería hacían muchos años ya que había pagado sus votos y se había quitado el bautismo para se uno más de la Recta Provincia y con el tiempo y mucha astucia y engaños, llegó a ser el Rey, quien comandaba en la Cueva de Quicaví y también aquí en el bar donde se juntaban con sus amigos que también era de Él.

La volaora se paró enfrente de la ventana del salón en que estaban jugando y se dejó ver por Chacho. Era un pájaro negro y feo, muy distinto de la hermosa mujer que era cundo tenia sus tripas adentro. Chacho vio el pájaro y abrió la ventana y este rápidamente entró al salón y voló hasta un cuarto contiguo que Chacho tenía junto al bar.

-Discúlpenme un momento dijo Chacho a sus comensales, entre los que se encontraban varias autoridades del pueblo, el fiscal y el cura. Y se dirigió al salón contiguo donde la volaora se paró delante de un gran espejo. El reflejo del pájaro era la Volaora misma, tan bella que Chacho la tenía como una de sus favoritas, alta y de cabellos muy negros, en su reflejo en el espejo podía mostrarse tersa tal cual era y así podía comunicarse en su formada de pájaro con su Rey.

-¿Que te ha traído esta fría noche mi hermosa Lina? ¿Que acaso no te saciaste de mi el sábado ultimo en nuestro aquelarre de celebración de la llegada de nuestro nuevo Invunche?

-No es eso mi adorado Rey lo que quiero contarte. -dijo la hermosa Volaora en el espejo en su reflejo. -es algo que ocurrió en Cucao y que tus files sirvientes te hacemos llegar la noticia lo antes posible para que sepas que hacer.

-Habla ya entonces hermosa mía. ¿Qué es lo que ha ocurrido que ha tenido que estropear mi mejor juego de esta noche?

-Lo que ocurre mi Señor, es que unos Traucos han visto algo muy raro en su último viaje a la fiesta de Cucao.

-¿Y que han visto eso pobres seres en aquella fiesta más que hermosas doncellas para hacerles su gracia?

-Lo que han visto, es algo que tu primero que nadie debes saber mi Señor, como Rey de la Recta Provincia. Macuco y Pompon hace dos días vieron venir hacia el norte por el Océano, tres Barcos de Arte a la altura de Cucao, que desaparecieron rápidamente por el horizonte en el norte, no se quienes eran, ni de donde venían, sólo que eran tres barcos que no tenian bandera española y que cargados de magia viajaron tan rápido que ya deben estar pronto a llegar a Ancud, mi majestad. Por eso he venido a contarte esta nueva. Se han visto tres Barcos de Arte muy rápido navegar en Cucao.

-Mmm, eso que me estas diciendo es algo muy grave mi querida Lina, si esos barcos no son españoles y de hecho no lo son, son muy malas noticias las que me traes. El pájaro se movió inquieto y la hermosa mujer se sorprendió mucho al ver que la noticia alteraba al Rey de la Recta Provincia.

-¿Entonces quienes son los que vienen en ese barco mi querido Rey?

-No lo sé, lleva este mensaje a Castro y ordena a todos los Virreyes de todas las Españas que nos debemos reunir urgente en la Casa Grande a una sesión extraordinaria de la Recta Provincia, yo vuelo inmediatamente a Quicaví a consultar el Llayanco, para saber que es lo que esta pasando, ordena a todas las Volaoras que estén cerca de Ancud, deben llevar esta noticia a todos los lugares del Reino y que me avisen lo antes posible cual es la actual ubicación de los extranjeros, mi red de mensajeras debe ser lo más eficiente en esta labor Lina, esto que me dices, si es lo que yo creo, es una muy mala noticia para todos nosotros, vuela inmediatamente y quiero que todos los integrantes de la Mayoría se junten esta noche en la Cueva de Quicaví, si mis sueños son verdaderos, es una muy mala noticia lo que me acabas de decir. Vete inmediatamente. –dijo y en el acto la Bauda salió volando por la ventana del salón de juegos y Chacho entró a conversar con sus parroquianos.

- La Volaora me ha traído muy malas noticias. -dijo Chacho en el momento en que todos se divertían con los naipes y una botella de Agua Ardiente.

-¿Que ocurre? -dijo el Cura mirando desde la ventana el vuelo frenético de la Bauda.

-Esta Volaora dice que tres Barcos de Arte fueron vistos en Cucao con dirección hacia el norte.

-¿Tres Barcos de Arte? -dijo el Fiscal llamado José Mancilla Cárdenas, más conocido como el Brujo Mancho. -Eso no es posible, no tenemos ningún barco que este navegando por esas aguas.

-No si no son barcos españoles. -dijo Chacho dicen que tenían otra bandera, los que los vieron no las conocen.

-Mmm eso es muy raro. -dijo el Cura llamado Alonso de Vásquez, conocido como el Brujo Cochihua. -No hemos enviado ningún Caleuche por esas aguas y si usted dice que no son barcos de su armada, entonces quien cresta esta en Chiloé sin el permiso de alguno de nosotros tres.

-Eso es lo que debemos averiguar, llamé a reunión a la Casa Grande inmediatamente, señores vamos a tener que dejar hasta aquí nuestro juego, porque debemos volar inmediatamente a Quicaví, mientras no sepamos quien cresta esta en Chiloé, no podemos estar tranquilos. Cochigua vuela a Quemchi a traer a tus brujos y tu José que esto no se transforme en escándalo, corre la voz que se vio el Caleuche en Cucao y nada más y me mantienes informado de todo lo que ocurra aquí en Ancud.

-Si mi señor. –respondió el Brujo Mancho, que aunque era el Fiscal del Distrito, no era más poderoso que el Rey de la Recta Provincia.

-Yo voy a Quicaví a ver que es lo que pasa. -dijo Chacho y se retiraron del salón. El Cura Cochigua salió volando, ya que traía consigo su Macuñ debajo de su sotana, la que destapó y se fue por la ventana. El Fiscal que era el único español que pertenecía al circulo cercano del Rey de la Recta Provincia se retiró a su casa, para mañana repartir desde su Fiscalía los rumores que se había visto el Caleuche en Cucao. Y Chacho fue a su habitación en otra ala de la casa, y voló inmediatamente hacia Quicaví alumbrándose en la oscura noche con su Macuñ hecho de piel de muerto., un muerto que el mismo había matado.

Chiloé, capítulo IV "En el Barco de Brouwer".

Brouwer llamó a los almirantes de las otras naves, a un consejo en su despacho sobre la parte trasera de su fragata llamada Ámsterdam en que venia él, desde el puerto de Pernambuco en Brasil, donde el príncipe Mauricio de Nassau reinaba para colonia de la corona Holandesa.

Habían zarpado el día 15 de Enero del año 1643 a esta empresa que el mismo había preparado. Aun su avanzada edad y las múltiples aventuras que había vivido en Asia, no diezmaban su carácter, fuerte e intrépido, temerario y obstinado, Hendrick Brouwer era un ejemplo para los almirantes más jóvenes y un temor para sus no siempre fieles marineros.

-Pasen. –dijo Brouwer, entrando Herckmans y los demás almirantes.

-En esta tierra hace un frío que puede ser peligroso. –dijo Herckmans, parándose frente a la estufa a leña que el almirante tenia en medio de su despacho. Desde lo alto del puente de mando, se podía ver a las otras fragatas de la escuadra que acompañaban a Brouwer en esta misión. Más allá, las tierras nevadas, solo mostraban arbustos torcidos y árboles pequeños, torcidos también por los incesantes vientos. Aun pudiendo haber pasado por el Estrecho de Magallanes hacia el océano Pacífico, Brouwer en una demostración más de su temeridad, continuó navegando hacia el sur por el Atlántico y llegó hasta el final de la Tierra del Fuego, la isla que se creía, era la más austral del mundo. Cruzaron por el Estrecho de Lemaire que hoy es conocido como Canal Beagle y un fuerte temporal los empujó hasta más al sur todavía, de lo que ellos pretendían ir. Era un océano nuevo el que habían visto, lleno de témpanos y peligrosos iceberg que flotaban a la deriva. Así, descubrieron estos marinos holandeses que la tierra que estaba más allá del Estrecho de Lemaire, no era un continente como lo creyera Mercator en su Teoría de la Correspondencia de los Hemisferios, sino eran solo unas islas, llamada Islas de los Estados. Ni en lo peor del la tempestad, su imaginación les pudo alcanzar, siquiera a mostrar lo que había más al sur de esas islas. La monstruosidad hecha témpano, la eternidad hecha nieve, el continente antártico estaba unos cuantos grados más al sur, pero ellos no imaginaban esta mole de hielo, que se revelaría mucho tiempo después y que seria el infierno y la tumba para muchos exploradores, más intrépidos y temerarios que ellos. En este sur profundo, que es pura tempestad y frío constante, Brouwer y sus marinos salvaron la peor furia de la tormenta y comenzaron su viaje ahora hacia el norte, en busca de las islas de Chiloé y del puerto de Valdivia. Pero antes era necesario dejar algunas cosas en claro…

-No voy a soportar más un amotinamiento de ningún baboso. Dijo Brouwer golpeando la mesa y sacudiendo en el piso los mapas que otros expedicionarios habían dibujado años atrás.

-¡Pero mi señor, la tripulación esta enfermando y nadie quiere seguir con esta empresa! –Dijo Herckmans en actitud conciliadora, recogiendo los vasos y las plumas que habían caído con el golpe del almirante.

-¿Y que quieren, volver a Pernambuco y yo sufra la vergüenza, por culpa de unos jetones que tienen frió? ¿Piensan que yo voy a volver? Ni muerto vuelvo a Pernambuco, ni menos a Holanda ¿Me escuchaste poeta? ¡Yo Hendrick Brouwer, conquistador y gobernador de las Asias, no me voy a dejar ganar por unos días helados! ¡Qué bajen a la costa a buscar leña y que se ocupen en algo estos holgazanes! ¡Ya los quiero ver, luchando contra los araukoes, que dicen en todos los mares, son los guerreros más valientes que hay! ¡Como no me voy a enojar, si estos niños tienen miedo del frío y quieren enfrentar a esos guerreros formidables! ¡Que venga uno y me diga en mi cara que se quiere volver a Pernambuco, que aquí mismo lo revuelco por el piso de la fragata! –dijo, tosiendo y mostrando señales de un resfrío.

-Señor lo que pasa, es que los marineros están acostumbrados al clima del Brasil y nadie había pasado tanto frío como aquí. -dijo Crispijnsen que era el almirante de la fragata Concordia.

-Bueno que se aguanten, ya salimos del Atlántico y que tengan valentía, porque el Pacifico solo tiene ese nombre, para reírse de los hombres y de aquí en más, ya ira pasando el frío, a medida que nos acerquemos a Chiloé. Ya quiero llegar allá y batirme con algún español católico y cobarde o con algún indio de esos de las leyendas, que les destruyeron siete ciudades a los españoles maricones. Quiero conocer la descendencia de ese indio Pelantaru, a ver si son tan valientes como este viejo del mar. –dijo tosiendo nuevamente.

-Señor, su salud esta cada día peor y creo que usted debería guardar cama y cuidarse de estas temperaturas. -dijo Herckmans que era el único que se atrevía siquiera a aconsejar a Brouwer.

-¿Guardar cama? ¡Yo no voy a guardar cama! Como esos marinos maricones de tu yate, esto solo es un resfriado y te repito poeta. ¡Yo no voy a abandonar esta misión, aun lo pague con mi vida! Voy a destruir Chiloé hasta la última casa y voy a levantar un fuerte en Valdivia, así sea lo tenga que levantar solo. Y si muero poeta, tú vas a enterrar mis huesos en Valdivia, aunque eso te cueste la vida. ¿Me escuchaste? Ni muerto vuelvo a Holanda, porque yo no soy de esa tierra, yo soy un viejo del mar y quiero que mis huesos estén lo más lejos de donde nací, para que las historias me recuerden por mi valentía y coraje y no por mearme en los pantalones como esos españoles católicos que parecen señoritas. Ahora poeta, júrame que vas a cumplir con lo que te estoy pidiendo.

-Pero señor, lo que me pide es muy temerario…

-¿Tienes miedo, poeta?

-No señor.

-Quieres que tu amigo el pintor ese…

-Rembrandt.

-Ese mismo. ¿Se sienta orgulloso de ti o se avergüence de tu cobardía?

-Se sienta orgulloso de mi, como se siente orgulloso que usted sea Holandés señor.

-Entonces si yo muero poeta, tú te tomas Valdivia y sepultas mis huesos en frente del Pacífico. Quiero estar por la eternidad delante del océano más grande y no cerca de una laguna de patos. ¿Entendiste? Quiero enfrentarme siempre con el más grande y temido. No con el más débil y cobarde.

-Si señor, esta bien, si nuestra majestad confía en mi persona y tenemos el infortunio de que su persona ya no este con nosotros, juro por mi honor que destruiré Chiloé y me tomare Valdivia. –dijo Herckmans, ahora con orgullo frente a su almirante general, que aunque un poco enfermo, todavía mostraba la energía de sus mejores años de corsario.

-Señor, aquí traigo al marino que se amotinó en la fragata Delfín. –dijo uno de los marinos que traían al puente de mando, amarrado, aquel que se había revelado.

-¿Así que este es el gusano? –dijo Brouwer parándose delante del marino que estaba amarrado en el suelo. ¡Suéltenlo! Que se pare como hombre frente a mí y me diga que es lo que piensa. –y al momento que dijo esto, los marinos que traían al sujeto, lo liberaron de las amarras que tenía en las manos. Este se paró y con los ojos llenos de rabia, miro un momento al almirante pero no pudo mantener la vista, agachó la cabeza y se resignó a lo que venia.

-¿Así que tú eres el que esta amotinando a mis marinos? -preguntó Brouwer, tomando al costado de su cintura su mosquete, pero sin desenvainarlo. El marino avergonzado y temeroso no dijo nada. ¡Habla ahora cobarde! ¿O ya no tienes lengua? Aquí te da miedo hablar en la cara del tu almirante, cuando allá quizás que cosas decías en contra mía.

-Nada he dicho en contra suya, mi señor. –dijo por fin el marino.

-¿Entonces que es lo que has dicho, que tu almirante Crispijnsen te ha acusado de querer armar una motín en mi flota?

-Lo que quiero señor, es volver a Pernambuco para sanarme de este resfrío que tengo y que no me deja pensar bien. Tengo fiebre y dolor de cabeza. Este clima me está matando. -y al decir eso, hizo enojar aun más a Brouwer. Entonces éste, sacando su mosquete lo colocó en el cuello del marino desertor.

-¿Ves este mosquete hijo?

-Si señor.

-¿Sabes a cuantos Hindúes maté con el?

-¿No señor, pero se cuenta que fueron muchos?

-¿Quien te ha contado eso?

-Los marinos señor, cuando estamos de juerga, los que estuvieron con usted en Asia, cuentan que usted fue el más valiente de todos y que siempre era el primero en desembarcar y el primero en saltar al abordaje del enemigo.

-¿Y sabes que te puedo cortar la cabeza ahora mismo por tu cobardía?

-Si señor, pero le ruego que me deje vivir, se lo suplico.

