Persus Diógenes Nibaes Morrizon, Antipoeta, Cuentista, Novelista.

Thursday, January 24, 2008

Chiloé, capítulo IV "En el Barco de Brouwer".

Brouwer llamó a los almirantes de las otras naves, a un consejo en su despacho sobre la parte trasera de su fragata llamada Ámsterdam en que venia él, desde el puerto de Pernambuco en Brasil, donde el príncipe Mauricio de Nassau reinaba para colonia de la corona Holandesa.

Habían zarpado el día 15 de Enero del año 1643 a esta empresa que el mismo había preparado. Aun su avanzada edad y las múltiples aventuras que había vivido en Asia, no diezmaban su carácter, fuerte e intrépido, temerario y obstinado, Hendrick Brouwer era un ejemplo para los almirantes más jóvenes y un temor para sus no siempre fieles marineros.

-Pasen. –dijo Brouwer, entrando Herckmans y los demás almirantes.

-En esta tierra hace un frío que puede ser peligroso. –dijo Herckmans, parándose frente a la estufa a leña que el almirante tenia en medio de su despacho. Desde lo alto del puente de mando, se podía ver a las otras fragatas de la escuadra que acompañaban a Brouwer en esta misión. Más allá, las tierras nevadas, solo mostraban arbustos torcidos y árboles pequeños, torcidos también por los incesantes vientos. Aun pudiendo haber pasado por el Estrecho de Magallanes hacia el océano Pacífico, Brouwer en una demostración más de su temeridad, continuó navegando hacia el sur por el Atlántico y llegó hasta el final de la Tierra del Fuego, la isla que se creía, era la más austral del mundo. Cruzaron por el Estrecho de Lemaire que hoy es conocido como Canal Beagle y un fuerte temporal los empujó hasta más al sur todavía, de lo que ellos pretendían ir. Era un océano nuevo el que habían visto, lleno de témpanos y peligrosos iceberg que flotaban a la deriva. Así, descubrieron estos marinos holandeses que la tierra que estaba más allá del Estrecho de Lemaire, no era un continente como lo creyera Mercator en su Teoría de la Correspondencia de los Hemisferios, sino eran solo unas islas, llamada Islas de los Estados. Ni en lo peor del la tempestad, su imaginación les pudo alcanzar, siquiera a mostrar lo que había más al sur de esas islas. La monstruosidad hecha témpano, la eternidad hecha nieve, el continente antártico estaba unos cuantos grados más al sur, pero ellos no imaginaban esta mole de hielo, que se revelaría mucho tiempo después y que seria el infierno y la tumba para muchos exploradores, más intrépidos y temerarios que ellos. En este sur profundo, que es pura tempestad y frío constante, Brouwer y sus marinos salvaron la peor furia de la tormenta y comenzaron su viaje ahora hacia el norte, en busca de las islas de Chiloé y del puerto de Valdivia. Pero antes era necesario dejar algunas cosas en claro…

-No voy a soportar más un amotinamiento de ningún baboso. Dijo Brouwer golpeando la mesa y sacudiendo en el piso los mapas que otros expedicionarios habían dibujado años atrás.

-¡Pero mi señor, la tripulación esta enfermando y nadie quiere seguir con esta empresa! –Dijo Herckmans en actitud conciliadora, recogiendo los vasos y las plumas que habían caído con el golpe del almirante.

-¿Y que quieren, volver a Pernambuco y yo sufra la vergüenza, por culpa de unos jetones que tienen frió? ¿Piensan que yo voy a volver? Ni muerto vuelvo a Pernambuco, ni menos a Holanda ¿Me escuchaste poeta? ¡Yo Hendrick Brouwer, conquistador y gobernador de las Asias, no me voy a dejar ganar por unos días helados! ¡Qué bajen a la costa a buscar leña y que se ocupen en algo estos holgazanes! ¡Ya los quiero ver, luchando contra los araukoes, que dicen en todos los mares, son los guerreros más valientes que hay! ¡Como no me voy a enojar, si estos niños tienen miedo del frío y quieren enfrentar a esos guerreros formidables! ¡Que venga uno y me diga en mi cara que se quiere volver a Pernambuco, que aquí mismo lo revuelco por el piso de la fragata! –dijo, tosiendo y mostrando señales de un resfrío.