-¿Quieres tu vida, más que nuestra empresa? Como se nota que no tienes idea de lo que estamos haciendo. ¿Y piensas que tú vas a hacer que yo no cometa mi objetivo? ¿Piensas que con ese espíritu Holanda llegó a ser lo que es? ¿Con esa hombría vas luchar contra los católicos o contra los temibles araukoes? –dijo Brouwer, mientras el marino miraba al suelo en silencio y caían lágrimas de su rostro. Brouwer guardó su mosquete y dijo; ¡No quiero cobardes en mi flota! Este baboso se baja ahora de esta fragata y un bote lo deja ahora mismo en la costa de Tierra del Fuego. ¡A ver si los indios se lo comen o lo repugnan por cobarde! -y en el momento que dijo eso, los marinos lo sacaron del despacho y lo amarraron nuevamente. Lo bajaron y lo subieron a un bote con una ración de vino y otra de pan. Cuando se cerró la puerta Brouwer dijo;

-Señores, ordenen los planos y olviden este episodio, ese cobarde ya no pertenece a nuestra flota y esto que sirva de escarmiento para toda la tripulación. Aquí el cobarde se va. Los reuní para hablar del objeto de este consejo, es para dejar bien en claro los motivos de nuestra misión. Porque parece, que no esta claro que es lo que vinimos a hacer al Pacífico. Primero señores, debemos tomarnos Valdivia y Chiloé, que es el último enclave español que los indios dejaron en pie, en las tierras del Reino de Chile. Segundo, debemos hacer amistad con los naturales, haciéndole regalos y presentes, incluso regalándoles armas. –tosió un poco y siguió. Tercero, debemos hacerles creer que somos sus amigos y que vinimos a ayudarlos en su lucha contra los españoles. Cuarto, debemos averiguar todo lo concerniente a los lavaderos de oro. Hay grandes yacimientos auríferos en el Reino de Chile, todos los que han venido cuentan que incluso hay ciudades que están hechas de oro, ya que los indios no lo toman como algo de valor y prefieren regalárselo al español, así que en Valdivia y sus al rededores debe haber importantes yacimientos y debemos saber su posición exacta. Quinto, debemos eliminar de las islas de Chiloé, la presencia española y debemos construir un fuerte en Valdivia, luego de haber hecho tratos con los indios del lugar. Esto es el objeto de nuestra empresa en el Reino de Chile, pero si tenemos a los naturales de nuestro lado mucho mejor. Por eso señores, tenemos que usar la táctica de los regalos e invitar a los indios a subir a nuestros yates y que se lleven lo que quieran, así nos ganaremos su confianza y una ves, que ya estemos instalados, los esclavizamos igual como lo han hecho los españoles con ellos. ¿Entendido señores?

-Si mi almirante. –dijeron todos al unísono y Brouwer agregó.

-Pero esto, es algo que ustedes deben asegurar que se mantenga en secreto, los indios no pueden saber nuestras intenciones, por que los alimentos que llevamos no nos alcanzarán para mucho tiempo, por eso debemos hacernos amigos de ellos rápidamente, como les digo con regalos, y lograr que ellos nos suministren comida mientras nosotros podamos construir nuestro fuerte en Valdivia.

Chiloé, capítulo III "En la Cueva de los Brujos de Quicaví".

En la Cueva de los Brujos de Quicaví, se reunían los miembros de la Mayoría, también conocida como la Recta Provincia.

Durante las noches de sábado, hacían terroríficos aquelarres con doncellas que secuestraban e hipnotizaban para sus demoníacos rituales. De todas las islas del archipiélago, los brujos de la Mayoría traían esas doncellas que eran sus contactos, una basta red de espías que también eran brujos y conocían los secretos de la magia.

Estos brujos de menor jerarquía debían respeto a los brujos del Concejo y tenían la capacidad de convertirse en animales y volar. Esta capacidad la adquirían del Macuñ, una manta que tejían de piel humana. Los brujos del Consejo eran los que tenían más alto rango en la Cueva de Quicaví. La que estaba custodiada por el horrendo Imbunche, quien fue un niño, que al ser raptado por la Mayoría, lo habían sometido a espeluznantes deformaciones.

El Imbunche era un ser atormentado, que había sido víctima de los más atroces vejámenes que un niño puede soportar y su locura contenía un profundo miedo y un inmenso odio hacia los humanos.

El Imbunche fue raptado hacía demasiado tiempo ya, de los mismos brazos de su madre, una noche que ella lo había llevado a la casa de su abuela atreviéndose a volver sola con el niño en brazos. De pronto se hizo de noche, cuando cruzaba el monte que separaba la casa de su madre con la suya, donde vivía junto a su esposo el Vikingo.

En eso, se le atravesó una criatura del monte, tan perversa que en cosas de segundos hizo que cayera la noche y los Tiuques gritaron y las Bandurrias se fueron y todos los otros pájaros se echaron a volar.

La Fíura se paró delante de ella, luego de salir detrás de un árbol y la luz oscura de su mirada asustó al pequeño niño y su madre. La mujer del Vikingo llego a saltar de la impresión de ver a esta vieja horrible y de pequeño tamaño. La Fíura en ese instante le arrebato al niño de los brazos, al momento que le arrojaba a los ojos arena de la playa negra que llevaba entre sus manos horrendas.

La esposa del Vikingo, jamás pudo recuperar la vista gracias al maleficio en la arena negra que le tiro la Fíura. Todavía hoy se la puede escuchar en las noches, llorar por su hijo perdido.

Estos brujos de la Cueva de Quicaví eran muy poderosos en conocimientos de alquimia y magia. Tenían la facultad de hacer muchos males y la Fíura especialmente era un ser muy dañino.

Llegó con el bebé hasta lo profundo del monte, entre Pompones y Caracoles, Alerces y Tepúes, a una pequeña cueva de Quilas y Lumas. En la cueva, dentro del tronco de un enorme Lárice, vivía la Fíura y el Trauco, su esposo. La deforme pareja se alimentaba especialmente del marsupial llamado Pompón del Monte, que cazaban todo el día sin cesar. Estos pequeños animales eran asados todas las noches a las brazas, dentro de su pequeña cueva forrada de junquillos secos que cubrían todos los rincones. En el centro, hacían una pequeña fogata cuyo humo los ahumaba a ellos y toda la cueva, dándoles un aspecto siniestro.

-Mira Pompón – dijo la Fíura a su esposo, quien asaba en las brazas un monito llamado igual que él. El Trauco al ver al bebe entre los harapos de la Fíura, lo quiso asar junto al monito, pero ella lo retó y cuidó al niño hasta el día sábado, alimentándolo con su leche. Entonces ese día llegó y al atardecer, la Fíura partió con el bebé hacia la Cueva de Quicaví.

La Fíura llegó con el niño bajo su manta y entró a la Cueva, que era una gran abertura en la tierra, que medía más de doscientos metros. Había un senda en la parte llana del centro, desde donde se podía ver la tupida vegetación del monte, al otro lado de la ensenada de mar que entraba hasta ahí. Más adentro, cuando ya se volvía oscura la Cueva, la Fíura llegó hasta una puerta negra de madera que cubría toda la entrada.

El Trauco no acompañaba a su deforme esposa, pues su mayor obsesión en las noches, después de alimentarse, era visitar y preñar a las doncellas que se internaban en el monte y se alejaban mucho de su hogar. Las esperaba en cualquier rincón y las seducía con los maleficio de su mirada.

La Fíura tocó tres veces la puerta de la Cueva y el viejo Imbunche abrió una pequeña puertecita que le permitía observar, y al reconocerla, abrió la puerta grande y la dejo entrar, sin saber que ella llevaba su propia sentencia de muerte.

El Imbunche estaba viejo y lleno de arrugas y sarna. Sus dientes ya no estaban y su cuerpo lleno de canas. Se subió sobre una mesa y se colocó de rodillas y la Fíura teniendo al bebé entre sus harapos, besó al Imbunche en el ano.

-¡Ya pasa! -le dijo y abrió una segunda puerta, con un manojo de llaves que tenía y manipulaba con gran habilidad. La Fíura entró a un salón oscuro, donde se iluminaban con varias lámparas de aceite humano. En el centro, en la pared de fondo, había un trono donde estaba sentada una hermosa doncella desnuda y con la vista ida entre el placer y una profunda hipnosis. Bajo ella, estaba el Rey de la Recta Provincia, besando y lamiéndole la vágina.

-Señor, le traje un presente. –dijo la Fíura y el Rey que estaba rodeado de otros cuerpos desnudos, trenzados en un baile de frenesí lascivo, se colocó de pie e hizo salir a la doncella del trono y se sentó en él.

-¿Que me traes, horrenda repugnancia? ¿Qué bien le traes al Rey de las Españas? –y dicho esto, con sus brazos detuvo en el aire el movimiento pélvico de los cuerpos junto a él. Era una orgía de proporciones entre varias doncellas y los demás miembros de la Mayoría. El Rey de las Españas como era conocido el Brujo Jefe de la Cueva de Quicaví, era un tipo llamado Chacho, que de día vivía en la ciudad de Castro y era comerciante. En el momento, recibió en sus brazos al bebe que la Fíura le estaba regalando.
-Te traje lo que pediste mi señor, este es el hijo del Vikingo. -dijo y se arrodilló frente al Rey que tenía al bebé en sus manos y que dijo;

-Imbunche, ven aquí. –y el enfermo cancerbero caminó sobre sus brazos y la única pierna que tenia a tierra, cruzando el salón y llegando hasta el púlpito que el Rey tenía frente a su trono. Recibió de manos del Rey este bebé y al tomarlo, lo golpeó espantosamente contra el púlpito. El bebé no dejaba de llorar y el Imbunche en un acto despiadado y enfermo, tomo la pierna derecha del bebé y la dobló sobre su espalda, fracturándola y dejándola sujeta en esa posición.

El Rey al ver el acto despiadado del Imbunche, levantó la espada que tenia junto a su trono y sacándola de la funda, cortó limpiamente la cabeza del Imbunche, que luego fue derretido en una enorme olla que estaba al fuego, en otro costado del salón. El nuevo Imbunche había sido deformado y debía ser alimentado con carne de niño recién nacido por cuarenta días.

-Este es solo el comienzo de tu trabajo, fealdad. –dijo el Rey a la Fíura y reunió a todos sus sirvientes y dijo; -Volaora, Visitaora General de la Recta Provincia, te ordeno a ti y todos tus infieles, traigan noticias de todos los niños menores de tres años que hallan nacido en el archipiélago de Chiloé, para que mis sirvientes los rapten y alimentemos al nuevo Imbunche. Mientras tanto Fíura, alimenta al Imbunche con tu leche y carne de chivo recién nacido, esperando a que traigan bebes para alimentarlo con sus carnes.

-En el acto, la Volaora vomitó sus tripas en una fuente de alerce y se transformó en el pájaro conocido como Bauda, junto a todas las doncellas que participaban de la orgía, salieron volando en busca de los bebes menores de tres años, para usarlos como alimento del nuevo Imbunche. Los brujos que acompañaban a la Volaora y las otras Volaoras de menor rango, salieron volando así en diferentes direcciones. Estos Brujos tenían el poder de volar, gracias a su Macuñ, que tejían con piel arrancada del pecho de los muertos que buscaban en los cementerios. A su vez el Macuñ les servía de lámpara, irradiando una tenue luz en plena noche y así podían volar en la cerrada oscuridad de Chiloé.

Chiloé, capítulo II "En el Curanto".

Entró el Cholga a la casa y en el comedor estaba mudo Alvarado Viejo, sentado a la cabecera de la mesa. En la pared colgaba la parte delantera de una antigua armadura española y unos arcabuces, junto a dos sables cruzados. Todas armas de un pasado de guerras y victorias, batallas y derrotas. Martín de Alvarado Figueroa, conocido como Alvarado Viejo, era un español que arrancó de la hueste que se asentó en la región del Chauracahuin, en la ciudad de San Mateo de Osorno, fundada en 1558 por García Hurtado de Mendoza entre el río Damas y el río de las Canoas, y que después de años de guerras y asedios por parte de los mapuches y huilliches, bajo las ordenes del Toqui Purenense Pelantaru, fue completamente destruida. Esto ocurrió en la sublevación indígena que destruyó, las siete ciudades al sur del río Bío-bío en el Reino de Chile, en tiempos del Gobernador Alonso de Ribera, alrededor del año mil seiscientos. Por este motivo, los pobladores de la ciudad escaparon hacia el suroeste, fundando la villa de San Antonio de Carelmapu en el Océano Pacífico, cerca del Canal de Chacao y otros escaparon hacia el sur, fundando la villa de San Miguel de Calbuco, en la rivera oeste del Golfo de Calbuco, hoy Seno del Reloncaví. Luego, algunos de los que fueron a Carelmapu, siguieron hasta Chiloé, entre ellos Alvarado. Su hermano era encomendero en la ciudad destruida de Osorno y luego en Carelmapu y Chiloé, pero Alvarado escapó desde Carelmapu raptando a la Chola. Ella era una huilliche mucho más joven que él, cuando la raptó de la encomienda de indios de su hermano mayor y se establecieron en la zona de Llaullao, en la costa oriental de la isla, cerca de la ciudad de Santiago de Castro.

Después del Cholga, entró la Chola a la casa, con una fuente llena de mariscos y milcaos. Aun en la plenitud de su vida, llevaba un trarihue en la cintura y una trarilonco sobre la frente. Vestida con el macuñ negro característico de ella y de toda su familia. Luchito entró con una fuente de choritos y almejas y se sentó, en el otro extremo de la mesa. Sirvió todos los vasos con licor de papa. Junto al Viejo se sentó Alvarado y frente a él, se sentó el Cholga. La Chola puso en el centro de la mesa, una fuente llena de carne de cerdo, milcaos y chapaleles. El Viejo terminó de encender todas las velas y velones y Alvarado dijo;

-Familia, hay que dar las gracias a la virgen María y nuestro señor Jesucristo por los alimentos y a nuestro Dios padre, por un día más de vida. – y levantó su vaso y brindó con todos a la luz de las velas. En una de las piezas del segundo piso, dormía la Chola Chica que era apenas una niña pequeña.

Luego de un momento llegaron la María y El tosca con una botella de licor de oro y se sentaron a la mesa a disfrutar del exquisito curanto.

-¿Dónde estabas? – preguntó la mamá Chola a la María.

-¡Si acompañé al Tosca a su casa oh! ¡A buscar el licor de oro que trajo, no `ma! – respondió y sacó unos choritos y los puso en su plato.

-Tú sabes cabra, que no me gusta que andes de noche fuera de la casa, mira que el Trauco te puede pillar sola por ahí y hacerte su gracia. –reprochó la mamá a su hija, mientras comía unos chapaleles.

-¡No se preocupe señora Milla! Si ella me acompañó y andábamos juntos.- dijo el Tosca, hablando y sin mirar a nadie, sacando unas almejas y llevándolas a su plato.

-Le estábamos contando al Tosca, de la ves que el papá estuvo con los Alacalufes.- dijo el Luchito, cambiando el tema y comiendo un milcao.

-Eso es lo que dice el Cholga, que se encontró con unos Alacalufes y le contaron que eran amigos de este Viejo mudo. –dijo la Chola, mirando al Viejo que comía papas con la vista perdida.

-Si, ese Alacalufe Viejo me llevó a su tribu y me dieron de comer.

-¿Ellos fueron los que te invitaron a comer carne de perro? – preguntó el Luchito.

-No, esos fueron mis familiares de la isla Laitec, ellos cocinan sus perros con papas, a las brasas, son deliciosos, especialmente las piernas y con su cuero hacen ropa y su lana la hacen tejidos. –contó el Cholga, que tenía familia tanto en el archipiélago de Chiloé como en el de los Chonos, puesto que estos pueblos eran nómades. Hacía tiempo que el Cholga había ido a recorrer los canales del sur para ver a su familia sanguínea. Cuando cumplió los quince años, decidió que era hora de volver a sus islas y en ese viaje, hizo un alto en las islas del sureste de Chiloé, donde vivían algunos de sus familiares. Luego emprendió viaje rumbo más al sur, por los canales del archipiélago de los Chonos. Se encontró por fin con su familia y estuvo con ellos un tiempo, trabajó en el mar y en el alerce, hasta que después de un tiempo, decidió volver a Chiloé. Siempre extrañó su Chola y su Viejo, a sus perros y sus hermanos, en el fondo el Cholga ya no se sentía Chono, sino que ahora se sentía Chilote. Fue en ese viaje, cuando se encontró con los Alacalufes, merodeando los canales del sur del Golfo de Penas y participó de sus ceremonias y de sus fiestas, pero ya hacia tiempo que ese viaje había terminado y ahora era feliz en la Isla Grande.

Estaban todos comiendo entre la luz de los velones cuando se escuchó los perros ladrar, el Viejo se puso intranquilo, todos se dieron cuenta que alguien venía a la casa, pero ¿Quien sería a esa hora? Todos se miraron y Alvarado dijo;

-¡Apuesto que viene alguien! ¿Quién será? – y en el momento se sintió que alguien se acercaba a la casa. Alvarado tomo el paño de loza y se limpió las manos y la boca y salió a ver quien era el recién llegado. Los perros ladraban furiosos, más que de costumbre, al extraño que desde la puerta de la casa no se podía reconocer. Sino fue, hasta que se acercó al portón de la huerta y entro a esta, que Alvarado lo reconoció. -¡Si no es nuestro amigo el cura Bruno! ¡Hola hombre de dios! ¿Cómo estas? ¡Pasa no más, si los perros están amarrados! –dijo y salió al encuentro del visitante.

-¡Hola familia! ¿Cómo están todos? –dijo el cura al entrar a la casa.

-¡Hola padrecito! Bien `po. ¿Cómo esta usted? Llegó justo al curanto, siéntese por aquí. –dijo la Chola, ubicando al cura en la mesa.

-¡Oh, ¡Que rico! Gracias.- dijo él saludando a toda la familia y sacándose el poncho negro que traía. – Es que he llegado justo antes de quedar debajo de la mesa, ni que el olor me hubiera traído. – dijo y se sentó, con su rechoncho cuerpo al festín.

-Hace tiempo que no venía por aquí padre, ¿Cómo están las cosas en Castro? – preguntó Alvarado, acercándole la fuente de carne y de milcaos, mientras Luchito le llenaba un vaso de licor de papa.

-Más o menos no más hijo, fíjate que han ocurrido algunas cosas raras en la ciudad.

-¿Cosas raras? ¿Que más raro que andar pasado a jibia? -dijo Luchito y todos se echaron a reír.

- ¿Qué cosas han pasado padre, cuente? –dijo el Tosca, con un chapalele en la mano.

-Cosas raras hijo, pero es que no debo echarles a perder vuestra cena, que por lo demás esta exquisita, con historias de imbunches y brujos. Vosotros sabéis que yo no creo en esas cosas hijo, yo solo creo en dios y si le tengo miedo a algo, es a los Purenenses, a nada más.

-¿Y al demonio padre, no le tiene miedo? – dijo Alvarado.

-No hijo, no tengo por qué tener miedo a los demonios, ni a los brujos. Yo represento la palabra de nuestro señor Jesucristo, que murió en la cruz por todos nosotros, y ella es más poderosa que Satanás y sus huestes de malditos. – dijo el cura, tomando el vaso de licor hasta la última gota.

-Pero padre, entonces, ¿Por que le teme tanto a los Purenenses? Esas cosas son leyendas del pasado, que el Viejo nos contaba cuando éramos niños, ahora somos hombres y solo respetamos el mar. – dijo Alvarado, dejándose llevar por la emoción, de los recuerdos de su padre, cuando salían a pescar y les contaba las historias de los españoles que murieron en América en nombre del Rey de España.

-Hijo, lo que pasó en la ciudad perdida de San Mateo de Osorno, fue muy cruel, muy terrorífico, mejor conversemos de otras cosas, y no le hagan recordar a un viejo cura como este, cosas que no le dejan dormir. – dijo, masticando un chapalele.

-Pero padre, si usted no nos cuenta. ¿Quien va a hacerlo? El Viejo ya no habla y nuestro tío ya no esta con nosotros, en el mundo de los vivos. – dijo Luchito, muy interesado en el relato del cura.

-Este viejo ya no habla, porque no quiere, yo lo he escuchado hablando con los perros y con los pájaros y se hace el leso no ‘ma, así que mejor será que cuente no ‘ma padre, porque sino, nadie va a saber que paso en esa ciudad perdida que nombra usted.- dijo la Chola.

-Bueno. -dijo el cura.- Ya que insisten, les voy a contar. Su tío, el Capitán de su Majestad, don Diego de Alvarado, hermano mayor de su padre, era encomendero de ochocientos indios en su merced de tierras en el territorio llamado por los Huilliches, como Chauracahuin, entre el río Damas y el río de las Canoas, donde se encuentran las ruinas de la destruida ciudad de Osorno. En esa encomienda vivían los padres de su madre. ¿Verdad doña Milla?

-Así es padre, mi familia trabajaba para la encomienda de los Alvarado que quedaba entre los ríos Rahue y Cudileufú, y nos fuimos con ellos de la ciudad, cuando esta fue arrasada. – respondió la Chola.

-Es que bueno, lo ocurrido fue que los Mapuches del norte del Chauracahuin, se alzaron en las tierras al sur del río Bío-bío y destruyeron entre los 1598 y 1603, todas las ciudades españolas, incluyendo Angol, La Imperial, Villarrica, Arauco, Cañete, Valdivia, etc. Cuando vinieron a asediar a la ciudad de Osorno donde yo me encontraba trabajando para el señor, todos los habitantes de la ciudad teníamos el temor de morir, atravesados por una lanza mapuche. Esta era la última ciudad que quedaba en pie y debíamos aguantar o íbamos a ser completamente expulsados del territorio, que con tanto esfuerzo habíamos arrebatado a los mapuches y los huilliches para el señor. – dijo comiendo un gran trozo de carne de cerdo. – Entonces vosotros sabréis que no nos podían tomar con la guardia baja, así que reformamos las empalizadas que fortificaban la ciudad y nos preparamos para el largo asedio. Se sabía de antemano que no nos íbamos a entregar tan rápido y sin luchar, a las flechas de los bravos mocetones Araucanos. De hecho, pensábamos que si la defensa de la ciudad se hacia en forma ordenada, podríamos resistir, pero nunca contamos con la valentía de los Purenenses. –dijo el cura, hablando y tragando.

-¿Y quienes eran estos Purenenses que usted tanto habla, señor? – dijo el Tosca, que no sabia de esta historia porque el llegó a Chiloé siendo muy joven en el barco del corsario holandés Jorge Spilberg, quien en 1615 destruyó la ciudad de Castro y desde esa época, el Tosca desertó y se estableció, viviendo con los indígenas y dedicándose a la pesca.

-¡Esos naturales eran los más aventajados guerreros que se han visto sobre la faz de la tierra hombre! Superiores en el arte de la guerra a cualquier español y cualquier mapuche, eran de un lugar llamado Purén y obedecían las ordenes del cacique Curibeli y el cacique Anganamon, que a su ves obedecían las ordenes del gran Toqui Pelantaru. El había participado con Lautaro en sus campañas y a su ves este, introdujo el dominio del caballo español a las huestes indígenas, porque de niño fue apresado por Don Pedro de Valdivia y había sido caballerizo de él. Entonces aprendió el castellano y así conoció bien los movimientos de las huestes hispanas, y de esta manera le traspasó todo ese conocimiento a Pelantaru, quien con sus caciques y mocetones, conformaron el ejercito más temido, que haya asolado ciudad española alguna. Incluso durante años, usó el cráneo del Gobernador Martín García Gómez de Loyola, como recipiente para tomar su chicha, en las fiestas que celebraban después de una victoria. – diciendo esto, el Viejo Alvarado comenzó a ponerse nervioso y a botar sus mariscos. ¡Vean ustedes! ¡Todavía se aterra Alvarado Viejo, al recordar a esos Purenenses! –dijo el cura bebiendo un nuevo vaso de licor. Todos se quedaron en silencio y llenaron nuevamente los vasos. La Chola tomó del brazo al Viejo y lo llevó al dormitorio, mientras el cura siguió con su historia.

-¿Pero como nadie le pudo hacer frente a ese indio Pelantaru? –dijo el Tosca.

-Nadie, hijo, si incluso algunos huilliches del Chauracahuin, comandados por el cacique Cholchol, se negaron a que fuera Pelantaru quien comande el alzamiento en tierras huilliches. –respondió, tomando unos mariscos de la fuente que estaba nuevamente llena.

-¿Y porqué ellos no querían que fuera el? –pregunto Luchito.

-Porque no querían que fuera un mapuche, quien comande, en territorios huilliches. –interrumpió la Chola volviendo del dormitorio.

-Claro, es que vosotros debéis pensar que no es fácil, que un guerrero, acepte que otro guerrero foráneo, mande un alzamiento en sus tierras. –respondió el cura.

-¿Y que pasó? –pregunto Alvarado.

-Pelantaru envió al cacique Curibeli quien era un hábil guerrero, con un grupo de sus mejores mocetones, a negociar los caballos y soldados, que los huilliches entregarían para contribuir al asedio de la ciudad. Entonces Cholchol se opuso y aseguró, que solo sobre su cadáver un Purenense comandaría las huestes huilliches en los territorios del Chauracahuin, así que Curibeli lo retó a duelo Un duelo a caballo con arco y flecha, con la condición que si Cholchol ganaba, él comandaría los ataques a la ciudad, pero si él moría, seria Pelantaru el único Toqui del Chauracahuin. – terminó de decir el cura, empinando el vaso de licor. Con el calor del relato ya todos estaban interesados en conocer el desenlace, así que llenaron nuevamente las fuentes de mariscos, milcaos, chapaleles y carnes.

-¿Y quien gano? –preguntó Luchito.

-Espera pequeño Luís, vamos por partes, respondió el cura, sudando al calor de la comida…

Chiloé, capítulo I "En la Playa".

Alvarado llegó a la fogata que encendieron a orillas de la playa, con una chuica de licor de papa, a saludar a Tosca, a Luchito y a Cholga, que a esa hora de la noche celebraban como todas las noches cuando había buena pesca.

-¡Llegaste Jote!- dijo Tosca, quien era un tipo muy moreno y alto, vestía siempre con un poncho negro, botas de cuero negras y un gorro de lana cruda de oveja.

Alvarado se sentó y mostró su cara arrugada por el mar, a la luz de la fogata. Más allá en la espesura de la noche todo era silencio… Tosca abrió la chuica y siguió contando su historia mientras servía los vasos con el espeso licor.

-¿Y la Volaora, era una mina muy rica? -preguntó Luchito, hermano menor de Alvarado.

-Si ‘po, era una mina flaca y blanca, de unos treinta años, pero que parecía una cabrita no más, entró volando con forma de Bauda por la ventana y comió de un lavatorio de alerce que tenía debajo de su cama, unas tripas que eran sus propias tripas. Se las comió de un solo sorbo y en el momento, se transformó en una tremenda mina. Tenía el pelo negro y largo y estaba en pelotas, siempre dentro de la pieza la mina estaba desnuda. -contó el Tosca, bebiendo de su vaso.

Alvarado, Luchito y El Cholga, escuchaban atentamente la historia del Tosca al rededor de la fogata, en la playa entre sus botes. El Cholga miró el cielo y dijo.

-Va a llover mañana cabros…-el Cholga era un Chono que llegó a Chiloé desde el sur, y se perdió de su tribu cuando era niño. Un día embarcado en su dalca se alejó mucho de su bahía, por canales al norte que él no conocía y justo cuando trató de volver, lo atrapó un gran temporal y estuvo perdido días en el mar. Solo recuerda que un viejo le hablaba en un idioma que él no conocía, pero que con el tiempo aprendió. Este viejo lo llevó a su casa y lo curó de las heridas que le había hecho el mar durante el temporal. Con el tiempo el Cholga fue uno hijo más para Alvarado Viejo y la Chola, y terminó de convertirse en hombre junto a los hijos de estos, el Jote y Luchito, la Chola chica y la María.

El Tosca continuó su historia, bebiendo de su vaso que estaba nuevamente lleno…

-Esa noche cabros, no me aguanté las ganas y me fui a la pieza de la Volaora.

-¡Ya! ¿Te atreviste a ir?- preguntó Luchito, mientras le ponía más leña al fuego. A lo lejos sobre los cerros, estaba la casa de la familia Alvarado, mientras que al otro extremo de la bahía, quedaba la casa del Tosca.

-Si ‘po, es que me puse como hueón, porque yo estaba mirando por un hoyito desde la pieza del lado y la Volaora cachó y como que me hipnotizó. No podía dejar de mirarla y no me di ni cuenta, cuando estuve desnudo en su pieza. Ella estaba sacándome la ropa, cuando don Gastón, que era el dueño de esa pensión en Castro, me llamó para invitarme una caña de licor de oro. Cuando ella escuchó, me echó de la pieza y vomitó sus tripas en un lavatorio de alerce y se fue volando. Era un pájaro negro y feo, conocido como la Bauda. Yo le conté a don Gastón y él me dijo que era un brujo, que me podía comer el ánimo y que tenía que irme de su casa, porque sino el brujo no me iba a dejar tranquilo y otros brujos me iban a molestar, porque la Volaora era una mensajera de los brujos de la Mayoría, que se juntan en la Cueva de Quicaví. Yo le dije que sería una bruja entonces y él me dijo que era lo mismo, que la Volaora se presentaba como una mina bien rica, pero que en realidad era una Bauda, que servía de mensajero a los brujos de Quicaví.

-¡Ja ja, entonces el Jote es un brujo, por lo negro! -dijo el Luchito y todos se rieron. Alvarado es conocido como el Jote, más allá por su forma de vestir de negro, por su aspecto flaco y su boca sin dentadura, además de su piel morena, casi negra y su pelo largo y sucio. Es alto, no tanto como su padre Alvarado Viejo, pero bien moreno como su madre. Desde niño había trabajado con su padre y sus hermanos en la pesca. Cuando Alvarado Viejo se instaló en Chiloé con su Chola, ellos comenzaron a sobrevivir del mar, hicieron botes y lanchas pequeñas de madera, a la manera de los Chonos del lugar, pero incluyeron una vela para entrar bahía adentro, en lo que hoy es la bahía de Llaullau, cerca de Castro. Así Alvarado, el Cholga y Luchito habían trabajado en el mar junto al Viejo, hasta que hacía unos años, el Viejo se cayó al mar en un temporal y se perdió.

-¿Y que hicieron con las tripas?- preguntó Alvarado.

-Las enterramos, hueón pa’ que no moleste más. Igual la Volaora me molesta siempre -dijo el Tosca, bebiendo junto a los otros tres pescadores. -Las noches de luna llena me va a molestar a la casa, pero yo no le abro, aunque sea muy rica la mina, no le abro, ¡Ella te come el ánimo!

-¿Cómo es eso? –preguntó Luchito.

-Te saca el animo ‘po, se lo come y te empezai a secar, a ponerte enfermo, hasta que te morí y ninguna médica te puede curar. Si te acostai con la Volaora ella te come el ánimo.

-¡Oye Jote! -preguntó el Cholga. –Cuenta, ¿Como fue la noche que vieron el Caleuche, cuando volvió el Viejo y se perdió el Viejo Catrutro?- Al hacer la pregunta, todos quedaron en silencio. Fue un silencio frío, se escuchó el mar y se ordenó los palos del fuego, en lo alto pasaron unos pájaros…-¡Ya ‘po, cuenta lo del Caleuche ‘po! –insistió el Cholga.

-Pucha, esa noche con el Viejo Catrutro fuimos a tirar las redes. Hacía frío y las nubes viajaban rápido en el cielo. El Viejo Catrutro, era un marino intrépido, conocía bien este lado de la isla y sus canales. Pero esa noche se perdió.