-Señor lo que pasa, es que los marineros están acostumbrados al clima del Brasil y nadie había pasado tanto frío como aquí. -dijo Crispijnsen que era el almirante de la fragata Concordia.

-Bueno que se aguanten, ya salimos del Atlántico y que tengan valentía, porque el Pacifico solo tiene ese nombre, para reírse de los hombres y de aquí en más, ya ira pasando el frío, a medida que nos acerquemos a Chiloé. Ya quiero llegar allá y batirme con algún español católico y cobarde o con algún indio de esos de las leyendas, que les destruyeron siete ciudades a los españoles maricones. Quiero conocer la descendencia de ese indio Pelantaru, a ver si son tan valientes como este viejo del mar. –dijo tosiendo nuevamente.

-Señor, su salud esta cada día peor y creo que usted debería guardar cama y cuidarse de estas temperaturas. -dijo Herckmans que era el único que se atrevía siquiera a aconsejar a Brouwer.

-¿Guardar cama? ¡Yo no voy a guardar cama! Como esos marinos maricones de tu yate, esto solo es un resfriado y te repito poeta. ¡Yo no voy a abandonar esta misión, aun lo pague con mi vida! Voy a destruir Chiloé hasta la última casa y voy a levantar un fuerte en Valdivia, así sea lo tenga que levantar solo. Y si muero poeta, tú vas a enterrar mis huesos en Valdivia, aunque eso te cueste la vida. ¿Me escuchaste? Ni muerto vuelvo a Holanda, porque yo no soy de esa tierra, yo soy un viejo del mar y quiero que mis huesos estén lo más lejos de donde nací, para que las historias me recuerden por mi valentía y coraje y no por mearme en los pantalones como esos españoles católicos que parecen señoritas. Ahora poeta, júrame que vas a cumplir con lo que te estoy pidiendo.

-Pero señor, lo que me pide es muy temerario…

-¿Tienes miedo, poeta?

-No señor.

-Quieres que tu amigo el pintor ese…

-Rembrandt.

-Ese mismo. ¿Se sienta orgulloso de ti o se avergüence de tu cobardía?

-Se sienta orgulloso de mi, como se siente orgulloso que usted sea Holandés señor.

-Entonces si yo muero poeta, tú te tomas Valdivia y sepultas mis huesos en frente del Pacífico. Quiero estar por la eternidad delante del océano más grande y no cerca de una laguna de patos. ¿Entendiste? Quiero enfrentarme siempre con el más grande y temido. No con el más débil y cobarde.

-Si señor, esta bien, si nuestra majestad confía en mi persona y tenemos el infortunio de que su persona ya no este con nosotros, juro por mi honor que destruiré Chiloé y me tomare Valdivia. –dijo Herckmans, ahora con orgullo frente a su almirante general, que aunque un poco enfermo, todavía mostraba la energía de sus mejores años de corsario.

-Señor, aquí traigo al marino que se amotinó en la fragata Delfín. –dijo uno de los marinos que traían al puente de mando, amarrado, aquel que se había revelado.

-¿Así que este es el gusano? –dijo Brouwer parándose delante del marino que estaba amarrado en el suelo. ¡Suéltenlo! Que se pare como hombre frente a mí y me diga que es lo que piensa. –y al momento que dijo esto, los marinos que traían al sujeto, lo liberaron de las amarras que tenía en las manos. Este se paró y con los ojos llenos de rabia, miro un momento al almirante pero no pudo mantener la vista, agachó la cabeza y se resignó a lo que venia.

-¿Así que tú eres el que esta amotinando a mis marinos? -preguntó Brouwer, tomando al costado de su cintura su mosquete, pero sin desenvainarlo. El marino avergonzado y temeroso no dijo nada. ¡Habla ahora cobarde! ¿O ya no tienes lengua? Aquí te da miedo hablar en la cara del tu almirante, cuando allá quizás que cosas decías en contra mía.

-Nada he dicho en contra suya, mi señor. –dijo por fin el marino.

-¿Entonces que es lo que has dicho, que tu almirante Crispijnsen te ha acusado de querer armar una motín en mi flota?