-¿Pero que le pasó? ¿El Caleuche lo llevó? –pregunto Luchito.

-Lo que pasó fue, que esa noche con el Viejo Catrutro fuimos a tirar las redes en su lancha…

-¿Y esa noche se perdió el Viejo Catrutro? ¿Entonces esta muerto? –interrumpió el Cholga.

-Sí, esa noche se perdió. Los brujos cambiaron a nuestro Viejo por el Viejo Catrutro.

-¿Pero cómo fue? ¿Tú, viste al Caleuche? –preguntó el Cholga muy asustado.

-Si ‘po hueón. El canal de pronto se llenó de neblina y comenzó a soplar un viento frío, cada ves más fuerte. Pero de pronto se quedó todo tranquilo y vi una luz dentro de la neblina y el Catrutro ya no estaba en la lancha. Escuche música de fiesta y la luz se movía a poca distancia, acercándose. Era el Caleuche, el mismísimo barco de los brujos, el “Barco de Arte” como le llaman ellos. Era súper grande, pero por la neblina no lo podía ver bien. Solo veía una luz que brillaba en la oscuridad, comencé a buscar a Catrutro por babor pero no lo encontré y cuando me di vuelta, el Caleuche estaba en estribor justo al lado de la lancha. Alto, era como si fuera de vidrio, parecía congelado, como si estuviera hecho de hielo y desde arriba me miraba mi viejo, muy asustado. En el momento, se tiró a bordo de la lancha y se quebró una pierna al caer, por eso ya no sale a pescar. En ese rato el Caleuche desapareció sin dejar rastro. La neblina se disipó y comenzó nuevamente a correr ese viento helado, desde esa vez que no habla. –dijo el Jote Alvarado, bebiendo al seco un trago de su licor.

-¿Y que pasó con el Viejo Catrutro? –preguntó el Cholga, mientras todos miraban el fuego.

-No lo vi más, el Viejo Catrutro se perdió. El Caleuche se lo llevó y regresó al Viejo.

-¿Y donde estuvo el Viejo todo ese tiempo? –preguntó el Tosca.

-Estuvo con los Alacalufes. –interrumpió el Cholga. –Ellos me contaron que eran amigos del Viejo. Yo estaba buscando alerces, esa vez que fui a ver a mi familia y estábamos al sur del archipiélago de Los Chonos cerca del Golfo de Penas y me topé con unos Alacalufes que estaban sacando locos. Los identifiqué al tiro porque un Alacalufe viejo y chico que era el jefe, andaba con el macuñ del Viejo, un macuñ que la Mamá Chola le había tejido. Cuando me vio y se dio cuenta que yo andaba con un macuñ parecido, se acercó y me habló en su idioma, me mostró su macuñ y me di cuenta que tenía algo que contarme. Entonces llamó a un Alacalufe más joven que hablaba el idioma Chono y él me contó que el Viejo le había regalado su macuñ al jefe. Que lo habían encontrado hace años moribundo en una playa al sur del Golfo de Penas y lo habían llevado más al sur, donde su tribu para curarlo. Para cuando se sanó, el Viejo le regaló su macuñ al jefe y me contaron que ellos lo llevaron de vuelta hasta el Golfo de Penas y ahí él emprendió el viaje de regreso hasta Chiloé.

-¿Entonces tu viejo estuvo con los Alacalufes y fue el Caleuche que lo trajo de vuelta? –preguntó el Tosca.

-Si.- dijo Alvarado.- ¡Y desde entonces no quiere hablar! –cuando terminó de decir esto, todos se mostraron intranquilos e inquietos, con mucho asombro en sus rostros. Una nueva caña de licor circuló rebosante.


Con el grito de las bandurrias llego la María a la fogata. La mayor de las hijas de Alvarado Viejo y la Chola, era una niña de catorce años y de una sensualidad poco usual para las niñas de su edad.

-Holas.- dijo y se sentó junto al Tosca, que era mucho mayor que ella, y le dio un beso en silencio.

-¿Y como va el curanto? –preguntó Luchito sobandose las manos.

-Esta listo. -dijo la María y se sirvió un resto del vaso del Tosca, acurrucándose y abrasándose a él. Estaba vestida por un macuñ largo y negro, hecho por ella misma, que a su vez lo aprendió de su madre, tenía varios modelos del mismo color, pero con diferentes bordados y motivos de colores. -Dijo la mamá que suban a ayudar a destapar el curanto. –contó, mientras le daba otro beso en la mejilla al Tosca.

-Ya, vamos cabros.- dijo Alvarado y todos se pusieron a poner leña a la fogata para volver a la playa después de la comilona.

Tosca y la María se fueron en dirección de la casa de él, y Luchito revisó las amarras de los botes y de la lancha que estaba a la gira. El Cholga recogió todos los vasos y la chuica y caminaron en dirección de la casa. La huella a modo de sendero, apenas se podía ver en la noche profunda y Alvarado llevaba delante de él una antorcha. A lo lejos, su casa se veía a los pies del cerro, junto a la huerta. Los perros jugaban, amarrados junto a la casa.

Por el otro camino, la Maria iba bien apretada del brazo del Tosca y lo acompañó a buscar un licor de oro que tenía en su despensa. Entraron y él puso leña en el fogón que quedaba en el centro de la pieza que usaba de cocina. La María se fue hacia la penumbra, en la sala que era el dormitorio y se sacó el macuñ. Desnuda se metió en la cama, entre las pieles del Tosca.

-Negro, ven aquí. – le dijo y el Tosca la vio acostada y se quitó la ropa también. Saltando en un pie y luego en el otro, se sacó las botas, mientras la María lo esperaba revolcándose en las pieles con ese calor insoportable entre las piernas.

-¡Mi amor que caliente estas! -dijo el Tosca y se acostó sobre ella entre las pieles de la cama.

-Mira, tócame aquí.- dijo ella y acercó la mano de él entre sus piernas para mostrarle su humedad. Él, sobre ella tomó su mano, poniéndola en su erección vigorosa. Ella se la introdujo, retorciéndose entre las sombras y las pieles.

Alvarado abrió el portón de la huerta que estaba antes de la casa, ésta, apenas se podía ver, entre las altas varas de habas y arvejas. Más allá, junto a los árboles estaba la Chola, sacando las hojas de pangue con que se cubre el curanto. Debajo, humeando las papas y los mariscos, la carne de cerdo jugosa y los milcaos con chicharrones, se cocinaban entre los chapaleles y las longanizas, al calor de las piedras que se colocan al fondo de un agujero en la misma tierra y sobre ella se hace fuego, luego se retiran las brasas y sobre las piedras al rojo vivo, se cocina el curanto. El aroma viajaba por todas partes invitando a disfrutar de aquella deliciosa comida.

Sunday, January 20, 2008

Pila del Millón de Siglos que no Recogí

Es como si todavía estuviera adoleciendo de calor y desahogo.
Como si al ver que miras en otros ojos tu destino yo fuera a lamer sonrisa vertical y no sintieras nada y quisieras nada y dijeras nada.
En fin, más largo tiempo de estar al otro lado del río escuchar clamor que traen aguas torturadas.
Hace tiempo que caí en la última hoja de otoño.
Transformé en ciudad y ruido neón y antenas disfrazadas de árbol visto de poeta y amigo y no sé si pueda con esta hora loca de velocidad y llanto zapatos me consumen vida me aprieta.
Cuando fue pregunta día que me enviste a nunca jamás?
Olvidaste mi nombre en tarde que se ocultaba el sol tras smog y ahora todo es antenas y ondas y quien sabe que nos ocurrirá con radiación?

Madre dijo, padre dijo todos dijeron que no tenía fin mi silencio era cosa de esperar que frío llegue.
Atento a pantallas ya no soy agua.

En fin, no conozco mis abuelos y no sé si pueda sanarme de olvido.

También me daña silencio de quien está detrás de rejas como yo porque quiere respirar.
Duele aire que derrite morada del alumno más austral.

Que voy a decir mirada, que esperar de ti cuando me vaya.
Inventé el juego que voy perdiendo escribí sentencia y llené formulario mi final.

Cuando estaba escribiendo buscaba un nombre para ti libro de las palabras elegidas sin pensar amigo de mi reflejo en el agua esperanza fatal.

El vacío en el interior se manifiesta de un manera que no sé como llenarlo.
Veo pienso creo que razono y no hay razón para no hablar.
Odio con la mente miento con la boca siento pena con las palabras que veo en la pantalla.
Computador se ha vertido en mí cursor de sentimiento.

Te encontré en una canción de Queen, apegada al piano en actitud solemne.
Eres todas las mujeres y única, la que miraba y que no me ve.

Cuando decidiste enviarme a la mierda, dime.
Como una ciudad no alcanza para esconderme ignorancia conmigo, perderme presencia cegadora, llorar en botellas de cerveza frío y calor frío y calor en la mente y el cuerpo.
Conoces la musicalidad de un cuento?

Sabes componer un poema de melodía armónica que llegue a sonar como un susurro en tu oído ciego.

Puedes ver a través de las palabras lo que quiero pedir?
Puedes volver a pedir lo quieras Qué deseas?
No ves que estoy viviendo de tristeza cuando estoy muerto.
Para ti muerto he ido lejos montañas para sentirme mejor aquí adentro.

Allá en las montañas.
Frío en la mente calor en el cuerpo.
Puedo leer en palabras que estoy diciendo cosas al viento y pregunto.
Cuando será la hora que llegue el invierno y nos metamos a la cama
a olvidar tu cuerpo, sirenas, vidrios rotos, ladrones, cerveza, neopren?

Siento en palabras que no debería decir que siento.
Enamorado de una canción mi voz es un lamento de wuachos que no sanan. Porque no saben vivir sin pena de esto.
Cuando viste que cayeron bombas?
Cuando comenzó guerra desencuentros?
Bombardeo de ciudades nadie se saluda.
Mira humo y oscuridad ojos rojos nada más.

Verterme en humo y sangre y de cada cosa espero que nazca alguien que limpie lo que dejamos sucio

Cuando me enviaste a la mierda?
Cuando quisiste descansar en paz?
Cuando no recogí la Pila del Millón de Siglos?
Pájaro que sepultamos.
Recuérdame como el que clamaba por tu salud hecha pedazos.
Guárdame un lugar en tus ojos.
Que más quieres decir en tus aguas agotadas de tanto bajar mugre.
Lamentos de vacas que no saben nadar.

Sentarme a escuchar con el corazón el río sus reclamos.
Respiro profundo en la voz de oro del que no sabe hablar.

DiamanteNegro o si Pudiera Darte Algo que Sirviera a tus Ojos

Si pudiera bajarte algo del cielo traería un Coro de Elefantes y una Orquesta de Luciérnagas para adornar tu Alma de Perlas Cultivadas por manos de artesanos ancianos y barbudos.
Si pudiera dar algo de mi daría mis riñones a Bolaño para que escriba las mejores novelas como presente a la luz de tus ojos oscuros pero alegres y brillosos.
Si pudiera darte algo inmenso recogería toda la basura del Mar y traería el Coral cocinado para hacer un templo y venerar tu nombre a la luz de unos velones rojos eternamente.
Si bajara a las infinidades del Cosmos traería en mis manos los secretos de la flor de la vida arrullo de soplo en tu nariz para que renazcas siempre y vivas y vuelvas como mereces.
Si pudiera ver más allá de lo evidente buscaría con miel mirada la suavidad de tus curvas nota errada de voz ronca, para componer mi mejor melodía dodecafónica expresionista.
Si pudiera sentir otra cosa que no sea fobia ocuparía mis mejores versos para sanarme y quedarme siempre entre tus piernas tersas y largas y saliva y sangre y leche.
Si subiera a las entrañas de la tierra traería los mejores DiamantesNegros para comprar mi asma y obsequiarla como ofrenda al mercader del sueño que no te despierte, sino que estés conmigo, reluciente y joven, alegre y luminosa.
Si pudiera ser cántaro de greda y guardar así mis mejores versos para que resuenen las melodías que vienen y van en mi cabeza mientras camino o duermo, mientras respiro y pienso y tengas mi música que está en mis células acompañándote siempre.
Si pudiera más sería poeta y escribirte versos en espiral que estén centrados y vacíos de remordimientos, sino llenos de deseos, escribiría de noche cuando la luna llueva y las ventanas suenen como campanas y se consuma toda mí hoguera.
Si pudiera cantarte, si pudiera, si tuviera un momento, si tuviera, si tan solo un instante fuera, si tan solo un roce fuera, más ahora vamos a volarnos con el olor a primavera y sin estornudar recantaremos tu nombre, porque es presagio de buenasnuevas, amuleto de tranquilidad y fértil tierra.
Si pudiera acompañarte por caminos donde estés sola, si pudiera hablarte al oído un día cualquiera, susurrarte que yo pensé las nubes para ti, que yo canté en los pájaros tu paso, te llevaría en mi mente como buena idea.
Si pudiera darte algo de mi, si una parte de mi sirviera, más estas lejos, el mundo gira sin ti no vivo soy alma en pena.
Si te pintara la cara de un color que desconozca dibujaría a mano alzada los puntos de fuga serían tus ojos mirándome al amanecer, penumbra en la pequeña pieza.
Si pudiera devolver tu compañía no estoy solo, desde que naciste ya no duelen explosiones de estrellas, no escribiría nunca más poemas a tu mirada como ofrenda.


Osorno
19012008

Sunday, January 06, 2008

PosoNegro de Ratas y Gusanos

Dos veces me negaron y dos veces me encontré, ví entre hojas de árboles el Aleph, hojas de libros en el Silmarill, sueños vienen recurrentemente sueños vienen recurrentemente sueños vienen recurrentemente casa infestada de Ratones donde me visitaba las noches Satanás, casa que no tenia patio ni baño que no era casa sino arrabal.

Me negaron dos tres veces que importa, noche fría que El dijo que yo no era su hijo y quedé huérfano de mi, noche tibia en El dijo que yo no era su nieto y quede nuevamente huérfano de mi, noche errada en que decidieron tirarnos a la calle a toda mi familia y maldición.

Me han negados tres cuatro veces y yo igual me encontré, entre los Guarenes del PosoNegro del patio en la casa en que crecí en los ojos de Gusanos Rojos que vivían en la cuneta afuera de la rancha en que viví, y me encontré en los sueños que tengo a veces donde soy niño y juego con los Gusanos y los Ratones y somos amigos y los como y hacemos grandes orgías, por que me reencuentro en ellos, ojos en la miseria de ser pobre Gusano y Ratón, uno de ellos comiendo mierda, pudriendo la cabeza de los demás.

Me encontré en sueños y llegué a ser el Emperador de la macoña y fui carcelero y cárcel de verdad, porque me negaron cinco veces seis y más y no importa, ya no importa porque subí los Andes sólo, llegué al Nahuel Huapi y tragué mi dolor, crucé la Pampa y forniqué en la Patagonia con la MadreTierra mientras me decía en mi oído, no importa Javier nada importa en esta soledad, que importa que te niegue Ella, que importa que te niegue El, te doy mi amor americano hago Vino, configuro Paltas y Tomates, crío ciervos para Ti.

Que importa Javier que te nieguen cien veces si quieren que se enorgullezcan de no conocerte, tu sobrevives la tormenta, invitas Gusanos a jugar, celebras tu cumpleaños con doncellas y maracas y vas a volver a ganar, empujo ríos para ti, ahora vete con quien quieras, has lo que quieras, suda estiércol por los poros, hazte una ensalada de Tenias y Caracol, pero se libre por que siempre yo MadreTierra te voy a perdonar, que importa que te niegue tu Padre que importa que te niegue tu Abuelo no vaya ser que vayan a vomitar, tu compones mejores sonetos a los Gusanos y mejores odas al Ratón.

Escucha anda y mira dentro del PosoNegro escucha los Guarenes jugar, aprende la felicidad no está en el reconocimiento de wueones que te negaron y que te nieguen mil veces si quieren en Caleta Tortel, que te niegue Dañina que te niegue Manuel. Volverás sobre tus ruinas serás estatua y sal, ceniza que reclama por el humo, amigo del que no puede hablar, preso de si mismo encerrado en cárcel de vidrio y papel no importa.

Ven y dime: ¿Recuerdas tu madre? leche dulce pues no tienes que pagar, ven y dime recuerdas tus abuelas? ¿Recuerdas manos tersas, besos, lágrimas por ti?, pues no debes pagar sino en miel, tía Jeannette cuando escuchaban Queen y tío Luís, ¿Recuerdas? pues no debes pagar por ellos, siempre piden a Dios por ti, ¿Recuerdas a Guillermo? quería llevarte al Nahuel Huapi con Teresa ayudarte a crecer? tu no debes pagar por ellos son ellos los que pagaron pan por ti. ¿Recuerdas besos de Paulina? manos suaves, fidelidad, no debes pagar por amarla es ella la que te amara eternamente a ti.

¿Recuerdas tu tía María y sus juegos y el dinero que te dió para subir el Cerro Ventana? No debes pagarle, solo debes recordar. Que importa que te nieguen mil veces en Coro de Elefantes, ellos están muertos aunque estén con vida no existen para ti. ¿Recuerdas la noche que murió Leonidas y te sentó a su mesa? ¿La noche que Miguel antes de morir dijera que siempre iba a estar contigo y que no eras wuacho sino que tenias un amigo que era un hermano y te tomó en adopción?, que importa que te nieguen millones de veces Javier, soy tu MadreTierra, todavía tengo fuerzas para hacer ricas Ciruelas, Manzanas y Jardín.

No llores por escribir este poema, no creas que miedo va a vencer ,ve en ojos de Gustavo siente su alegría de vivir, quien te ha negado sin conocerte es Paloma que no puede volar, mas anda al campo y playa, desierto y escala abismos más altos, tus amigos Ratas y Gusanos están ayudando con sus ojos rojos, cree en encontrarte a ti en palabras, cree en reencontrare en perdón, escribe una versión hermosa de noche oscura cuando te negaron dos veces de Abuelo y Padre y fuiste tu propio hijo y nieto y saliste del PosoNegro y nunca caíste en la Cuneta.

Tu dices que nunca vas recibir nada de los Reyes, fuiste odiado y olvidado y criticado y escupido y herido y sanado y querido y saliste del PosoNegro y te hiciste canción.

En Patagonia soñé aquella noche fría, Ratas y Gusanos escuché, MadreTierra me encontré en un Poema de perdón que limpia como río subterráneo el alma de quienes no son culpables de negar por ignorar.

Satanás o de Por qué la Plata vale más que el Dinero

Escuché voz de amigo en mi memoria ayuda desde el mundo iluminado donde está tranquilo. Agradecido de él tome el avión y fui a conversar con los espíritus del Planeta de Gas y me dijeron; te vamos a sanar de todas las enfermedades de transmisión Policial, por que Miguel estuvo con nosotros y nos concedió el honor inmaculado de vigilar tu trayecto y alumbrar tu mente con ideas que tenemos de lo que pasó hace años en la memoria de los hombres que no son otros hombres y ninguno, sino tu uno y parte de ellos y te vamos a dar una hermana que te quiere tanto como se quiere el Sol cuando amanece y vienes llegando de una larga noche de conversaciones y copas con los poetas que tu elegiste de amigos porque son sencillos y no son divos amariconados como aquellos otros que no debes nombrar y te damos un cuaderno donde escribir tu nombre en la historia del olvido, para que escuches las visiones que tienes de reojo y cuentes aquellas ganas que tienes de volar en este Planeta de Gas que aun no te pertenece sino a las voces que circulan por los aires de viento solar y vas a entrar a las tinieblas, pero para ello te vamos a despojar de todo lo que amas y todo lo que tienes como premio, por que debes entrar vacío a nacer de nuevo a escuchar sonido de las Bandurrias para no tener miedo del grito nocturno de la Bauda.

Explicaras la diferencia que existe entre Dinero y Plata que olvidaste en calle Lynch cuando caminabas y lo pensabas y decías que el dinero era sucio porque se acumulaba en los Bancos y en las CajasFuerte que maracas después de actuar, ultrajan y rompen la memoria como pasó con la CajaFuerte de Miguel, en cambio la Plata está límpia con la sangre de los hermanos wuilliches que trabajaron, limpiaron con sangre y lágrimas, sudor y lágrimas para que salga de las minas y los lavaderos como esclavos y adorne y brille en medio del Dinero que no vale, sino que está contaminado con la avaricia y no ha sido limpiado con la sangre de nadie ni con el sudor de nadie ni con las lágrimas de nadie porque el Cajero del Banco no sangra y el Guardia no llora y el Dueño del Banco no transpira.

No contaras la historia que anoche contó el poeta Antuillanka de la hoja del Canelo porque esa historia de amor escrito atrás de las hojas no se puede contar todavía, ya que las palabras duelen como las espinas que escribían las hojas de los árboles del bosque húmedo de Huiro. Historia que no puedes contar porque te equivocaras de letra del orden de las palabras y sonido. Fallo en la mirada azul que mira cuando un chistoso hizo explotar todo y comenzamos a expandirnos a trescientos mil millones de kilómetros por segundo en la ignorancia.

Por que esas palabras prohibidas para ti duelen como el silencio y deja seco el corazón y desprecio de este arribismo mental que me tiene sin Padre ni Madre huérfano de mí. Recuerda que Yo inventé como me llamo y no me llamo porque no quiero estar conmigo.
Quiero irme con Miguel para conocer la Muerte Profunda y no ver como sale humo de las Micros ni observar como nadie saluda a nadie ni que te cuenten las Monjas que se derretía la Antártica en sus ojos y que era medida con la estatura de un niño que ahora es hombre blanco.

Seguirás equivocándote en las letras escribiendo ojos con h cuando veas entre dos árboles de una plaza el Aleph por un instante, recuerda cuando desaparezca que no debes bostezar.

Anoche comí palabras saladas horas antes de fornicar el Mar y me contaron que Luna tenía cicatrices de heridas en su cara por que la castigaba Sol y bebí luciérnagas marinas que hablaban con los Kawueskar de la historia que no esta escrita para no maldecirla, espectros que preguntan cuando recordar la voz de mi amigo que decía que tome el avión, no sin antes despedirme del Dinero y merecer mi Plata que adorne mi pecho y mi frente, no para legitimarme con mis hermanos, sino para contar que en una isla remota y una cordillera, los hombres comieron a los hombres cocidos en la sartén de su propio sudor, por miedo de salir y escuchar sus aullidos de espanto y ver el enemigo wuilliche a los ojos que es más honesto como dice el PoetAmigo Abraham que el hermano que te golpea la espalda, se presenta de amigo y por detrás te entierra la hoja de envidia cuando en verdad es Satanás.

Cuaderno de Santiago

Subway to heaven


Viaje uno
Freddie Mercury


Mientras bajo las escaleras de la inmensa estación subterranea, miro hacia la línea y veo que el tren aún no ha llegado, pero rápidamente escucho el sonido del metro acercarse y al pararme en el costado veo el tren venir. Aceleradamente se detiene frente a mi y las puertas se abren. El esta sentado al final del vagon tal como lo acordamos. Las puertas se cierran y el tren nuevamente se pone en movimiento, yo me acerco y él me saluda. No es indiferente como yo pensaba, es mas bien amable.

-Hola Farouk- le digo, mientras él dobla el periodico que estaba leyendo y lo deja en un costado, enciende un cigarrillo y se acomoda para la entrevista que acordamos hacer en este tren, que lo llevara lejos...

-Hola Javier.

-¿Como ha sido todo esto Farouk, de ser estrella del rock y a la vez uno de los músicos más originales del siglo?- Le pregunto sin sacar mi libreta de notas. Me aprendí las preguntas de memoria, aunque quiero que más que una entrevista, sea una conversación.

-Prefiero que me digas Freddie, Farouk es mi nombre civil y nunca lo uso. Asi me llamaban en la India y en Zanzíbar donde nací, pero aqui soy Freddie Mercury. -me responde bastante calmado y fuma de su cigarrillo. Afuera los letreros de velocidad toman formas curiosas...- mmm mira la verdad es que ser una estrella del rock es más bien molesto despues de algunos años. Cuando pasas diez años como una de las personas más comentadas, te terminas aburriendo, cuando pasas veinte y quieres descansar de toda esa presión, te terminas fastidiando, aveces quieres mandar todo al infierno, pero ellos dicen; "Este tipo esta acabado", entonces tú decides continuar asumiendo toda esa presión de estar tan expuesto. Con respecto a lo último, no me considero un músico tan importante como lo dices tú, yo solo he hecho lo que me gusta y si eso le gusta a otras personas, entonces gracias por poder hacerlo, pero soy mas bien reservado con lo que hago.

A estas alturas hemos parado ya en varias estaciones, pero como hoy es feriado no entra mucha gente al tren, nos miran algunos, pero nadie se atreve a molestarnos.

-¿Pero si tu tienes un perfil tan bajo, por qué la prensaha sido tan dura contigo, especialmente la inglesa?

-Si conmigo deben haber sido más duros que con otros artistas, personalmente creo que es por dos motivos. Uno, por mi condición de bisexual, porque lo he reconocido y a los demas les molesta que uno diga su verdad. Dos, porque a su vez no les he dado en el gusto de hablar más de mi vida privada, nunca he contado con quien estoy saliendo, si es hombre o mujer, etc, sino más bien me he vuelto hérmetico, algo muy natural en una persona que está en boca de todos y eso es algo que tambien te critican.

-¿Hablemos de música?

-¡Por favor!

-Considerando tu disco Barcelona con Monserrat Caballeé, como un disco de Opera Postmodernista, ¿Crees haber abierto un nuevo género?

-No, no considero el album Barcelona como un disco de opera, más bien creo que es una gran rapsodia y en eso Queen tiene mucha escuela. Tampoco lo considero posmoderno, es un típico disco del romanticismo. Posmoderno es Pink Floyd y The Beatles, en su epoca experimental, yo me consider un músico entre clasicista, romantico y rockero, no me nace desestructurar el arte, tal ves por mi rigurosa formación clásica y por mi intereses románticos, pero considero que Barcelona es un disco de varios estilos, como en la mejor tradición Queenera... Mientras Freddie me da clases de música, se acerca un extraño y él se pone un poco incómodo.

-¡Tú eres Mercury! ¿Puedes darme un autógrafo?

-¡Disculpa esto es una entrevista!- le digo para que el tipo se aleje...

-No te preocupes- dice él y autografía un papel, mientras apaga la colilla del cigarro, me queda poco tiempo para bajarme en la estación acordada, asi que debo hacerle una buena pregunta, apesar de todo igual estoy intranquilo...

-Cuando llegues alla, ¿A quién vas a saludar primero? ¿Alá, Mazda o Jehova?

-A Jimmy.

-¿A Hendrix?

-Si, y luego le voy a cantar una canción que compuse hace años y quiero que le ponga guitarra.

-¿Una canción con Hendrix? ¿De qué habla?

-...Mmm de como caminar por la playa sin mojarse los pies... (rie) Observo mi estación de destino acercarse, y mientras se detiene el vagón, me paro y me coloco la mochila...

-Tengo que irme pronto, ¿Algo para la posteridad?

-Si; "Que siempre recuerdes que todo lo que hagas, lo hagas con estilo..."- momentos despues nos damos un apretón de manos y se detiene el tren, se abre la puerta y debo cambiar de anden, porque más alla no puedo continuar, al bajarme él toma su periodico y continua leyendo en silencio. El tren se pierde rápidamente en la luz del final del tunel.


Viaje dos
Kurt Cobain


-¿Y era muy dificil salir de esa depresión?

-Era difícil, pero a su vez es una forma de masoquismo.- respondió él fumando un cigarrillo moreno mientras partía el tren.

-¿Y que onda con los fans?-Eso era lo peor de todo, podría decirse que los fans destrosaron mi vida.-Lo dices por Courtney, ella era una fan...

-Y por muchas perras más...

-¿Pero alguna vez debió haber alguna mujer en quien confiar?-Si, pero uno es muy inmaduro, superficial, ¡Oye, yo no soy John Lennon! Solo era un pendejo que quería mucho sexo. Existió ella, de hecho existe, vive en Seattle, pero yo no la sabía querer...

-¿Que opinas de la muerte?

-Que es interesante, es como una canción. De hecho una canción es la muerte del silencio, cuando comienzas una, nunca sabes lo que vas a encontrar al final de ella, es emocionante.

-Pero tú, ¿Que crees que hay más alla?

-No sé, si todos van al mismo lado, me gustaría encontrarme con Elvis. El fué una víctima también.
-¿Y qué le dirias?

-Le pediría que tocara unos temas mios en versión unplugged.

-¿Te gusta esa versión?

-Sí, la pase bien ese día.

-¿Eso era en lo que se hiba a convertir Nirvana?

-Sí, aunque Chris tal ves hubiera hecho otras cosas más Grunge, él estaba muy apegado a eso.
-¿Y tú no?

-Yo nunca he estado apegado a nada...

-Pero, ¿Y la música?

-No, mira, el Grunge era algo muy diferente a lo que es hoy en día, ¿Entiendes? Eso comenzó siendo una contestación, una irreverencia.

-¿Ante la sociedad industrial?

-Sí, ante muchas cosas que vienen de ahí , como la alienación.

-¿La alienación del consumismo?

-Sí, y otras cosas como el individualismo. El hombre necesita de los demas, hasta para reproducirse, pero en esta sociedad nos enseñan que tú y solo tú, eres el primero, todo debe girar en torno a tu conveniencia.
-Y el Grunge era una respuesta a eso?

-Sí, era una evación a eso.

-Y ¿Por qué piensas que ya no lo es?

-Mira a tu alrededor, el Grunge se transformó en una moda de pendejos hijitos de papá, que lo tienen todo y no tienen idea de nada, sino que se visten diferente. Creen que ser Grunge es consumir mucho alcohol y drogas y escuchar Nirvana y Pearl Jam. Pero cuando crecen se olvidan de la esencia de ser Grunge y estudian leyes o medicina y se hacen ricos y continuan con la máquina, consumiendo y produciendo para consumir más. Todo eso me da asco.

-¡Pero tú te hiciste rico con la industria de la música?

-Pero mírame, me volví un drogadicto y un infeliz. La música era mi único escape y terminé odiando a los que me escuchaban...

-La depresión y eso...-digo estupidamente.

-Sí, bueno y ya estoy chato. Creo que en la guitarra aún debo explorar muchos sonidos y el sonido unpugged me interesa mucho, me gustaría haber hecho algo así como Bob Dylan, algo más Folk, pero también más surrealista.- dice y agudiza su vista, sus ojos son celestes. Recuerdo a un viejo indio decir que nunca confie en la gente de ojos claros. Kurt me mira y como que se siente nervioso. Es hora de irme, el tren se detiene...

-¿Algo para la posteridad?

-Sí, el mundo ese era una mierda.- dice y yo me quedo solo en la última estación apenas iluminada...


Viaje tres
John Lennon


-¿Tenemos que hacer la entrevista de nuevo?- pregunta él, mientras me acomodo recién llegado al tren.

-Sí, es que la entrevista anterior mi secretaria la perdió, disculpa.