-Lo que quiero señor, es volver a Pernambuco para sanarme de este resfrío que tengo y que no me deja pensar bien. Tengo fiebre y dolor de cabeza. Este clima me está matando. -y al decir eso, hizo enojar aun más a Brouwer. Entonces éste, sacando su mosquete lo colocó en el cuello del marino desertor.

-¿Ves este mosquete hijo?

-Si señor.

-¿Sabes a cuantos Hindúes maté con el?

-¿No señor, pero se cuenta que fueron muchos?

-¿Quien te ha contado eso?

-Los marinos señor, cuando estamos de juerga, los que estuvieron con usted en Asia, cuentan que usted fue el más valiente de todos y que siempre era el primero en desembarcar y el primero en saltar al abordaje del enemigo.

-¿Y sabes que te puedo cortar la cabeza ahora mismo por tu cobardía?

-Si señor, pero le ruego que me deje vivir, se lo suplico.

-¿Quieres tu vida, más que nuestra empresa? Como se nota que no tienes idea de lo que estamos haciendo. ¿Y piensas que tú vas a hacer que yo no cometa mi objetivo? ¿Piensas que con ese espíritu Holanda llegó a ser lo que es? ¿Con esa hombría vas luchar contra los católicos o contra los temibles araukoes? –dijo Brouwer, mientras el marino miraba al suelo en silencio y caían lágrimas de su rostro. Brouwer guardó su mosquete y dijo; ¡No quiero cobardes en mi flota! Este baboso se baja ahora de esta fragata y un bote lo deja ahora mismo en la costa de Tierra del Fuego. ¡A ver si los indios se lo comen o lo repugnan por cobarde! -y en el momento que dijo eso, los marinos lo sacaron del despacho y lo amarraron nuevamente. Lo bajaron y lo subieron a un bote con una ración de vino y otra de pan. Cuando se cerró la puerta Brouwer dijo;

-Señores, ordenen los planos y olviden este episodio, ese cobarde ya no pertenece a nuestra flota y esto que sirva de escarmiento para toda la tripulación. Aquí el cobarde se va. Los reuní para hablar del objeto de este consejo, es para dejar bien en claro los motivos de nuestra misión. Porque parece, que no esta claro que es lo que vinimos a hacer al Pacífico. Primero señores, debemos tomarnos Valdivia y Chiloé, que es el último enclave español que los indios dejaron en pie, en las tierras del Reino de Chile. Segundo, debemos hacer amistad con los naturales, haciéndole regalos y presentes, incluso regalándoles armas. –tosió un poco y siguió. Tercero, debemos hacerles creer que somos sus amigos y que vinimos a ayudarlos en su lucha contra los españoles. Cuarto, debemos averiguar todo lo concerniente a los lavaderos de oro. Hay grandes yacimientos auríferos en el Reino de Chile, todos los que han venido cuentan que incluso hay ciudades que están hechas de oro, ya que los indios no lo toman como algo de valor y prefieren regalárselo al español, así que en Valdivia y sus al rededores debe haber importantes yacimientos y debemos saber su posición exacta. Quinto, debemos eliminar de las islas de Chiloé, la presencia española y debemos construir un fuerte en Valdivia, luego de haber hecho tratos con los indios del lugar. Esto es el objeto de nuestra empresa en el Reino de Chile, pero si tenemos a los naturales de nuestro lado mucho mejor. Por eso señores, tenemos que usar la táctica de los regalos e invitar a los indios a subir a nuestros yates y que se lleven lo que quieran, así nos ganaremos su confianza y una ves, que ya estemos instalados, los esclavizamos igual como lo han hecho los españoles con ellos. ¿Entendido señores?

-Si mi almirante. –dijeron todos al unísono y Brouwer agregó.

-Pero esto, es algo que ustedes deben asegurar que se mantenga en secreto, los indios no pueden saber nuestras intenciones, por que los alimentos que llevamos no nos alcanzarán para mucho tiempo, por eso debemos hacernos amigos de ellos rápidamente, como les digo con regalos, y lograr que ellos nos suministren comida mientras nosotros podamos construir nuestro fuerte en Valdivia.

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