-¿Y recuerdas las preguntas?- Más o menos, pero si tú te recuerdas de algo, ayúdame…

- Sí, me preguntaste por Mark Chapman, por Yoko, por la vez que no acepté el título de Lord, y por como iba a ser mi música después de Double Fantasy.

-¿Y por qué vivías en Nueva York?

-Sí, comencemos entonces, ésta es la última entrevista que te doy, la próxima vez tendrás que ir tú para allá, dice y se ríe, sabiendo que es algo imposible por ahora. En este tren hace un poco de frío.

-¿Que onda con Mark Chapman? Creo que la vez anterior te pregunte si lo habías perdonado.-Si , eso era, y yo te respondí lo mismo que ahora, que si lo perdone, que de cualquier forma igual hubiera ocurrido, que la culpa no era de él.

-¿Cómo que de cualquier forma hubiera ocurrido?

-Sí, porque si realmente hubiera sido un enfermo mental o si hubiese sido todo un plan de la CIA, que es la versión que corre ahora, igual hubiera ocurrido.

-¿Un plan de la CIA?

-Sí, un plan para evitar la revolución que se venía. Si tipos como yo, o Hendrix o la Janis, hubieran seguido vivos y enviando su mensaje, muchas cosas habrían cambiado compadre. No sé ellos, pero por mi parte me hubiera opuesto a todo abuso de poder, y nosotros éramos influyentes, ellos no querían que las personas se dieran cuenta de la verdad.

-¿Tu crees esa versión?

-Sí, definitivamente, como te dije la otra vez, estaban ocurriendo muchas cosas raras, no se que, pero algo andaba mal. Con Yoko lo conversamos y ella estaba de acuerdo conmigo. Ellos no iban a permitir que los nuevos modelos culturales, sea gente que vive de la música y que usan drogas; debían eliminarlos de alguna forma.

-¿Y que piensas de las drogas ahora?

-Lo mismo que he pensado siempre, que es algo que no se debe esconder, ni perseguir, han estado siempre y siempre va n a estar. Es algo acerca de la libertad de cada uno, de esa libertad que ellos hablan pero no practican.

-¿Y por qué vivías en Nueva York?-Porque yo pensaba que desde allí, podía dirigirme a todo el mundo. Nueva York es la capital del mundo, es la Roma del siglo XX.

-¿Y ser más famoso que Jesucristo?

-Te acordaste, eso me lo preguntaste la ves anterior, lo de ser más famoso que Jesucristo. No sé porque dijimos eso. Bueno, en fin, con él estamos en la misma, del lado de los perdedores…pero el Jesucristo de la otra mejilla, no el de los católicos.

-¿Y fue por culpa de Yoko que te separaste de los Beatles?
-No por culpa de ella, eso gatillo todo, pero no fue por ella. El grupo más famoso del mundo no se iba a separar porque una mina toque el teclado en algunas canciones, no definitivamente existían razones más profundas…

-¿Cuáles?

-Con Paul las cosas ya no estaban bien, yo quería seguir experimentando y él quería continuar siendo pop, una súper estrella. Él estaba muy cómodo con su título de Lord y toda esa mierda. Yo quería vivir en una sociedad más abierta y seguir experimentando, cosa que con Yoko pude hacer y hubiera seguido haciendo con gusto.

-¿Una relación casi de espíritu?

-Sí, ella debe haber sufrido mucho cuando me tuve que ir, pero en su corazón sabe que es ella a quien he amado realmente.

-Ahora me queda más claro, entender porque no aceptaste el título de Lord.-digo, mientras afuera las pocas personas que lo ven no lo pueden creer…

-Sí, yo no creo en esas tonteras de la realeza, ellos no contribuyen en nada y no son mejores que nadie, no me interesas cambiar mi nombre. Yo me llamo John Lennon y listo, y me gusta vestirme con chaqueta y botas de milico, porque soy un combatiente.

-¿De alguna guerra en especial?

-De la guerra que libran todos los días los que tiene que levantarse a trabajar para alimentara sus hijos y soportara sus jefes. De aquellos que les esta prohibido ir a esquiar, porque una habitación cuesta dos meses de su sueldo, a esa guerra me refiero.

-Borges creía que era ridículo pensar que la historia sea una eterna lucha de clases.
-Sí, es fácil pensar eso cuando nunca te ha faltado nada y vives en Ginebra. Es obvio que no creas eso, pero dile eso a un agricultor de arroz en el Amarillo, o a un minero del carbón en Inglaterra. Pregúntale a él sino lucharía por cambiar toda esta mierda.

-Y en que se hubiera convertido tu música?

-Mis ideas musicales estaban evolucionando hacia la canción más simple y directa, a las ideas pacifistas pero al cambio, una música de mucha guitarra y de letras potentes, la letras es muy importante para mí- dice y se acomoda sus lentes típicos. Ya estamos llegando a la última estación y debo bajarme, despedirme de quien debe ser el más importante personaje que he conocido.

-Debo bajar del tren John, ha sido un gusto. ¿Algo para la posteridad?

-Sí, quiero que todos sepan que la segunda ves que venga, además de música, voy a hacer milagros…




Santiasco

Este miedo es de sangre,
abarca todo lo putrefacto,
de mí y del universo.

Aquello que está en el intestino grueso,
eso, que cagan los enfermos.

Es miedo de azufre mojado,
cenizas escondidas
bajo la alfombra.

Este miedo es húmedo
tiene coágulos,
es como un lobo horrendo,
con olor a zapatos
y esta siempre disfrazado
de ciudad.





La Trompeta del Ángel


Su madre lo vio dirigirse al dormitorio y beber un jugo, que era un potente alucinógeno que se obtenía al hervir una flor llamada la Trompeta del ángel. Recordó a los Fariseos, cuando le preguntan a Jesús: ¿Por qué no te lavas las manos antes de comer? Lo que contamina al hombre, no es lo que entra, sino lo que sale de él, respondió Jesús. Escuchó un ángel tocar una larga y fina trompeta. Fue al jardín a buscar unas podadoras.

El horror de su madre fue inmenso al encontrarlo sangrando. Acababa de cercenarse el pene y la lengua con las tijeras.




Quepe, Tren Viejo
(Locomotora 1906-1977)

El progreso,
quedo atrapado
entre hierros retorcidos.

Vagones mojados por la lluvia,
oxidados los ejes y las ruedas.
Llenos de moho,
carcomidos.
Quedo hecho dinero
en cuentas bancarias de los ricos.

Enterrado
en rieles y líneas férreas,
sepultadasapenas pueden ver.
Su progreso quedo en el pasado,
hoy son ruinas de trenes en descomposición.

Los vagones
compraron trigo,
leche,
árboles de bosque virgen,
nativo que a nadie le importa.

Volvieron colmados de mujeres viejas,
caballeros con sombrero y bastón.
Los vagones chocan
unos con otros,
discuten
quien va primero y quien va después.

Mientras calles olvidadas
cambian de nombre,
a otros más modernos.

Casas añejas atestadas de ratones,
caen en la última estación.

¡Nadie quiere ver trenes viejos!
nadie quiere recordar,
nadie saca la basura,
¡Todos quieren celebrar!

Este tiempo de aviones,
no quiere fabricas de jabón,
no quiere molinos de hueso,
solo quiere diversión.

Nadie va a venira resucitar el ajetreo inerte.
Ya nadie va a llegar atrasado.

El polvo cubreel oxido,
carcome
esqueleto gigante,
oruga que vuelve
solo a recordar.

¿Quién sabe doblar los rieles?
¿Quién conoce el viejo tren?

El Quepe,tren viejo
ya no viene a Osorno.

Quedo olvidado,
aburrido,
lleno de caca de ladrones,
jotes que aspiran neopren.
Tiradoen la costanera de Melipulli,
muerto de frio,
ya no sirve,
adormecido,
sin volver.


Paranoia

Quiero eliminar el miedo,
tiemblo,
cuando cae el témpano.

Las nubes van tan rápido,
no me quiero congelar.

Escucho una risita tonta,
paranoia,
fuerte y clara.

Me da miedo incluso mirar
en el espejo mi cara.



Ideas

¿Porque no escuchar el silencio?
Las gotas de lluvia caen,
los autos,
las sirenas,
los perros.

Sentir esas ganas
irresistibles de escribir.
Como late el corazón,
recuperar la memoria.

Aquellas ideas distantes
que se caen de la micro.
Que estaban entre los árboles,
laberintos dormidos de matorrales.

Esa emoción de estar
ante la hoja en blanco,
y pintarla
con letras deformadas,
degeneradas.

Las gotas siguen sonando
sobre la tierra mojada,
que se desborda
y las ideas vienen
y van.





Persus Nibaes
Persona Nueva


Ni griego, ni mapuche.
Ni alemán, ni mongol,
¿Por qué llamarse igual que otros?
YO NO TENGO PADRE, NI MADRE,
NI FAMILIA, NI PASADO.
Ni hablo como los poetas amariconados.
No soy yanqui, ni romano,
ni chileno,
ni español.

Tú dices;
Que mi poema es como una declaración,
y digo que yo
no tengo pasado,
y digo que yo
invento como me llamo.
Aquí no cabe la filosofía, ni la historia.
Ni la locura, ni el amor.
No soy huilliche, ni esclavo.

Soy una persona nueva,
recojo
los mejores frutos del nogal.

No pertenezco a ningún grupo.
Quemo todas las banderas
y ninguna filiación.

Ni izquierda, ni derecha,
ni heredo apellidos,
ni nombres,
ni países,
ni ciudad,
ni población.
No le doy explicaciones a nadie,
nadie es mi maestro
y nadie lo será.

Más estoy condenado
siempre a ser
el primero y el último,
el único,
por que de mí,
nadie descenderá…




Santa Lucía

Te cuento que,
nadie habla con nadie,
nadie te saluda.
Que por las noches
las sirenas no dejan dormir.

Te cuento madre,
que en la universidad,
estaban todos locos,
y en la cárcel
los poetas,
no sabían escribir.

Te cuento que el aire
era como el humo.
Y que todos tristes
por las calles caminaban.
Que habían viejos
durmiendo en las esquinas,
y los perros le daban su calor.

Que las mujeres se acostaban
por pocas Lucas,
en burdeles hediondos
a colonia Coral.

Te cuento madre,
que escribí un poema bien rimado,
que no sabia donde
iba a terminar.

Que la plaza,
estaba llena de peruanos
y los travestis
del Cerro Santa Lucia,
me agarraron el pico en una esquina
y me querían besar.




Altar

Supe que un hombre te dejó,
te engañaron,
y tú no querías recordar.

Lágrimas que
limpiaban tus mejillas,
ojos verdes y
yo, tuve mucho que ver.

Madre,
muchas veces
la poesía no se entiende.

Y no vas a entender
que hacen los hombres
por placer.

Yo solo quiero volver,
a esa mañana que desperté
y extrañaba tu olor.

Yo también conocí
mujeres mentirosas…
También sentí
en mi pecho ese dolor.

Yo la buscaba por la plaza,
y ella celebraba
la Fiesta de las Challas.

No vas a creer,
las cosas que hice,
madre,
y todo sirve para contar.

Me apena que no puedas
sentir orgullo
que yo,
sea poeta o escritor.

No importa.

No importa,
que te mientan y dañen,
ya no creas las palabras al pasar.

Deberías volverte monja,
madre,
y hacer con tus ganas
un altar.

Yo volví,
la soledad poesía,
y la flojera
un cuento chilote,
que no sé como cresta terminar.

Quisiera que mis poemas,
te devuelvan la alegría.

Mas, te digo madre,
mis poemas
no van a gustar.

Son como un hombre borracho,
hediondo,
u otro,
que solo quiere escapar.

Lo único bueno,
creo yo
tienen,
es que solo
dicen la verdad.



Cuentos de Hadas

Prefiero un poema a gritos,
sentarme
y conversar,
antes de mirar las marcas
de las cosas por comprar.

Prefiero la tele sin volumen,
la música alambrada,
las mujeres putas en la cama
y el estribillo
con solo de guitarra.
Prefiero cagarme de hambre
a cagarme de angustia.

Y recordar
todos los días,
que siendo pobre
disfrute la sopa a cucharadas.

¡Mírame niña!
¡Mírame hombre!
Yo no llevo anillos,
ni tengo autos.

No compro
para andar mostrando,
ni me creo mejor que otro
por tener.

Yo soy amigo del mago loco,
del filosofo borracho
y el poeta triste.

Me gustan los libros viejos,
los mapas antiguos,
y la María Juana.

Mas,
prefiero las carnes apretadas,
los pechos duros
y los cuentos de hadas.




Oscuridad
(En memoria de la poeta
Joumana Haddad
Beirut 1970-2006)


La suave liviandad de lo oscuro,
atraviesa cada célula
de mi triste manto.

Yo no soy este saco de piel,
yo no soy quién te extraña,
en los rayos de la noche.

Recuerdo cuando bailabas
en mi memoria,
al ritmo de las música
de otros tambores.

Que no eran los míos,
Mas, no eran los tuyos tampoco.

Nunca escuché el trueno de tu mirada,
las hojas de hastío
que caían por tus palabras.

Nunca quise escuchar,
el grito de oscuridad
que había en tu cara.

Lo aburrida de tu boca.

Hoy son momentos
de cuerdas en olvido,
vibrando
entre las celdas de mi mente.

¿Como volver al vientre?
¿Como entrar nuevamente en ti?
Lunar sedienta.

¿Como recuperar,
los árboles cortados,
por mi palabra cruda?
Afilada.

Perdóname,
o enséñame a olvidar,
que la luz oscura me hiere.

Mi vergüenza estalla,
y tu voz ya no es poema.

Quizás sean besos en otros pechos,
manos en otras manos,
seda en la cama de otro alado.

Te extraño en sonidos,
imágenes,
que ya no puedo recordar…

No quiero terminar este poema.
No quiero olvidar.
Escóndete en otras pieles,
déjame solo,
vete,
oscuridad.





Baby Light my Fire


Tomo el Metro, bajo en Las Rejas, camino hasta su departamento. Ella esta enferma (de rica) llego y en toallas, escuchando The Doors. Recién duchada.

Fumamos, entramos allí donde se ve la Luna llena sonreír. Me desvisto. Sus piernas húmedas, mojadas y morenas, se abren, puedo oler su resplandor. Pasan siglos, milenios en segundos. Sus gritos; La nueva forma de decir mi nombre... Sus uñas, mi espalda, sus piernas, su calzón. Morrizon, las sábanas, sus aullidos. Su marido, la ventana, la micro, la amenaza, el bus. Afuera Santiago es una ciudad que bulle y aquí Osorno, un pueblo frío en descomposición.



María, Magdalena y Yo

Nunca supe exactamente cuando me pegué el Sida, siempre he pensado que esa cuestión la inventaron los Yanquis para reducir la población mundial, es que nunca había existido en la historia de la humanidad esa enfermedad, y que justo ahora, cuando hay sobrepoblación en el mundo, aparece esa hueva, yo no lo creo, no creo que sea una lesera traída del espacio exterior, ni que sea una enfermedad adquirida de los monos, esa hueva la inventaron los estadounidenses igual como inventaron la bomba atómica y el Ántrax.

Bueno, la verdad es que cuando me enteré de que estaba enferma, casi ni me asombré. Siempre tuve miedo de tener la enfermedad esa, por la vida que había llevado, hasta aquel día en que llegaron los exámenes. Ese fue un día terrible, pasaron otras cosas bastante horrendas en el dormitorio, como cuando la Magda mató a la Paty por celos, la mató con un cuchillo de un tajo en la garganta, su muerte fue rápida y violenta, la María se puso a gritar y yo traté de retener la sangre de la Paty, pero no pude hacer nada. Ella se desangró en el acto. El resto ya es historia, entraron los pacos, nos cagaron a patadas y se llevaron a la Magda, quien estuvo un mes castigada en el calabozo oscuro.
Como decía ese día fue terrible, porque pasaron cosas peculiares en el dormitorio, pero el día que trajeron los exámenes estuvimos todas calladas, todas nos miramos a los ojos, una a una, pero nadie supo que decir. Yo me fui a mi cama y lloré. Lloré como nunca había llorado, con ese llanto silencioso de cuando una no quiere que la escuchen, pero que en el fondo te hace peor. Escribí cartas a Dios y a mi madre, bueno casi no me enojé tanto en comparación a la Magda, ella en cambio trató de suicidarse. Estaba fuera de sí, tomó un cuchillo, tal vez el mismo con que mató a la Paty y se cortó las venas. La María llamó a los pacos quienes llegaron rápido y la llevaron a la enfermería y los médicos la recuperaron, estuvo bien mal pero no se murió.

Cuando la Magda volvió dijo que ahora sí estaría dispuesta a hacerlo, ella nunca tuvo miedo de nada. Nos propuso que lo hagamos todas, que un día en especial nos pongamos a trabajar y lo hagamos. Fijamos un día, el 21 de junio, justo en el solsticio de invierno que también es la noche de San Juan, esa sería la mejor noche según la Magda.

La María no quería seguir el juego de la Magda, contó que cuando estuvo en libertad un amigo de ella se había vuelto loco haciendo esa lesera. Que un día luego de haberlo hecho con unos amigos, entró a una iglesia y mató al sacadote gritando que lo ayuden, que tenía al Innombrable adentro. Nunca más supo la María de él, cuando preguntó a los familiares que había pasado con su amigo, le cerraron la puerta en la cara. Contó que la madre de su amigo le dijo; ¡Ándate conche tu madre! ¡tu metiste a mi hijo en esa vida, él era bien hombre y tu lo cagaste! Cuando nos contó eso la María estaba muy triste. Muchos deben creer que una se prostituye porque le gusta la hueva esa, pero la verdad es que todas lo hacemos por necesidad.

A la María la volvieron a agarrar en el barrio Suecia y como no tenía plata para un abogado, volvió aquí, al dormitorio cinco, se convirtió en evangélica y predicaba con los canutos la palabra de Dios, aunque nosotras con la Magda sabíamos que esa hueva era para puro aparentar, que en el fondo a la María igual le gustaba el hueveo. Luego que llegaron los exámenes, los pacos no querían ni entrar al dormitorio, tenía miedo hasta de mirarnos.
Una noche nos allanaron y nos llevaron a otro dormitorio, uno especial donde estaban todos los internos que tienen Sida. Yo no me resistí, estaba acostumbrada ya a que me discriminen, pero a la Magda le pegaron hasta cansarse, porque le encontraron un punzón debajo de su colchón.

Yo me llevé mi crucifijo y la Magda esa noche me dijo que si no lo escondía, me lo iba a romper, que si tenía un crucifijo El Innombrable no vendría. En el dormitorio nuevo había diez huevones más.

-¡Llegaron las minas!- dijo un huevón que creía que por ser ladrón la llevaba en la cana. Cuando nos llevaron a nosotras, nos acomodamos en la misma litera, la Magda abajo, la María al medio y yo arriba, como soy la más chica no me importó. El mismo huevón dijo; -¡Por fin voy a escuchar una mina quejarse, hace tiempo que no escuchaba una!- y los demás se rieron, porque en la cana los ladrones mandan, los asesinos siguen en jerarquía, los traficantes están de lado y los violadores o violetas son la escoria.

-¡Tu no nos tocai reculiao!- dijo la Magda mostrando sus heridas de la golpiza al ladrón, sabiendo que siendo más chora que él, nadie la molestaría. Él se sentó al final del dormitorio con un viejo y un flaco a tomar mate y jugar a las cartas, mientras se reían.

Esa noche la María y la Magda durmieron juntas y movieron harto la litera, la Magda era celosa y siempre quería dormir con alguien, la noche siguiente me tocaría a mí. Ya no me importaba, total todas estábamos enfermas. La oscuridad se veía cruzada por la luz que entraba por la ventana con barrotes. Hacía bastante tiempo que no pasaba la noche en vela, mientras recordaba mi primera noche en la cárcel, recuerdo que la Magda fue la primera en hablarme cuando entré al dormitorio, se acercó y me hizo un cariño en la cara.

-No tengai miedo- me dijo, insistió que confíe en ella, que ella mandaba aquí. Esa primera noche se metió en mi cama con un punzón, los hacía con los fierros de las sillas, esos que van abajo como rejas, tal ves para que un huevón con más suerte que yo deje sus cuadernos… Me apretó bien la boca y me mostró el punzón, me dijo que si gritaba me mataba, me bajó los calzones y me hizo suya. Odié a la Magda, pero con el tiempo me acostumbré, nunca me pasó nada porque ella me protegía, incluso cuando mató a la Paty lo hizo por mí, porque se dio cuenta que la Paty quería acostarse conmigo y cuando le preguntó que si había pasado algo entre nosotras, la Paty le contó, ese fue su error, le contó que un día cuando los pacos castigaron a la Magda en el calabozo, ella se fue a acostar conmigo y me obligó a que lo hiciéramos, la Magda sabía que yo no le sería infiel al igual que no lo sería la María, sabía que la culpa era de la Paty y por eso la mató.

-¿Pa’que chucha lo hiciste?- le dije,-¡Ahora te van a cagar y te van a condenar a perpetua y no vas a salir nunca de esta cana culia!-

-¡Y pa’que mierda querís que salga?-dijo- Si cuando una sale de esta mierda, de lo único que se puede trabajar es de puta, de que huea queris que trabaje si hasta en la farmacia los huevones no te quieren atender por miedo a tocarte, creen que hasta las moneas los van a contagiar, cuando una les pasa una receta te miran con lástima y a mi nadie me tiene lástima…- Y me hizo recordar que a ella no le daba pena nadie, porque afuera todos sabían que tenía Sida, aunque la Magda nunca se había hecho los exámenes antes, todos sabían que ella estaba enferma, porque vivió con un peluquero que trabajaba en el edificio Caracol y que murió de Sida. Estaba bien cagado el peluquero que era el amante de la Magda, porque más encima era adicto a la pasta, así que se consumió rápidamente, luego la Magda tuvo que salir a trabajar a la calle y los pacos la pescaron y cayó a la cana. El resto es ya conocido.

Cuando llegó ese maldito día, que coincide con el año nuevo mapuche, si que yo estaba nerviosa, los del dormitorio se burlaban de nosotras y no entendían para que estábamos juntando velas y teníamos tapada la ventana del baño con sábanas negras.
-¡Estas maracas están hueonas!- dijo uno, nosotras nos encerramos en el baño y pusimos las velas, nos maquillamos y nos peinamos para la ocasión.
-¡Esta es la noche chiquillas!- dijo la Magda y puso un cuchillo sobre la mesa de tres patas, nos sentamos y ubicamos el lavatorio en el centro, afuera llovía a chuzos y justo a las doce encendimos las velas. La Magda prendió un pito y nos volamos, hacía mucho frío, tanto que su aliento se veía cuando ella hablaba, nos tomamos de las manos y comenzamos el rito. La Magda decía algo de la liturgia y cosas que yo no comprendía, tuve miedo, quería orinar pero no me atreví a interrumpirla.

-¡Preséntate a nosotras, señor de la oscuridad!- decía y su cara se le iluminaba con las velas, se veía linda ella, con sus pelos largos y su vestido negro que se había hecho para la ocasión, la María me miraba y estaba tan asustada como yo, pediríamos por un mejor destino, para que él nos ayude con su infinito poder para salir de aquí y nos pudiéramos ir a otra ciudad, donde no nos conozcan y terminar nuestras vidas juntas, enfrentar la enfermedad con dignidad y no en la cana.

-¡Aquí estamos tus siervas y queremos que nos ayudes!- seguía diciendo ella, entonces una brisa apagó las velas de la mesa y el miedo hizo orinarme en la ropa, el sonido del líquido corriendo hasta el suelo no detuvo a la Magda, que dijo que deberíamos cortarnos y mezclar nuestra sangre para sellar el pacto. Tomó la mano de la María y le cortó la yema de un dedo y depositó su sangre en el lavatorio, luego se cortó ella y dejó caer las gotas en agua, pude ver como se mezclaba con la sangre de la María, luego tomó mi mano derecha y la acercó al lavatorio y trató de cortarme, yo no quise, sentí miedo y quité mi mano, ahora creo que hubiera sido mejor dejar que me corte, la Magda se enojó y me abofeteó, me gritó -¡Maraca de mierda!-, y yo corrí, salí del baño y choqué con un hombre grande, no pude ver bien en la oscuridad y al principio no le reconocí, era alto y maceteado, los botones de su chaqueta brillaron, olió y dijo;

-¡Estos maricones están fumando hierba!- entraron otros pacos y al ver que habían velas y que llevábamos vestidos nos pegaron, botaron el lavatorio, la Magda se levantó y amenazó al otro paco con el cuchillo. Un paco agarró a la María y el sargento me agarró, quedó solo el paco frente a la Magda, quien se abalanzó contra él, el paco la esquivó de un golpe con su garrote y la botó al piso. En eso la Magda se cortó en la muñeca y se enterró el cuchillo en el estomago, el sargento le gritó al paco que no la toque, que no se ensucie las manos con la sangre de estos travestís sidientos.

Acerca de la María supe que se murió en la misma cana unos años después de aquella noche. Como les dije, nunca supe exactamente cuando me pegué el Sida y creo que está demás calentarse la cabeza recordando eso ahora que estoy muriendo aquí en el sur, en la casa de mi familia de donde nunca debí de haber salido.

Prólogo de Cuaderno de Santiago

Prólogo.


El libro Cuaderno de Santiago es la materialización de varias experiencias de vida en torno a aquella ciudad, ya sea dentro o fuera de ella, como elemento de alteridad en el sentir. Para explicar este sentimiento hacia la ciudad fundada por Valdivia en el valle entre los dos brazos del río Mapocho, que ahora es uno, se puede hablar del significado que tiene para mí. Es importante explicar este significado por que, hay que hacer notar que yo naci en Melipulli y actualmente vivo en Osorno, que son otros significados y otros significantes. Pero la ciudad de Santiago me ha marcado profundamente, regalándome grandes amigos, o permitir conocerme mejor cuando entraba y salía de los cafés con piernas y otras experiencias enriquecedoras, al punto de sentir Santiago como la materialización del postmodernismo arquitectónico, imaginado en mi mente cuando yo solo era un joven provinciano. Este postmodernismo que antes era poco menos que idolatrado, hoy no es despreciado porque que a veces, surge en mi ganas de ir a la ciudad, pero siempre que me aburre el ruido, provoca el impulso de escapar al sur a tomar agua de la llave y respirar aire con aroma a tierra y no con olor a humo de bencina. Aun así la ciudad de Santiago significa muchas otras cosas, recordando que en ella vive mi sangre en las venas de mi primo que también es mi amigo.

Este libro entonces, es un registro de aquellos significados, que vienen a transformarse en obra literaria. Es curioso que aquellos significados se manifiesten de diversas formas, como el microcuento o el poema libre, pero no por eso no es interesante. No sabría decir porque un sentimiento o una idea se materializan de tal o cual forma y no pretendo hacerlo aquí. Eso quede para los estudiantes de la estética de las ideas. Yo solo quiero en este prólogo explicar el proceso de porqué una ciudad se transforma en material infinito de creación y decir que es por sus significantes. Todo es ficción, pero toda ficción toma algo de lo real, así Cuaderno de Santiago tiene primero el elemento del Metro. Ese tren que viaja por debajo del suelo y que transporta a una velocidad inusual para un humano, cambiando completamente la percepción del tiempo y del espacio. Esa percepción es interesante de materializar en una obra de arte, ya que es un mensaje que puede decodificar otro, sea un receptor erudito o no. Lo importante es que puede tener una percepción parecida y en ese momento se logra la afinidad con el autor y es cuando la obra de arte sirve como medio, enriqueciéndola aun más en sus significados culturales. Aquí Cuaderno de Santiago muestra el momento culmine del posmodernismo urbano, representado en el Metro, logrando que una persona viaje a través de él en la lectura Subway to Heaven. Cuento extraño, configurado en tres partes en la misma situación, (llendo al cielo) pero con tres maestros difentes cada ves, quienes son Freddie Mercury, Kurt Cobain y John Lennon, los tres muertos en circunstancias controvertidas, ya sea Sida, Suicidio u Homicidio por un fan.

También en Cuaderno de Santiago hay personajes como los travestís del cerro Santa Lucia o de la cárcel, que están enfermos de Sida. Así, se puede encontrar en este bosquejo, no todos los significados que pueda tener una ciudad, pero algunos que han sido más aradores para mi.

El poema Quepe, Tren viejo esta aquí por que yo quiero o porque estando en Santiago me quiero puro subir a un tren y venirme pal sur, como quería Jorge González. En Cuaderno de Santiago hay por primera vez en mi obra una alusión a mi madre como referente del hablante lírico. Es porque en mis años de vida allá, como en ninguna otra parte, me he sentido huérfano y cuando pienso allá en ella, imagino contarle las cosas que me han llamado la atención, como persona nacida en otro lugar, además mi madre comparte conmigo esa admiración por esa construcción humana, monstruosa y virtuosa que es la capital de este Chile que funciona como un fundo.

Recuerdo haber leído el cuento La Noche de las fogatas, para un 11 de septiembre del 2003, en una Aula Magna llena en el campus Chuyaca de la Universidad de los Lagos, cuando se cumplieron 30 años de la muerte de Salvador Allende. Además este cuento esta publicado, en el libro “Cuentos prematuros y poemas con espinas”. Este cuento está específicamente descrito en su imaginario en la esquina de General Velásquez y Américo Vespucio, en la comuna de Lo Espejo, cuando pasé por ahí una noche de fogatas un 11 de Septiembre y estuve encerrado en una compañía de bomberos hasta que amaneció. Es que Santiago también es la materialización de aquella historia que nos atraviesa a todos, como nos atraviesan las flechas de Pelantaro y las risas de Anganamon. En fin, Cuaderno de Santiago es un libro único, que sino te provoca algo, es porque tu espíritu aun no ha vuelto. Y aquí termino porque ya terminó la canción que estoy escuchando y eso puede ser una señal como decia ella.

Piernas

Renuncia

Gonzalo Rojas,
esto es lo que se ama…

A mi también me gustaríatirármelas a todas,
viejas y pendejas,
con ligas negras
y calzones con florcitas.

También me vuelven loco
por las calles,
se me van los ojos,
en Teatinos,
en Huérfanos,
con sus taquitosy falditas...
Me meto en los cafés
y no les hablo.
Solo las admiro caminar...

Me gustaría que todas las mujeres,
forniquen con todas las mujeres,
y los hombres.
Que hagan orgías
en la Alameda,
en cualquier parte....

Y renuncio,
eternamente,
a eso que dijiste del paraíso,
eso, ser de una sola hembra...



Ángel Eléctrico.

El Ángel Eléctrico esta de pie,
fumando una pipa de agua,
junto a su hongo en América,
haciendo música de platillo y bajos,
secuencias y guitarras.

Siempre viene,
y trae sonidos nuevos,
de tubas y bombos,
con tambores y percusiones obscuras...

El Ángel Eléctrico toca un violín,
que esta hecho con polvo de estrellas,
carbono, hidrógeno y oxigeno,
y cuando lo toca,
ella se recuerda de él en otro lado.

El le escribe poemas largos,
como sus piernas,
con muchas cosas ocultas.

Yo me entretengo imaginándolas,
y el Ángel Eléctrico no me ve,
pero ella siempre piensa en él.

El Ángel Eléctrico vino,
y miró con sus ojos rojos,
me dijo que confíe en su música...





Serpiente de Fuego

Tú que vuelas sin alas
y amas con celo.
Impulsiva.

Ven y muérdeme con tus colmillos,
e inyéctame de tu veneno.

Apriétame con fuerza pétrea,
quémame con tus pupilas dilatadas.

Márcame con tus escamas doradas
y tu lengua bífida,
reptil sedienta.
Atrápamey déjame pensando en ti.

Embriágame con tus jugos.
Digiéreme lentamente,
como si dispusieras,
todo el tiempo del universo.

Golpéame con fuerza de Marte.
Prepárate para nuestra guerra,
caliente en la camay deseo ardiendo.
Hipnotízame,
con el susurro sensualde tu Cascabel
y muéstrame
tus tatuajes de Cobra.

Arráncame el sueño,
antes que yo,
sediento de tu entrepierna,
sea más rápidode mente y movimiento,
te muerda,
en tu templo,
antes que tus reflejos
y haga hervir tu sangre fría.
Te posea con mi fuego
y seas mía
hasta los huesos...






Déjame bajar

Déjame bajar,
en el remolino húmedo.
Dentro,
en el principio,
hasta el momento
que nace,
uno
de tus pétalos.
Déjame ser abeja
que trae polena tu huerto.

Deja posarme en ti
hasta perderme
en tus pistilos,tus estambres.

Déjame atrapado,
déjame enredado.
Pero no me dejes al viento,
que no me lleve la marea...
Déjame circulando,
déjame despierto,
en espiral,
no muerto.

Cíclope

¿Por qué amaneces siempre de pie?
¿Por qué no la dejas tranquila?
¿Por qué eres tan sucio
y la escupes y la pinchas?
¿Por qué no ocupastu cabeza en otra cosa?
¿Por qué no te sosiegasde una vez?
Cíclope hambriento,
cogote de pollo,
hijo de la vieja retamborea...







Muñeca de Seda

Piernas largasde seda blanca,
tan suaves y húmedas,
que eres irresistible no besar.
Aún al saber que no eres para comerte saboreo,
espléndido cóctelde aroma brillante.
Necesito oírte gemir en mi oído.

Atravesada,
mi lanza no ira tan allá,
sino se quedará
en el estrechoexpectante,
esperando a que explotes,
y digas mi nombre a gritos;
¡Javier!
¡Javier!
¡Javier!

Y tus palabras
sirvan
para despertar las estrellas,
y borrar las cicatrices,
como si fuera crema.
Aquellas marcas,
de heridas distantes,
titilantes,
inofensivas.
Y tú seas
la prolongación de mi calor,
tú mi cueva,
mi muñeca de seda...




Ciudad

Tomo el Metro,
bajo en Las Rejas,
camino a su departamento.

Ella esta enferma (de rica)
llego y esta en toallas,
escuchando The Doors.

Sus piernas húmedas,
mojadas
y morenas,
se abren,
puedo oler su resplandor.

Afuera Santiago
es una ciudad que bulle,
y aquí Osorno
es un pueblo muerto.






Vicio

Onanismo canábico.
Me preguntas por que hago esto,
y digo;“Porque una mente no me basta,
y no me basta conmigo”.
Quiero entrar
bien adentro de tu universo,
encontrar
lo más secreto de tu pensamiento.

No me preguntes como lo hago,
porque esto es privado.
Solo mírame,escúchame cantar,
y siente.
Sostén mi bastón
muy fuerte,
estira tus piernas ricas
en mi mente.
¡Gime!
Que la eternidad
esta a punto de explotar,
derramarse sobre tu vientre,
y entre tus piernas suaves,
pegajosay abundante,
como mar.



Veo

Serpientes blancas
enredadas en su nido,
húmedas y suaves,
como si fueran Boas o Anacondas.

Unidas por un tronco común,
dotado de exuberantes valles,
y cavernas habitadas por amazonas desnudas.
De fondo...un par de montañas
ricas en calcio y fósforo,
con un sol de ojos lascivos,
que quieren ver el paisaje...



Liturgia

Aún todos los díasrenaceré como hoy.
Entre mi sangrey los cuchillos,
abrirán el pacto de fuego.
Para hacer en tu cuerpo,
mujer
un nuevo trato,
una comunión,
un exorcismo.
Para dejar atrás,
aquellos cuerpos muertos,
fríos,
que se abran
a otra piernasy otras felaciones.

Lee esta última estrofa,
como himno de alabanza;
“En tu cuerpo hija de Dios,
yo me desnudo
y mi carne ardiente,
penetrara tu Cáliz,
para hacer con tu cuerpo
y mi cuerpo
la impura alianza
nueva y eterna,
entre mi prolongación vigorosa
y tu cuerpo
erguido al cielo.
Escuchando tus gritos,
tus gemidos,
como aullidos de lobos
insaciables que somos...”

¡A Dionisio!
¡A Venus!
Luego,
cambiaré mi piel de serpiente
y como digo,
renaceré
ante la mirada azul de mi destino,
de mi otro circulo de fuego,
que ya esta girando.







Conjuro

Cuerpo desnudo,
penumbra entre las sábanas,
tu secreto era solo mío y
ya no lo es.

Golpeando y golpeando
a tu canto,
puerta que se abre.

(Y no me olvido que ella debe ser
el ángel de la profecía.

Aquel conjurado hace siglos
en los bosques de Nahuel Huapi.
Ella cantaba y ahora la escucho)

¿Como pronunciarte
sin que duela hasta a los huesos?

Tu voz deber ser;
Pura como el cristal,
fina como la sal,
y tus gemidos
el nuevo sonido de mi nombre...

¿Como pronunciarte?
Sin que la carne se desgarre
y duela el frío
y la lluvia extrañe.

Ángel en la cama,
imagino que estas por venir…

Conjuro,
en esa isla brumosa,
años antes que nacieras,
así,
hermosa.

¡Yo te pedí!

Te llame a los aires,
con mis canciones,
te pedí a las viejas Machis,
entre los brujos.

Eres lo que necesito
para escribir…











Obsesión

Sobre ella escribo,
pasado enfermo.

Los versos se me caen.

¿Cómo escribir los versos del futuro?

Estos,
hablan sobre lo mío,
el futuro es mío,
el pasado,
el presente
y de nadie más.

Versos para ella,
porque me vuelve exquisito,
recojo los versos que se caen
y los regalo,
para sanar…



Gótica

Me siento en la ventana
y escribo símbolos.

Ella en otra parte
se viste de negro,
maquilla sus labios de negro,
sus uñas,
su pelo negro.

Quiere ser tan obscura
como la sombra,
y bebe un vaso de sangre.

Ella no es gótica porque se vista,
es gótica en su corazón.

Y cuando viene;
Me chupa todo,
me deja seco,
arrugado.

Extrañando en la ventana,
sus medias negras,
sus pezones duros
y su calzón.







Virgen

Mi Cíclope
apretado,
quería explotar.

Tú, de cuatro
gritabas al viento
a punto
de acabar.

La luz a media luz
mostraba tu enorme trasero,
larga espalda,
hermoso cabello.

Y cuando vino el orgasmo,
fue como un tren que descarrila.

Como un camión
que entra en la pequeña cueva.

Sentí un espasmo,
delirio de morbosidades,
aferrado a ti.

Fue como eyacular tripas.
Había entrado
a otra parte.

Como si con acido
me abrieras en dos.

Las sabanas,
puños,
pezones duros.
Pensé que había
eyaculado sangre.

Los coágulos caían en la cama,
la sangre manchaba mis manos,
y tu carne.

Después supe,
que mi delito
fue matar la virgen,
y que tu velo
se había roto,
más adentro,
donde solo yo
entro.







Celos

Porque lo mío,
no es de otros.
Si quieres ser de otros
que lo seas,
entonces,
ya no eres mi canción.
Porque lo mío, es mío.
No tengo necesidad,
de andar de flor en flor.

Yo no soy de aire,
soy de fuego.
El fuego quema,
y para las cenizas,
no hay perdón.
No soy de agua tampoco,
no ando de boca en boca,
ni de cama en cama.

No necesito un glisando,
para interpretar mi melodía del amor.
Soy celoso por naturaleza,
los celos me carcomen,
como las termitas al caserón.

Me entran por los ojos,
por los oídos,recorren mi cuerpo,
irritan mis nervios con dolor.
Lo mío, no lo comparto,
en la cama;
“No soy comunista,ni esquimal”.

No quiero que tus piernas,
se abran a otras fiebres.
Ni que otros nombres,
figuren en tu corazón.
Mas, si esto te incomoda,
si tus instintos,
son más calientes
que tu razón.
No me culpes de celoso,
o inseguro.
Olvídame,búscate otros mejores.
Se de otros,
que otros te bajen los calores...








Medias Negras

Sacate la ropa
y dejate las medias,
esas medias negras
suaves,
que llegan
hasta la mitad de tu pierna.

Ponte esos taquitos
y desnudate completa.
Aprovecha que mis nervios,
estan apunto de explotar
y tus hormonas,
eficas
afrodiciaco nocturno.

Juguemos que somos uno,
en varias posiciones
lunares.

Corramos
sin ir más alla de mi cama.
Cabalgame
Amazonía en lluvia.

¡Gritemos!
que el mundo acaba y
yo, solo despues
que digas mi nombre.

Voy a recuperar la hombria
perdida
de aquellos maricones,
que no entiendo como
no degustan
tu húmeda femeneidad.

Yo tambien aprendi a dormir
abrasado a la luna,
en tu cintura.

Pero no resistas,
no me pidas que duerma.

La noche recien comienza y
yo,
antropófago,
te voy a devorar
hasta que salga el sol,
o se levante tu padre.

Pero sin sacarte
las medias negras,
que tú me regalaste.

Monday, December 10, 2007

Canción del Perro Sepulturero que Cantaba con sus Ojos

Escuchaba la Canción del Perro que sepultó al pescadito en la Playa de Niebla, enseñó la lección de no jugar con las personas ni los difuntos,
dijeron sus ojos; “Con la vida no se juega, ni con Manos de Muñeca”.
¡Que no se nuble Niebla en mi recuerdo cartesiano!
Aquella tarde que dejé tirado tu semblante alegre memoria triste,
noche que no debía pronunciar nombres vendidos junto al poeta Antillanka y al poeta Arcaya,
mientras se escondía Luna en Corral.
Y fui y lloré como niño mi mediocre pensamiento bajo estrellas,
mediocridad de formación, pena de ser tan pura mierda.
Perro dijo con sus ojos que respeto era lo que había perdido,
miraba en la cordillera buscando silueta de la musa que tenia tu nombre.
Y buscaba entre nubes movimiento de cometas y designios de memoria astral,
quería saber que me decían las olas con su canto y buscaba en ramas de árboles,
oráculo del destino final.
Borges busca en rayas de tigres, yo buscaba en las nubes,
arena escribían tus huellas y mis huellas de noche junto al mar caminar.
Encontré Princesas Americanas, sacrificadas para que cante mi canción,
Canción del Perro Sepulturero que enseñaba con sus ojos que el mundo tenía una conciencia escondida detrás de los animales, en sus ojos.
Que no todo estaba en la mente de los hombres,
que observe las olas y juegue en ves de odiar.
No pude escuchar tu consejo Pluma de Traile,
que no debería venir a pararme frente al Rehue a hablar de Historia como dijo el Viejo Antípoeta, que todo era Historia, Poesía, Música, Religión, Ciencia y todas las patrañas que salen de cabezas de hombres y mujeres sin imaginación.
Sino debía venir a hablar frente al Rehue la verdad que estaba en los ojos de un Perro Sepulturero y que la estructura del caos no es más que eso,
mirada de Perro Wuacho que habla y dice;
“ No juegues con cadáveres, dales sepultura,
ven y quiere a Manos de Muñeca,
no te enojes como un vendaval de viento y lluvia que arrasa con los pensamientos y envidia y no tiene compasión.
Viento y lluvia, viento y lluvia y trueno que golpea como martillo y produce grietas en piel interna de la MujerMuñeca en cárcel de vidrio”.
Vi como escondía Luna en un lugar de Niebla que más parecía un planeta extraño, música sincopada, dioses que sabían llorar en palabras dichas como canto,
que atravesaba el aire como saetas que cortan sangre y cae el aire volar.
Pero no quería tener respeto por nada, aun sintiendo culpa y vergüenza de ser un pobre martillo que cae sobre el suelo triturado en Sal.
Americanas Crucificadas con mi extremidad saturada de virus y enfermedades de transmisión mental, espiritual y policial,
creyendo en mi verdad que es más verdadera que Luna que se esconde en Niebla, pero sacrificada para que yo pueda escribir de puño y letra en el teclado negro del museo,
la Historia de los Chilotes que murieron de deseo y libertad.
Perro Sepulturero me acongojó con su mirada de desprecio y desprecio todo lo que hago y digo y supe que la Historia de la humanidad era una seguidilla de errores forzados,
estupideces por no conformarse con lo que traía la lluvia,
guerras fratricidas entre hermanos de la misma concha.
Que la verdadera Historia me decía al oído; “Abre tus piernas y déjame entrar con tanques y granadas y suelta tu pelo, extínguete y recupera el aliento para pensar como Perro, Wuilliche sin ciencia, como cuando la Cannabis se apodera de tu aliento y diamante se consume entre tus dedos y desvanece el pensamiento lineal y vuelven ideas aleatorias y vienen y van como la marea por que así es pensamiento verdadero, como mares y no como flecha ni bala que atravesó el pecho a familia de Lautaro y Pelantaro, sino en zigzag, desordenada y simbólica”.
Y no quiero ser Europeo, por eso elegí nacer americano,contarte que murmuraban las Murtas del Chaurakawuin,tiempos que venían, de humo y soledad.
Quería contarte que piensan los Canelos cuando enojan y no lo que dicen en diarios, por que no quiero vivir en este tiempo de aviones traidoras, irme a la punta del cerro Otto a escuchar el pensamiento de las Nalcas y murmurar como Murtas la invasión Corsaria, Española, Alemana, sucia Europea, pensamiento lineal.
Así, evadirme y pensar como piensan los Alisios,roncar como el Calbuco,
para al final escribir el mejor poema y sabérlo de memoria para no escribirlo en realidad,
porque para ser un verdadero vate y no ser Peota,
debo saber de memoria todo lo que tengo que decir al viento,
y para eso vine a escuchar la Canción del Perro que cantaba con su mirada,
para hacerle una tumba al pescadito que encontré botado y que tenia una extraña boca.
No es que los Perros sepulten cosas,
vi en sus ojos lo confundido que yo estaba, lo torpe que me hicieron y crecieron,
lo lúcido, simple, básico y normal que estaba cuando nací.

Saturday, December 09, 2006

Caramelo.



Sueño momento del infinito.

Simulacro en mi mente, besos y deseos.

¿Como obtener llama en tu cuerpo?

¿Dormir contigo, fuego del desierto?

Si miras con tus colores de rainbow.

Voy a cortar estrella de mar que cuelga de tu boca.

Comer tu caramelo.

A veces sueño ese momento

entre tu piel y me hago eterno.

Danza para mí.



Sombras de fuego consumen almas parecidas.

¿Vas a estar aquí cuando vuelva del bosque?

Quiero traer una flor con tus ojos,
libros y cuadernos escritos,
permanecer en el tiempo que me diste.

Viendo pasar las gaviotas
agua salada,
verde entre el café y el negro.

Siempre supe que iba a enloquecer
por la danza curvilínea en ballet y cama.

¿Vas a bailar para mí, cuando regale tu nombre?


Del libro "Piernas".